• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

Al instante

¿Cuánto falta todavía?

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Cuando estas líneas se están escribiendo aún no sabemos si los senadores brasileños han podido aterrizar en Venezuela o no y mucho menos si se les permitirá visitar a los presos políticos. En todo caso, lo único que cambiaría un poco es la percepción acerca del mayor o menor grado de sordera, ceguera  y autismo del gobierno para no darse cuenta de que el mundo entero (salvo los poderes ejecutivos alcahuetes de América Latina que afortunadamente no son todos) se le está dando vuelta en forma casi unánime.

En la semana que culmina los órganos comunitarios europeos han expresado su preocupación en términos más claros que diplomáticos, la Cámara de Diputados de Uruguay (87 a 1) ha dejado constancia de la misma inquietud e invitado al diálogo. La muy pragmática señora Rousseff que recientemente había abogado por el restablecimiento de las libertades medio ha “arrugado” en la víspera de su pautada reunión con Obama pero está acosada por quienes propician el diálogo (incluyendo los profesionales de Itamaraty). Aecio Neves (que casi le gana las elecciones del pasado mes de octubre de 2014) la tiene contra las cuerdas liderando un importante y representativo grupo parlamentario. Almagro, debutante secretario general de la OEA, por el momento y sin hacernos muchas ilusiones, parece haber rescatado su cargo del letargo cómplice y celestino en que lo tenía sumido su antecesor Insulza, las reuniones Eurolat y Unión Europea/Celac recientemente celebradas culminaron en agrias discusiones por la redacción de los respectivos documentos finales en los que el tema Venezuela fue el de la discordia impidiendo que el pensamiento mayoritario pudiera expresarse con contundencia a cuenta del criterio del “consenso” que últimamente viene siendo el arma de las minorías izquierdosas para ejercer el veto cuando se quiere criticar las violaciones de derechos humanos y los ataques a la democracia.

Es cierto que el señor Cabello consiguió algún oxígeno al demostrar su capacidad de viajar al exterior (Brasil y Haití) y de reunirse con un alto representante del Departamento de Estado (Shannon) para hablar de algo que los venezolanos desconocemos y que solo nos consta por la publicación de unas fotos muy risueñas tomadas en tan reservada –o clandestina– reunión llevada a cabo en Puerto Príncipe. ¿Será posible que en algún futuro la cúpula venezolana pueda corresponder las visitas yendo ellos a Washington o Miami para reunirse con sus interlocutores?

Entre otras curiosidades leemos en la prensa nacional que la embajada del régimen venezolano en Washington ha contratado  por 150.000 dólares (posiblemente sin pasar por Cadivi/Cencoex) a una firma de relaciones públicas norteamericana para hacer lobby que mejore la imagen del gobierno de cara a un posible ablandamiento de las relaciones entre los dos países. A fin de no malgastar esos reales –hoy tan escasos– nos permitimos sugerir al presidente que coordine ese discurso con sus otros voceros (La Hojilla, Zurda Conducta o Pérez Pirela) porque la “coprología” de esos programas televisivos sigue yendo en contra del “esfuerzo conciliador” que en otros planos se proclama.

Este columnista, profesor universitario de derecho durante más de cuatro décadas, se ha venido preguntando por qué será que el presidente del Poder Legislativo sea quien va a Brasil a negociar la adquisición urgente de productos medicinales para abastecer el exhausto inventario nacional. Nuestro conocimiento de derecho nos tenía convencidos de que había un principio llamado “separación e independencia de poderes” que era requisito básico de la democracia. Pues parece que nuestro axioma jurídico debe haber cambiado en estos tiempos modernos y en lugar de corresponder esa atribución al Ministerio de Sanidad ahora ha sido traspasada al Congreso de la República. Por eso es que hay que mantenerse al día… (jajaja).

También nos preguntamos como es eso que el presidente de la Asamblea asume el papel protagónico en la conducción de las relaciones internacionales en la reciente reunión de Puerto Príncipe cuando ello es facultad constitucional del Ejecutivo representado en este caso –en forma subalterna y carente de solidez alguna– por la dama canciller en la cual la prudencia y la experiencia no parecen contarse como sus más destacadas virtudes.

La impresión de quien esto escribe es que estamos en etapa terminal. No tenemos ningún dato o información confidencial de cómo ni cuándo será el desenlace pero la sola observación de lo que acontece nos permite sospechar que la metástasis ha alcanzado los principales órganos. Lo que resta es el final que como todo cáncer es de duración incierta. Ante ese panorama solo queda orar y rogar al Altísimo por que lo que aún falta por padecer sea lo más pacífico, indoloro y constitucional posible. La patria en su conjunto así lo desea y precisa.