• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

Al instante

El tránsito en el este de Caracas y la diáspora venezolana

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El título de estas líneas puede lucir extraño o al menos caprichoso; sin embargo, aspiramos a que al llegar al final de las mismas podamos convenir en que sí hay alguna relación entre el tránsito en nuestra golpeada capital y la cada vez más nutrida diáspora venezolana que ya a estas alturas cobra proporciones social y económicamente significativas.

En efecto, a lo largo de más o menos el último año, quienes vivimos en el este o sureste de Caracas hemos venido advirtiendo una ya notoria disminución del tránsito automotor en la vialidad del sector, lo cual revela que hay menos gente que se desplaza por calles, bulevares y avenidas, incluyendo las horas “pico”. Sin recurrir a mayores elucubraciones demográficas podemos concluir que lo que pasa es que bastante gente se ha ido. No es que creamos en las cifras que el año pasado dio el Consejo Nacional Electoral para poder escamotear un diputado al circuito más antichavista del país (Baruta) según las cuales el mismo habría experimentado una sensible disminución en el número de sus habitantes, pero a simple vista se percibe que algo hay y por eso uno se pone a pensar en las causas que puedan producir ese fenómeno.

No se precisa ser muy avispado ni pecar de “clasista” para percatarse de que desde hace al menos diez años muchísimos jóvenes y hasta familias enteras han emigrado en busca de mejores oportunidades, más seguridad personal y futuro más auspicioso. De ello dan cuenta las cifras –muy variables pero siempre altas– de conciudadanos que se han mudado para Estados Unidos, Unión Europea, etc., la mayoría de los cuales poseen títulos profesionales, especializaciones u oficios de alta demanda. Tampoco es “clasista” –sino totalmente realista– afirmar que una apreciable proporción de quienes tienen esos atributos han de ser los que habitan o habitaron las zonas de mejor nivel económico de la capital que suele coincidir con el educacional que –quiérase o no– en Caracas se ubica en el este y sureste. Suponemos que algo similar ocurrirá en las otras grandes ciudades venezolanas.

Este columnista, que sigue en el “imperio” en gira de visita a tres hijos y seis nietos, ha podido en estos días vivir de cerca –desde la otra punta– la realidad que acabamos de apuntar.

En efecto, eventos familiares (cumpleaños, primeras comuniones, parillas, etc.) nos han puesto en contacto con multitud (no eufemísticamente, sino de verdad: multitud) de jóvenes familias del más alto nivel de preparación en las que uno o ambos cónyuges ocupan cargos de mediana, alta o altísima responsabilidad en corporaciones nacionales o multinacionales de variados tamaños y diferentes rubros. Todos ellos añoran a su patria pero también todos aprecian la perspectiva de seguridad y futuro que han encontrado. Ante la interrogante que formulamos acerca de si alguno regresaría a Venezuela la respuesta unánime fue un rotundo no o apenas un tímido sí sujeto a la previa concreción de cambios que, obviamente, no se darán en Venezuela a corto o mediano plazo ni aun cuando hubiese sustitución de modelo o de dirigentes. Cada uno de esos muchachos tiene uno o dos vehículos que, en lugar de circular por las calles de Caracas, lo hacen por las de Miami, Houston, Madrid, Galicia y pare usted de contar.

La anterior constatación, dramática, nos deja con la interrogante de quiénes serán los profesionales, gerentes, artesanos etc., que pudieran dirigir una futura Venezuela en recuperación. En la tan denostada IV República se implementó el plan de becas Gran Mariscal de Ayacucho que benefició a miles de profesionales sin distinción de estamento social ni económico  (también con su dosis vernácula de amiguismo) con el único compromiso de regresar a la patria y prestar servicios en ella por un cierto número de años. Muchos no regresaron, otros se volvieron a ir pero la mayoría fueron los que gerenciaron la época de oro de nuestro país “cuando éramos ricos y felices  y no lo sabíamos”.

¿Será –como dicen algunos– que el objetivo del “socialismo del siglo XXI” era, como en Cuba, eyectar a las élites y conservar la mediocridad para mantener el control político y social? ¿En verdad será una política de Estado aquello de promocionar lo de “al que no le guste que se vaya”?

En todo caso, esté usted o no de acuerdo con el análisis aquí esbozado, lo que es indiscutible es que un millón o dos millones de venezolanos se fueron. En Miami –donde a más de un cuarto de millón de compatriotas los castigaron mudando el consulado a Nueva Orleans distante 1.000 kilómetros– existen un periódico y un canal de televisión (abierta y por cable) con el nombre de “El Venezolano”, muchos restaurantes, areperas y hasta el alcalde de uno de los municipios del área (Doral) es venezolano de origen. En el avión Air Force One con el que Obama hizo su histórico viaje a Cuba viajó un compatriota nuestro requerido por el jefe del Estado norteamericano para que lo asesore en materia de las inversiones que se van a requerir en la nueva etapa de relaciones entre los dos países.

Así, pues, esperamos que usted, lector, a lo mejor también pueda ahora reconocer que existe una relación entre la disminución del tránsito caraqueño y la descapitalización humana que causa la existencia de una diáspora cada vez más numerosa. Solo falta que Venezuela –igual que América Central– pase a sustituir el ingreso de los dólares petroleros por las remesas familiares como principal fuente de ingreso de divisas.