• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

Al instante

Una “cumbre” más sin pena ni gloria

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Amigo lector sabatino, ¿acaso usted está en cuenta de que apenas el pasado miércoles se llevó a cabo en Quito  la IV Cumbre de la Celac? En caso afirmativo ¿tomó nota usted de cuál fue el eje central de sus deliberaciones y los puntos que se plasmaron en la declaración final? Este columnista se atreve a afirmar que muy pocos han de ser aquellos venezolanos que han tenido tiempo o interés para preocuparse por dicho evento internacional, lo cual nos conduce a la reflexión que sigue.

La Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe) es una organización internacional que arrancó en 2011 con toda la fanfarria y verborrea que caracterizó las iniciativas impulsada o aupadas por Chávez, quien poseído de lo que él creía era un proyecto regional y/o mundial le dio por querer inventar una OEA sin Estados Unidos y sin Canadá como foro para dar rienda suelta a sus desbordes megalomaníacos financiados –naturalmente– por Venezuela, igual que el ALBA, Petrocaribe, el Banco del Sur, el oleoducto hasta Buenos Aires y demás loqueras que emanaban de una mente carente de todo sentido de la proporción y que, por lo mismo, pasaron al olvido o quedaron reducidas a caparazones vacías útiles tan solo para escenificar discursos y hacer turismo con viáticos oficiales.

Así, pues, sin pena ni gloria, transcurrió la IV Cumbre donde ni siquiera hubo un “por qué no te callas” o alguna malacrianza de esas que otrora lograban centimetraje en la prensa nacional o internacional. Lo mismo ha de ocurrir con la próxima reunión de cancilleres de Unasur  a celebrarse también en Quito donde –como era de esperarse– los no muy boyantes países de nuestra región suramericana se dieron el lujo de construir un tremendo edificio para la sede de dicha organización destinada a servir de foro a quienes integran una tal “patria grande” cuya membresía parece comenzar a mostrar algunas fisuras.

Imagínese usted, lector, la escena del pobre Nicolás proponiendo ante un grupo de países que apenas sobreviven una iniciativa de soporte mutuo en emergencias siendo –como es el caso– que el primer necesitado resulta nada menos que Venezuela, otrora dispensador y mecenas de todas las iniciativas de “solidaridad continental” que duraron exactamente el mismo tiempo que la botija venezolana permaneció llena.

Reflexione usted cómo la OEA (que por cierto no es una maravilla) lleva más de seis décadas funcionando y con sus más y sus menos ha sido protagonista –bastantes veces para bien– de algunas de las iniciativas verdaderamente relevantes para el mantenimiento de la paz continental, desde evitar o cortar enfrentamientos armados hasta promover y adoptar la Carta Democrática Interamericana cuyo peso político –así sea tan solo como “espada de Damocles”– ha servido y sirve para más o menos mantener a raya a quienes tienden a excederse en el autoritarismo. Que la OEA fue “ministerio de colonias del imperio” pudo haber sido cierto, no lo es hoy. ¿Será que el ALBA o Petrocaribe no pretendió ser lo mismo para Venezuela? ¿Será que puede haber reuniones continentales en el continente americano en las que Estados Unidos y Canadá no participen?

La facilidad de viajar que brindan los medios modernos más la inmediación en las comunicaciones van construyendo una nueva forma de vivir las relaciones internacionales mucho más ágil y menos apegada al esquema de grandes reuniones formales de distintos grupos en donde al final se ven las mismas caras y se repiten los mismos discursos. Hoy día la labor profesional de los equipos especializados da cuenta con bastante eficiencia de los asuntos internacionales. Ello no significa que haya que acabar con las “cumbres” sino que sugerimos que todos esos gastos y pérdidas de tiempo pueden ser mejor aprovechados con menos reuniones cada una con mayor significación sin perjuicio de aquellas donde los máximos representantes deban dar las orientaciones políticas más importantes, pero no viajar cada mes o dos para repetir y oír el mismo cuento. Claro que para eso se requieren cancillerías profesionales pero… ese es otro cuento…