• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

Al instante

Si perdemos hay que salir a la calle

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Aprovechemos las ventajas de la tecnología digital haciendo click en el siguiente link http://www.el-nacional.com/sociedad/Maduro-primero-lanzarme-derecha-AN_3_651564874.html. Nos encontraremos con un video en el que el señor presidente de Venezuela –en reciente acto partidista– afirma que si la oposición ganase la venidera elección parlamentaria él sería el primero en lanzarse a la calle “con el pueblo” para defender sus derechos. Extraña afirmación toda vez que de conformidad con las reglas del juego la obtención de la mayoría dependerá del número de votos del mismo pueblo que cada opción consiga y de allí la cantidad de diputados que cada grupo elija. Así, pues, no se requiere más análisis ni especulación para concluir que el jefe del Estado –después de haber invitado a la oposición a firmar un compromiso de respetar los resultados– está dispuesto y listo para ser el primero en desconocer tal resultado electoral si el mismo fuese desfavorable a su tolda. Maduro no aceptaría una Asamblea que no fuera dócil a sus deseos, le otorgue  leyes habilitantes con objetivos indeterminados en tiempo récord, no investigue ni haga contraloría a los casos de corrupción, ni interpele a los ministros y demás atribuciones que son consustanciales con el Poder Legislativo. En definitiva, estamos frente al anuncio presidencial que nos adelanta que desde la sede misma del poder se desconocería la voluntad popular, lo cual posiblemente –al menos en el derecho hasta ahora vigente– pudiera constituir delito y además grave. ¿Será que la señora fiscal general, tan apegada ella a la preservación de la legalidad, pudiera tomar nota de lo que aquí se comenta e iniciar alguna investigación? Como prueba no parece que se requiera más que el video, a menos –claro está– que el mismo se califique de apócrifo y preparado en los “laboratorios de la guerra sucia” cuya sede es “el imperio”.

Según la visión de quienes hasta los momentos dominan la escena política venezolana, es inconcebible poder gobernar sin el control de la Asamblea Nacional. Caldera y otros lo hicieron, Obama lo está haciendo y –reconociendo que es más difícil– la sangre no llegó al río sino que más bien el sistema democrático se vio fortalecido por la independencia y control mutuo de los poderes. Eso es democracia. Lo otro podrá recibir el nombre que le quieran poner pero no es democracia. De lo anterior podemos deducir también que aquel eslogan tan caro a Chávez, Cabello & Cía de “no volverán” pudiera presagiar el desconocimiento de un posible cambio en la cúpula del Ejecutivo si en su momento el voto popular u otros mecanismos constitucionales así lo exigieran.

Las amenazas y bravuconadas que hemos comentado –más las muchas otras proferidas o por proferir– hasta ahora habían sido ignoradas o cohonestadas por la comunidad internacional ante la cual el “socialismo del siglo XXI” se presentaba como un movimiento reivindicador interesante y dispuesto a canalizarse por el cauce de la democracia. A medida que tal percepción se fue desvaneciendo, que los hechos y los ilimitados recursos comenzaron a escasear, resulta que los llamados de atención primero, los reclamos después y por último las presiones pretendieron ser contenidas con el argumento de la soberanía, la “no injerencia” y demás comodines que en el mundo del siglo XXI han perdido algunos aspectos de su vigencia. En el mundo de hoy el ámbito de los derechos humanos no reconoce fronteras nacionales. Los Estados no pueden irrespetar tales derechos a nivel interno ni siquiera dictando leyes. Una Constitución o una ley que consagrara la discriminación racial o la tortura no podría sostenerse ni aun cuando fuera el resultado de un aplastante triunfo en referéndum popular dando pie a que la comunidad internacional adquiera el derecho y la obligación legal y moral de intervenir para impedir tales extremos (Suráfrica, Bosnia, Ruanda, Centroamérica, etc.).

Eso es lo que le está ocurriendo al gobierno chavista/madurista que en los últimos meses ha visto cómo el mundo entero (a excepción de los ejecutivos alcahuetes del continente que habitualmente lo apoyan por variadas razones) viene tomando nota de los abusos y presentando reclamos que se multiplican a diario mientras aquí son rechazados como injerencistas. Parecen haber olvidado los múltiples y sostenidos excesos que en su momento se llevaron a cabo especialmente en el ámbito continental para imponer el modelo del “siglo XXI” a veces en forma legal (lo cual no siempre equivale a “legítima”)  y algunas de otra manera.

De cara, pues, a esos comicios cuyos posibles y probables resultados adversos Maduro no está dispuesto a reconocer es que se está incurriendo en acciones cuya coherencia –y racionalidad– queda en duda. Así por ejemplo la pasada semana se impidió la visita de una delegación oficial  plural del Senado de Brasil acusándola de injerencista y esta misma semana ya está en suelo venezolano una delegación de senadores también de Brasil pero de la fracción del PT (partido oficialista) que apoya al gobierno de Maduro y cuya agenda es casi la misma que tenían los que vinieron la semana pasada. ¿Usted entiende eso?

A lo anterior agréguense los “trapos rojos” que se están comenzando a agitar al rescatar diferencias limítrofes tanto con Guyana como con Colombia en un intento de producir un “dakazo patriotero” que genere la obligada adhesión a la causa nacional justo ahora, ante las elecciones, cuando en los últimos dieciséis años estos mismos asuntos fueron deliberadamente olvidados –o al menos pospuestos– en aras de un objetivo político de proporción continental y hasta mundial. Sin dejar de reconocer los títulos que Venezuela pueda ostentar en estos desentendimientos, llama la atención el “timing” y el lenguaje de albañal con que el gobierno se expresa a través de su Cancillería convertida en partido político con voceros de barrio y no en órgano del Estado.

En todo caso, parafraseando al buen Luis Herrera Campins, habrá que “ponerse las alpargatas porque lo que viene es joropo”.