• Caracas (Venezuela)

Adolfo Taylhardat

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Adolfo Taylhardat

¡Cállate!

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Nos tienes obstinados de tanta habladera de tonterías e insensateces. Todos los días interrumpes la paz de los venezolanos con tus malditas cadenas. Cada día inventas un nuevo cuento. ¿Has hecho un sondeo para averiguar el “rating” de tus peroratas? Seguramente no te atreves porque prefieres seguir con la ilusión de que los venezolanos somos idiotas y seguimos “pegados” del radio o de la televisión escuchando cuanta estupidez dices. Si hicieras ese sondeo te darías cuenta de que pierdes tu tiempo. La gran mayoría de los radioescuchas y televidentes apagan sus receptores porque ya no te soportan. Los afortunados que tenemos suscripción de televisión por cable, que cada día somos más, cambiamos de canal apenas anuncian una cadena o interrumpes las transmisiones regulares para no tener que “calarnos” tus disparates.

Ahora atacas a los medios televisivos y los acusas de estar involucrados en una conspiración golpista. Según tú, supuestamente los noticieros manipulan la información. Pero ¿quién es el dueño de los canales de televisión en Venezuela? ¿Y aquellos a los cuales todavía no les has puesto el guante, no están intervenidos o bajo la censura de tu odioso régimen?

Según tú, toda Venezuela está conspirando contra ti o está planeando asesinarte. Pero no solamente los venezolanos son conspiradores sino que involucras al “imperio” como sueles llamarlo. Ahora vuelves también con la fábula de los paramilitares colombianos. De esta manera pretendes envolver, sin decirlo, al vecino país en tus fantásticas acusaciones.

Desde que lanzaste tu primera denuncia de una supuesta conspiración has anunciado que vas a presentar las pruebas que aseguras tener en tu poder. “Mañana presentaré las pruebas”. “Pasado mañana mostraré las pruebas”. “Dentro de poco revelaré las pruebas”. Todo el mundo quisiera ver esas pruebas, pero ellas solamente existen en tu mente trastornada.

Pero como no hay mal que no tenga una contraparte buena, de tanto repetir las mismas mentiras, la gente no solamente no las cree, sino que no cree en ti. Cada día la imagen de bufón charlatán que proyectas se consolida más. 

En el mundo exterior tu imagen internacional, si es que alguna vez tuviste, ha desparecido totalmente y ha dado paso a llamamientos para que pongas fin a la dictadura y al proceso de destrucción del país en que estás empeñado.

Las respuestas del diario ABC a las invectivas que le dirigiste son la mejor muestra del grado de desprestigio a que has llegado. Con un fino humor pero también con justificado sarcasmo el periódico español desdeña la acusación  de que ese diario promueve una “campaña de la ultraderecha internacional y factores del imperio estadounidense contra el régimen venezolano”: “Le agradezco muy sinceramente tamaña distinción, porque nunca hasta ahora nadie nos había dedicado tan abrumadores elogios”.

Lo mismo podría decir la oposición venezolana que según el ilegítimo es capaz de movilizar recursos de todo tipo, hasta un avión para bombardear Caracas, en los supuestos planes subversivos, golpistas y magnicidas.

Quisiera efectivamente la disidencia venezolana disponer de los cuantiosos recursos financieros que requeriría una iniciativa de esa naturaleza, pero no para dedicarlos a la subversión sino para contribuir a atenuar las penurias que padece la población venezolana, especialmente la de bajos recursos, como consecuencia del desbarajuste reinante en el país.

Si algún gobierno, en algún momento, creyó la propaganda oficial que aseguraba que en Venezuela había democracia, ahora –lamentablemente tarde– se han dado cuenta de la realidad. La comunidad internacional ha comenzado a movilizarse para presionarte y hacerte entrar en razón. Algunos gobiernos de países amigos ofrecen mediar para ayudar a rescatar la democracia y las libertades en Venezuela. Todos esos ofrecimientos son bienvenidos, no porque los venezolanos no podamos resolver nuestros problemas, sino porque, como quedó demostrado en una oportunidad, el ilegítimo no tiene interés en dialogar con la oposición. Lo más probable es que cualquier intento de un gobierno extranjero de hacer entrar en razón al ilegítimo se estrellará contra el mismo muro de irracionalidad que te caracteriza.

Está claro que lo que pretendes es impedir, a como dé lugar, las elecciones parlamentarias que sabes de antemano infligirán una aplastante derrota al oficialismo. Yo diría: ni te atrevas. Los venezolanos no vamos a permitir que interfieras ni en el proceso electoral previo, ni en las elecciones mismas, y mucho menos en  los resultados.

Nuestro llamado es a los gobiernos socios de Venezuela en Mercosur y en Unasur para que activen las cláusulas democráticas promulgadas por esas organizaciones. Ya hubo una iniciativa de un grupo de parlamentarios argentinos para accionar el Protocolo de Ushuaia. Es importante que los parlamentos de los otros países miembros de Mercosur apoyen esa iniciativa y presionen a sus gobiernos para que dejen de ser indiferentes ante el desastre que se avecina en Venezuela.

Volviendo al título de este artículo, reproduzco las palabras de Erick Roa, el padre de Kluivert Roa, el muchacho asesinado por el régimen: “PRESIDENTE, NO TIENE POR QUÉ DECIR TANTAS IDIOTECES. Los venezolanos, al unísono repetimos lo que le dijo en su oportunidad el rey Juan Carlos: ‘¡POR QUÉ NO TE CALLAS!’. No nos vas a convencer de tus mentiras ni de tus fantasías de paranoico”.