• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

Al instante

A los que me preguntan cuándo salimos de esto

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El tema obligado en cualquier encuentro personal entre venezolanos es pulsar la opinión del interlocutor para tratar de dilucidar si se acabará la menguada hora que vive nuestra patria, lo cual es seguro. Lo que no es seguro es CÓMO y sobre todo CUÁNDO dicho acontecimiento, esperado por la mayoría de la población, sin distinción de preferencia política, ocurrirá.

En cuanto al CÓMO, hace muchos años que hemos venido escuchando al venerable Pompeyo Márquez repetir que la solución será inédita, con lo que se deja abierta la puerta a cualquiera de las alternativas planteadas dentro de la Constitución (interpretada con mayor o menor flexibilidad) o fuera de ella. Junto a otras muchas personas que reflexionamos sobre estos temas, compartimos la visión del anciano (pero no viejo) zorro que fue capaz de rectificar cuando los hechos le demostraron que el camino violento que había emprendido era errado.

Aun cuando esta columna se caracteriza por privilegiar los asuntos internacionales, en los cuales profesamos tener alguna experiencia, como ciudadanos de a pie y –en alguna medida– formadores de opinión, observamos algunos hechos concretos, aislados o no, que nos indican que el desenlace –inédito o tradicional– no está lejos. Veamos.

La pintoresca dama que deslucidamente ocupa el cargo de canciller de la República se presentó en Montevideo a principios de esta semana para una reunión de cancilleres de Mercosur, a la que no había sido invitada, pues el tema por tratar era, precisamente, el rechazo al traspaso de la presidencia del bloque a Venezuela, como hubiera sido normal en tiempos normales. Como es natural, no se le permitió ingresar a la reunión de los otros cuatro representantes (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), sino que se le invitó a esperar en un salón contiguo junto al canciller de Bolivia, que ninguna vela tenía en ese entierro, toda vez que su país no tiene voto aún en el Mercosur. Pues hete aquí que la intemperante funcionaria salió furiosa declarando que sus homólogos se habían ocultado en el baño para evitar encontrarla. Interesante constatar la coordinación de los apuros prostáticos de los cancilleres de Mercosur, que bien pudieran aprovechar idéntica unificación de criterios para la mejora del funcionamiento del maltrecho esquema.

El segundo evento –relacionado o no– que ocurrió en la semana que hoy termina es el anuncio formulado por uno de los bancos más prestigiosos e importantes del mundo (Citibank, de Nueva York) avisando que en treinta días cerrará las cuentas de corresponsalía tanto del Banco Central de Venezuela como del Banco de Venezuela, que a pesar de su condición jurídica de sociedad anónima, es cien por ciento propiedad del Estado venezolano. Como es natural, los dolientes no demoraron en anunciar que tal decisión constituye un “cerco financiero” a la revolución bolivariana, sin reconocer que se trata de una atribución de ese banco dentro de lo que establece el contrato que vincula a las partes. Ni más ni menos que cuando Hugo Chávez avisó que no renovaría la concesión a RCTV, a su vencimiento, en uso de las facultades legales de prorrogarla o no.

Este columnista no sabe ni sospecha cuáles fueron las razones que motivaron a ese importante banco a tomar su decisión. Lo que sí sabe es que la legislación norteamericana exige estrictos criterios de transparencia en el manejo de las cuentas bancarias, a fin de evitar la legitimación de capitales, financiamiento del terrorismo y otras actividades que la legislación de aquel país determina como inadecuadas.  No sabemos qué irá a ocurrir ni qué banco de aquella plaza quiera o pueda asumir la relación a la que hoy Citibank renuncia. Lo que sí es claro es que no hay vida en el mundo financiero internacional que no contemple a Nueva York como sede clave de la actividad. Llamarán a Moscú, Pekín, Shanghái, La Habana o La Paz, pero con todo el respeto por esos destinos, no parece que puedan sustituir con eficiencia a la Gran Manzana.

Tal vez –y como especulación de este opinador– la decisión de ese banco privado haya sido tomada en consulta con autoridades de Estados Unidos y pudiera ser un anuncio de que el señor Barack Obama, en ejercicio de las facultades constitucionales que sí tiene,  vaya en un futuro a emitir una “executive order” (decreto ejecutivo) en la que se prohíba la intermediación de bancos norteamericanos en el comercio y transacciones con Venezuela, igual como se hizo con Cuba, Irán y algún otro de los que ellos, en “ejercicio de su soberanía inalienable”, han considerado –para bien o para mal– como de mal comportamiento. Si eso ocurre el único remedio será “ir a llorar a El Valle” o recurrir al trueque que hasta hace poco era tan promovido por Chávez, Giordani y demás gurúes del circuito de la empanada o el gallinero vertical.  Luce difícil en el siglo XXI.

Los tres incidentes aquí comentados tienen el denominador común de que demuestran que el mundo, la región y hasta las corporaciones internacionales están cansados del discurso que por más de década y media ha venido caracterizando a un país, Venezuela, cuyos próceres revolucionarios no han logrado todavía entender que la “patria de Bolívar” es parte de otra patria que es el mundo y que, como tal, es mejor negociar que confrontar.

Mientras tanto habrá que irse acostumbrando a que  desde ahora el presidente de verdad verdad en los hechos no es más Nicolás, sino Vladimir. De corazón le deseamos al señor general que tenga éxito y pronto, ya que de no conseguirlo, lo que vendría es “candanga”.