• Caracas (Venezuela)

Adolfo Taylhardat

Al instante

Barack y Raúl

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Mucho se ha escrito sobre este tema desde que se supo la noticia de que los presidentes de    Estados Unidos y de Cuba habían convenido iniciar un proceso para normalización de las relaciones  bilaterales entre los dos países.

Habiendo sido el primer Embajador venezolano en La Habana cuando se reanudaron las relaciones de nuestro país con la isla no puedo dejar de exponer mi opinión sobre este nuevo hecho. Debo señalar que me tocó desempeñarme en Cuba justo en los momentos en que Cuba se convirtió en el primer país comunista de América. Mi primer año en La Habana (mi gestión como embajador allí duró cuatro años) coincidió con el “Año de la Institucionalización de la Revolución”, cuyo acontecimiento más importante fue la promulgación de la nueva Constitución, todavía vigente, elaborada con asesoramiento de constitucionalistas soviéticos. Esa Constitución implantó en Cuba una estructura de gobierno prácticamente calcada de la organización prevaleciente en la entonces Unión Soviética. Cuba estaba prácticamente entregada  la URSS, país que le daba el oxígeno (financiero, económico y comercial) que necesitaba para que pudiera resistir el embargo que le había sido impuesto. Le relación existente entre  la URSS y Cuba era prácticamente igual a la que prevalece hoy día entre Cuba y Venezuela, la de una potencia colonial sobre una dependencia colonial.

Ofrezco disculpas por este breve paréntesis personal que explica mi interés directo en el tema.

La primera reacción a los anuncios de Barack Obama y de Raúl Castro acerca del arrimo entre los dos países fue de sorpresa general. Nadie lo esperaba,  nadie sospechaba que eso podía ocurrir. Salvo quienes secretamente participaron en las negociaciones, concretamente Canadá y la Santa Sede, ni siquiera los más íntimos amigos de los protagonistas fueron informados de lo que se estaba cocinando. Muchos, comenzando por el ilegítimo, quien  de hecho es nieto de Fidel Castro, se quedaron boquiabiertos y paralizados ante el anuncio. Al parecer el New York Times sí recibió luz verde para publicar varios artículos en los cuales, sin revelar nada, dejó  entrever que algo se maquinaba entre Barack y Raúl.

Las opiniones luego del anuncio son muy variadas. Algunos analistas elogian el acuerdo entre los dos presidentes, lo califican de acontecimiento histórico, como el hecho más trascendental ocurrido en el ámbito diplomático en los últimos tiempos.

Personalmente coincido con esta posición.

Otro dicen que Obama “vendió a su país” a cambio de nada. Que los favorecidos con este acuerdo son los cubanos y que Cuba no se va a democratizar como resultado de la normalización de las relaciones recíprocas.

Considero que esta es una posición pesimista.

Opino que el anuncio de los dos presidentes no va a producir un milagro. Es apenas el primer paso en un proceso que tomará varios años antes de que se materialice el resultado definitivo. Del lado estadounidense el presidente Obama debe obtener el apoyo del congreso para las medidas que se propone emprender. Comenzando con la más importante que es la reanudación oficial de la relaciones y la designación de un embajador en La Habana. Con un Congreso dominado por la mayoría republicana no será tarea fácil. A medida que avance el proceso requerirá la aprobación de otras medidas en los ámbitos económico, comercial, financiero, de tráfico de personas, y muchos otros. Todo esto dentro de los estrechos márgenes que pudiera permitir la interpretación de la ley Helms – Burton que es, de hecho, la camisa de fuerza que manejará la oposición republicana para restringir la libertad de acción del presidente.

Una de las medidas contempladas en la eventual normalización de la relaciones de Estados Unidos con Cuba es la liberalización del acceso y del uso de la Internet. De la misma manera está contemplada la apertura del ingreso de extranjeros y la salida de cubanos hacia el exterior. Si eso ocurre, seguramente se producirán cambios profundos en ese país.

Una de las armas más efectivas con que cuentan los países comunistas es el aislamiento. La Unión Soviética mantuvo a su  población aislada del resto del mundo. En Corea del Norte el aislamiento es sumamente severo. Cuba, por ser una isla, está físicamente aislada y por ahora  solamente pueden salir de ese país los funcionarios del régimen y aquellos ciudadanos comunes que han sido obligados a aceptar condiciones humillantes para obtener autorización para salir de la gran prisión que sigue siendo ese país.

Desde el momento en que la URSS  comenzó a liberalizar los contactos con el mundo exterior el régimen entró en un proceso de debilitamiento que condujo al fin de la era soviética.

Es de esperar que en Cuba ocurra algo similar, o incluso más profundo. Este fenómeno contaminará a la población. En mi opinión el cubano común nunca ha sido comunista. Fueron o son, porque todavía está vivo, fidelistas. La lealtad hacia Raúl no llega a esos extremos. Son leales al régimen por conveniencia personal o porque son obligados, pero no por convicción.

La conclusión es que el fin del comunismo en Cuba se verá altamente favorecido en la medida en que se produzca  la apertura de los contactos personales y  se generalicen los contactos a través de la red de redes.

Finalmente, no hay que olvidar que esto, por supuesto, no va a ocurrir mañana, pero ojalá no tarde mucho, incluso para beneficio de nosotros los venezolanos.