• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

Al instante

Y todavía seguimos con la regaladera

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Entre las cosas que antes hubiesen resultado insólitas y que hoy –lamentablemente– se han convertido en normales, esta semana podemos anotar algunas que se relacionan con la imagen –construida por la política exterior– que llevan a cabo los que gobiernan o, mejor dicho, a los que se da por llamar “gobierno”.

Siempre hemos afirmado desde esta columna que la  imagen internacional no suele ser la que tumba gobiernos mientras que sí lo es el precio de la harina de maíz precocida o el del atún enlatado hoy desaparecido de la dieta por falta de envases. Pero… también hemos dicho que lo internacional puede muchas veces precipitar hechos políticos internos.

En la semana que acaba de transcurrir el titular del Poder Ejecutivo ha tenido el “tupé” de llevar a cabo un bonito viaje por algunas islas cercanas que “casualmente” son miembros de Petrocaribe que es una organización de cooperación regional en la cual unos, hasta hace poco, ponían la mano pedigüeña y Venezuela ponía los reales. Como se ve, estábamos en presencia de un auténtico “esfuerzo conjunto”. Desafortunadamente, cuando la ubre venezolana se fue secando, los otrora agradecidos chupadores se fueron enfriando hasta darse el lujo –muy lógico para ellos– de cuadrarse con Guyana y con ese despreciable agente de la Exxon/Mobil llamado Granger, frente a una Venezuela en franco proceso de caída libre.

El inefable Nicolás, siempre marcado de cerca por la Primera Combatiente (¿será para cobrar viático doble?) se desplazó por el Caribe anunciado y ofreciendo más dádivas, construcciones, escuelas, financiamientos, resorts y cuentos chinos como cuando el petróleo era escaso y valía caro. ¿Será que nuestros vecinos isleños creerán toda esa paja? Y lo que es peor: ¿será que nuestros próceres tienen la ilusión y/o el caradurismo para prometer hoy y mañana renegar de esas promesas?

En esta mismísima semana nuestra Venezuela –sedicente campeona mundial en materia de derechos humanos– ha negado por enésima vez el permiso para que la Comisión Interamericana visite nuestro país para constatar la situación reinante en esa área. Quien hubo de anunciar la noticia fue una de las figuras más devaluadas que llevan la voz de Venezuela en ese foro: el agente del Estado German Saltron,  cuyo discurso básico repetido hasta la saciedad consiste en quejarse de que en abril de 2002 la Comisión no condenó el golpe de Estado (11-A) que brevemente depuso al Comandante Eterno. Es un hecho que al pobre Saltron lo reciben y escuchan porque es el abogado de la República, pero resulta archisabido que en oficinas, pasillos y reuniones su papel se valora con lástima y desdén.

Por si aún fuera poco, también se ha omitido responder –pese a que sí ha habido declaraciones– a la OEA, cuyo secretario general (que sí parece tener los pantalones bien amarrados) ha ofrecido el concurso especializado y veterano de la organización para la observación internacional el 6-D. Venezuela no solo es miembro fundador de la OEA, sino que desde el 1° de octubre y por todo este trimestre ocupa la presidencia de su Consejo Permanente y además tuvo como representante acreditado hasta hace un par de semanas a la estrella de su diplomacia (Roy Chaderton) a quien “sustituyeron” por otro embajador que es de lo mejorcito en el equipo rojo-rojito (Bernardo Álvarez Perera).

Volviendo sobre el tema: es bastante posible que nada de lo anterior tenga el impacto popular que pueda promover o desencadenar decisiones pero… se pregunta uno… ¿que pensará el ciudadano de a pie que hace ocho horas de cola para conseguir dos pollos (si es que no se acabaron antes de que le toque a él su turno)? ¿Que pensará el que vive en un rancho si se entera de que de su bolsillo se sigue prometiendo construir viviendas en el Caribe y hasta en África?

Y, por fin, el episodio de la conversación entre Lorenzo Mendoza y Ricardo Hausmann. Aclaramos que al señor Mendoza no lo conocemos ni lo hemos visto ni hablado nunca. A Hausmann y familia sí los conocemos y tenemos con ellos particular y recíproco afecto. Vamos a decirlo en forma directa y sin anestesia: a) grabar y difundir una conversación privada en un programa de propaganda política además de ilegal es asqueroso. b) El contenido de la conversación consiste en la opinión de dos ciudadanos acerca de posibles soluciones económicas para el caos que vive el país. En absoluto esos señores emprendieron gestión alguna como se les acusa. c) El Fondo Monetario Internacional –del que Venezuela es miembro– tiene como función principal asistir a países que enfrentan crisis de reservas internacionales, exactamente lo que ocurre en la Venezuela de hoy. Como es de suponer, ese fondo requiere garantías que aseguren el repago de sus préstamos, igual que cualquier banco. Si no quieres pedir la asistencia eres libre de no hacerlo pero… ellos no son la Madre Teresa de Calcuta, sino una institución financiera cuyos accionistas no son la “oligarquía pelucona” sino casi todos los Estados del planeta. Quien esto escribe considera no solo conveniente sino necesario explorar esa fuente procurando –claro está– que las condiciones sean las menos onerosas. Apostamos –fuerte contra locha– que no pasará mucho tiempo hasta que tal solución empiece a ser conversada previo ablandamiento de la opinión pública nacional.