• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

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Adolfo P. Salgueiro

Por la cruz se va a la luz (per crucem ad lucem)

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La época del año litúrgico que atravesamos –la  conmemoración de la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo- es la que nos ofrece la enseñanza que motiva el título de este artículo: por la cruz se va a la luz. En otras palabras viene a significar que es solo a través de un gran sufrimiento que se alcanza la felicidad definitiva.

La anterior reflexión, aplicada en el plano político a los acontecimientos que vive nuestra patria desde hace ya un tiempo -que nos parece interminable- nos permitiría afirmar que después de los duros momentos que venimos transitando todos los venezolanos (independientemente del bando en que militemos en la dramática  polarización existente) pudiéramos acceder a momentos luminosos en un futuro cuya cronología –lamentablemente- es inescrutable por cuanto los tiempos divinos así lo son. El consuelo es que los tiempos de la política aun cuando difíciles de desentrañar siempre son mucho más breves.

De allí pues surge la fe en la certeza de que lo que vendrá es mejor,  aun cuando hoy no sepamos con exactitud  como ni cuando se presentará ni quien pudiera ser el líder cívico (ojalá que no un Mesías) capaz de conducir el proceso;  naturalmente tratando de evitarle la sentencia de Pilatos  y los sufrimientos físicos y morales del hijo de María. Sin embargo adaptando la cosa al siglo XXI venezolano, lamentablemente existen ya quienes enfrentan con valentía el precio de asumir con decisión una causa mientras algunos Barrabase siguen sueltos.

A fin de ubicar el tema en términos realistas –que bien pueden ser polémicos- es necesario reformular algunos conceptos que, a nuestro juicio, desfiguran y por tanto perjudican la percepción colectiva.

“Venezuela merece un mejor nivel de vida” Falso de toda falsedad. Ni Venezuela ni los venezolanos merecemos nada que no sea el resultado del esfuerzo sostenido, inteligente y honesto de nosotros sus hijos.

“Venezuela es un país rico por que tiene petróleo” Falso de toda falsedad. Venezuela fue y en parte sigue siendo un país bastante pobre con un Estado que fue muy rico y hoy ni siquiera lo es lo cual constituye prueba evidente que la riqueza no está en el “oro negro” sino en la habilidad de convertirlo en bienestar equitativo lo cual no precisamos ni decir que no se ha conseguido. Israel, Japón, Singapur, etc. no tienen ningún recurso natural relevante y sin embargo se cuentan entre las naciones cuyo producto bruto por habitante revela riqueza y justicia social.

“El mejor líder es el que tiene mejor imagen”  Falso de toda falsedad. La imagen no debe ser la esencia del liderazgo. Ejemplo el de Venezuela: Chávez tenía excelente imagen y Maduro la tiene muy pobre. Ambos han conducido un mismo proceso llamado “socialismo del siglo XXI” que en definitiva ha sido malo para el país en su conjunto. Betancourt no era el rey de la simpatía pero introdujo a Venezuela en el más largo período de buenaventura de su historia. Clinton sí es un contagioso optimista y también surfeó con su país en los mejores momentos de desarrollo reciente. Ambos dos dentro de un inobjetable marco democrático. Franco o Saddam Hussein, con pésima imagen, ambos  autócratas con todos los poderes en sus manos (España en la carencia e Irak en riqueza) mantuvieron a sus pueblos en la sumisión , la pobreza y la dictadura mientras que  Aznar, que no parece destinado a ser la imagen de una sonrisa para publicidad de una pasta de dientes, dirigió a España en uno de los mejores momentos de progreso  democracia y justicia.

“Si  el otro tiene mucho  y yo poco es por que alguien me quitó mi parte” Falso de toda falsedad. Más aun en Venezuela, una de las sociedades con menos prejuicios y mas movilidad social del continente.  Tal premisa tiende a no valorar el esfuerzo y a dar cabida al discurso de quienes predican la repartición de la riqueza ya existente en lugar de promover la creación de riqueza nueva y  a través de administrarla bien,  fortalecer la justicia social.

Es lamentable que estos y otros mitos atraigan lealtades políticas que son directamente proporcionales a la ingenua ignorancia  de quienes no tienen la posibilidad de ver el país y su propio futuro mas allá de sus narices o de las promesas que les hacen y que una y otra vez resultan incumplidas. La arepa de esta noche nubla la visión del mañana. Entendible pero trágico.

Lo  que sí es una verdad evidente es que aun en la Venezuela postrada de hoy sigue existiendo el potencial de recuperación. La cosa es convertir ese potencial en ejecutorias para no seguir soñando con el futuro sino para de una vez comenzar a construirlo convirtiéndolo en realidad.