• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

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Adolfo P. Salgueiro

¿El mundo contra nosotros?

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La escena internacional y como Venezuela es percibida en ese contexto ha variado sustancialmente en los últimos cuatro años.

En efecto, durante la presidencia de Chávez la personalidad y carisma del caudillo, lo atractivo de su discurso reivindicativo pronunciado con habilidad y regado con altas dosis de recursos económicos, permitió al Galáctico y a los miembros de su gobierno pasearse por el mundo con olor a santidad logrando altas dosis de aceptación no solo en los países en vías de desarrollo sino también en los centrales. Chávez logró audiencias apreciables no solo en concentraciones de calle, sino en estadios de importantes ciudades del mundo. Muchos de los asistentes acudían en busca de un mensaje de esperanza, otros lo hacían por el mero atractivo crematístico consistente en un bono en efectivo, un “combo bolivariano” o la simple curiosidad. Esa combinación aderezada con promesas de refinerías, petróleo barato o regalado, operaciones de la vista, etc., no cabe duda de que rindió un importante dividendo político al chavismo, de tal suerte que hasta el día de hoy forma parte del núcleo duro nacional e internacional en el que se apoya, aun cuando la consistencia va reduciéndose notoriamente.

La cosa ha cambiado sustancialmente desde el fallecimiento del Comandante Eterno no solo por su ausencia física, sino por la carencia de cualidades de conducción política de quienes se proclaman sucesores de su legado. Ni Maduro es Chávez, ni la Venezuela de hoy es la de ayer, ni los recursos alcanzan ya siquiera para dar de comer a nuestros habitantes. La consecuencia es la que se podía esperar. Algunos mantienen cierta lealtad por coincidencia ideológica, otros apenas la proclaman en los discursos y la mayoría van abandonando la nave que ya hace aguas por todos lados.

De lo anterior se desprende el hecho evidente que muestra a una cantidad de actores internacionales: gobiernos, multinacionales, sociedad civil, personalidades, academia, etc., reclamando por las cosas que antes preferían ignorar, tales como derechos humanos, libertades (expresión, política, etc.), y eso se nota claramente en la percepción ya extendida de que Venezuela va por un camino tan equivocado que probablemente requiera de medidas muy duras para su rectificación. De paso se duda también de si quienes hoy gobiernan son o pueden ser quienes asuman y/o practiquen las rectificaciones a que haya lugar. Además, las ratas ya están abandonando el barco.

Debe ser por eso que –sin que sea novedad– Miraflores & Cía. acuden cada vez con mayor frecuencia a la táctica de buscar un enemigo externo que pueda servirle para distraer la atención de las penurias cotidianas que ocurren dentro de casa. En muchas ocasiones esos enemigos externos sirven para promover una unificación nacionalista (como ocurrió débil y brevemente con el decreto de Obama) o como verdaderamente ocurrió en agosto de 1987 cuando la crisis de la corbeta Caldas que logró aglutinar a toda la opinión venezolana en defensa de la integridad territorial frente al avance colombiano.

Lo que pasa es que el chavismo caza peleas en muchos frentes y con demasiada frecuencia. Hagamos una pequeña lista de algunas de ellas: “Por que no te callas”, Obama malvado, Alan García ladrón de siete suelas, Aznar golpista y genocida, Bush diablo con olor a azufre, Uribe paramilitar y asesino, República Dominicana protectora de el ladrón Carlos Andres Pérez, Panamá lacayo del imperio, Europarlamento, Consejo de Ministros de la Unión Enropea, parlamentos de España, Chile, Colombia, etc., injerencistas, Rajoy ladrón y racista, Felipe González bandidillo, treinta expresidentes entrépitos, y pare usted de contar.

Se pregunta uno si Venezuela es o se ha vuelto tan centralmente importante en el concierto mundial como para que al unísono todas las naciones y personalidades –calificadas por el procerato bolivariano como “élites de la derecha”– se hayan puesto de acuerdo para hollar “la sagrada soberanía de la patria” para desestabilizar su gobierno. Cuesta creerlo.

Ocurre sí que cuando el panorama se torna así de hostil la única defensa que se les ocurre es la de la “soberanía”, según la cual el gobierno de Venezuela y sus voceros son libres de entrometerse donde a bien les parezca, emitir los juicios más groseros y ofensivos, pero nadie tiene el derecho ni siquiera de opinar sobre la “patria de Bolívar”. Usted, lector, ¿cree que esa dualidad es sostenible en el decimoquinto año de este siglo XXI? Sugerimos al lector que tenga tiempo y ganas que se pasee por las gacetas oficiales de estos últimos años para comprobar con cuánta frecuencia y a veces ígneo lenguaje se han hecho pronunciamientos a favor o en contra de Palestina, Siria, España, Estados Unidos, Perú, Honduras, Colombia y pare usted de contar.

Si lo que el gobierno del señor Maduro (y antes el de Chávez) quiere es la preservación de la soberanía de verdad, pues lo que tienen que hacer es amarrarse bien los pantalones y arrugarle la cara a Guyana que, en medio de la debilidad, impericia y descuido oficiales, nos está arrebatando áreas marinas y submarinas haciendo gala de la más mala fe internacional, mientras desde Miraflores no les responden ni con el pétalo de una rosa. ¿Dónde están los militares de nuestra Armada haciendo presencia y/o patrullando en el lugar frente a la plataforma deltana donde un buque perforador al servicio de Exxon/Mobil ya está trabajando?

Y por último, usted lector o usted gobernante ¿no cree que la visita del jefe del Estado guyanés a bordo del buque perforador ilegalmente estacionado en áreas al menos en disputa es un “casus belli” (causa de guerra)? Cómo habría reaccionado el tan criticado Jaime Lusinchi que pudo tener muchas debilidades personales, pero que sí accionó los recursos del Estado venezolano y sus gónadas particulares cuando las circunstancias de la patria (no de una parte de ella) lo ameritaron.