• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

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Adolfo P. Salgueiro

Sobre “colitas” de Pdvsa y otras cosas

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En otras oportunidades hemos comentado acerca de las inconsistencias entre el discurso de quienes se proclaman guardianes de la “revolución socialista” y la práctica en sus acciones personales que bien pudieran encuadrar en algún tipo de corrupción. Es lo que la sabiduría popular llama “luz en la calle y oscuridad en la casa”.

Lo insólito es que en la Venezuela de hoy el tema de la corrupción no suele ocupar los primeros puestos de la preocupación popular dedicada a la aventura cotidiana de conseguir alimentos o proteger la seguridad personal. En otros países esos escándalos suelen desembocar en que el involucrado se practique el haraquiri, o por lo menos renuncie a su cargo y –en casos como en China– suelen pagarse con la vida. Ello no quiere decir que allá no haya corrupción, pero sí eleva mucho el costo político y personal de ser descubierto.

Es lamentable que en el quehacer venezolano la perentoria necesidad de conseguir harina de maíz precocida, leche o pañales supere ampliamente la preocupación por mantener o custodiar valores claves de la vida y de la convivencia.

Recordamos aún con añoranza las palabras del “Gigante” cuando condenaba en durísimos términos las “colitas de Pdvsa” consistentes en la utilización para fines privados de las aeronaves de la petrolera estatal. Chávez prometió eliminar esos privilegios y también vender las aeronaves del Estado que no fueran estrictamente necesarias para la actividad oficial. Lo real resultó en la compra de un nuevo avión presidencial digno de las Mil y Una Noches, el incremento de la flota de Pdvsa, incluyendo no uno sino varios aviones de costosísimos modelos, el incremento exponencial de las “colitas” y el uso de esos transportes tanto para arrimar fondos ilícitos a la campaña de la “camarada Cristina” como para los viajes familiares nada menos que del licenciado Elías Jaua, un “socialista de postín”, vicepresidente para el “Socialismo Territorial”, ministro para las Comunas y Desarrollo Social y además superior jerárquico de los ministerios fusionados bajo su supervisión: Vivienda, Hábitat y Ecosocialismo. Pero… parece que el hombre estaba en Brasil, se sentía un poco solo y mandó traer a su familia –incluida niñera– el fin de semana en potente Falcon de Pdvsa con la mala suerte de que en la aduana brasileña  decomisaron un arma de fuego en poder de la “niñera” viajera.

No es extraño ni ilegal que el personal de escolta de altos dignatarios esté armado. Para ello existen autorizaciones y permisos que el señor Jaua ni el gobierno de Venezuela se molestaron en atender, porque ellos son “guapos y apoyados” y hacen caso omiso de las reglas de convivencia internacional.

Lo mismo acaba de ocurrir con la incidencia en curso con el gobierno de España al que se le acusa de injerencia en asuntos internos venezolanos porque el presidente del gobierno, Rajoy, recibió a la esposa de un preso político venezolano y expresó su deseo de pronta liberación. Tal “pecado mortal” de injerencia fue respondido con una carta de la Cancillería venezolana redactada en un lenguaje absolutamente reñido con las normas mínimas de convivencia en la que quien acusa de injerencia a Rajoy y le critica que pertenece a la “extrema derecha” (como si no hubiese sido elegido limpiamente) le acusa de haber tolerado o casi propiciado las ejecuciones hipotecarias consecuencia de la crisis económica (generada durante el gobierno socialista anterior de Zapatero), le enrostra las cifras de desempleo y por poco le achaca la reciente derrota del Barsa frente al Real Madrid. Adicionalmente manda a “revisar” las relaciones con España, lo cual –como son las cosas– bien pudiera resultar en cancelación de permisos a bancos, contratos, pagos, etc. Y hay quien les aplaude la desfachatez de haber hecho circular copia de la soez protesta entre todas las representaciones diplomáticas acreditadas en Madrid, como si aquello fuera una casa de vecindad.

Entendemos que la situación interna es muy difícil. Hasta facciones del PSUV (Marea Socialista, Aporrea, etc.) ya expresan públicamente su descontento y los factores del poder ya han jugado sus cartas más importantes, por lo que una operación de distracción parece necesaria. Pero… si en el desespero se les va la mano puede producirse alguna situación impredecible y negativa que desemboque en acontecimientos que puedan salirse de control. Pedimos prudencia y moderación.

De paso, ahora que están tan “empepados” con la ONU ¿por qué no pagan los 28 millones de dólares que deben en cuotas atrasadas, lo cual les daría un poco más de derecho de criticar a la organización?