• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

Al instante

Donde ahorcarse: ¿Wall Street o Pekín?

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Con motivo de nuestro artículo (16/8) comentando el default de Argentina recibimos numerosos comentarios algunos coincidiendo con el enfoque expuesto y varios opinando que la decisión de Buenos Aires de incumplir una sentencia firme emanada de un tribunal norteamericano (cuya jurisdicción propuso y consintió) era un encomiable acto de soberanía estatal digno de alabanza e imitación como muestra de rebeldía ante el capitalismo dominante.

El default sureño ha sido alabado y/o justificado por distintas instancias internacionales tales como OEA, Unasur, Mercosur etc. que rápidamente se solidarizaron con la posición argentina con el argumento de  que un problema económico no puede resolverse a costa de causar privaciones a los pueblos. No cabe duda que esa postura también tiene su mérito pero al final del día lo que interesan son las consecuencias prácticas, tanto mas cuanto que nuestro país también va encaminado por un rumbo bastante similar al argentino.

La primera consecuencia concreta e inmediata que debe afrontar Argentina es la de continuar con el acceso cerrado a toda fuente de crédito internacional como le ha venido ocurriendo desde su anterior cesación de pagos de 2001. Sin financiamiento no hay desarrollo. Todo lo demás es relato épico. La lección es aprovechable para nuestros próceres revolucionarios que pudieran estar pensando en desafiar las reglas del juego (justas o no pero reglas de juego) en un momento en que la emergencia nacional hace patente todas las carencias.

Argentina, igual que Venezuela, ha puesto muchas esperanzas en el salvavidas chino. La reciente visita a Buenos Aires del presidente Xi Jiping se publicitó con la firma de mil millonarios proyectos de infraestructura (represas etc.) de urgentísima utilidad pero…ahora es que se ha venido a descubrir que los chinos son chinos pero no son tontos y en los respectivos contratos  han incluido cláusulas que obligan a renunciar a la inmunidad soberana, obligan a litigar en jurisdicción de Nueva York, supeditan la concesión de los préstamos a que no haya default en ningún papel (default cruzado se llama), obligan a la nación argentina a mantener relación armónica con el FMI y el Banco Mundial, etc.

Lo anterior se trae a colación porque en Venezuela el gobierno jamás ha dado a conocer las cláusulas de los contratos que  se firman con Pekín. No estamos en condiciones de saber si tales extremos también se incluyeron en las operaciones con nuestro país y es por tal razón que invitamos Ramírez para que confirme o desmienta el asunto mostrando los respectivos acuerdos a quienes entienden de esto.

También vale la pena señalar una vez mas (como lo hicimos hace una semana) la estrecha relación entre la política interna de los países y la exterior. Como dijimos OEA, Unasur y demás reivindicadores de la soberanía estatal irrestricta aplauden y abogan por patear la mesa de la deuda y salir con la cabulla en la pata. Esos mismos países son los que  ya hoy y peor aun mañana tendrán que refinanciar sus deudas externas. ¿Quién les va a creer? ¿Quién les va a prestar? ¿A qué tasas? ¿Con qué condiciones?

Pdvsa debe enfrentar en pocas semanas importantes vencimientos. Para atenderlos hay que buscar dinero fresco. Para obtenerlo hay que conseguir préstamos o emitir bonos en moneda extranjera. Sabemos que el zar de la economía venezolana ha debido postergar tres veces su viaje de ventas (road show) a la odiada Wall Street por que ya le han avisado que allí “no va p’al baile”.

En resumen, estas líneas lo que pretenden es mostrar la realidad tan cruda como es, no juzgarla. Es decisión de cada gobierno tratar de convivir con ella lo mejor posible o enfrentarla. Los pueblos que en democracia eligen sus gobiernos deben asumir las consecuencias. Por eso es que la democracia trae indisolublemente atada la noción de responsabilidad y por lo mismo unos van bien (Chile, Peru, etc.) y otros van mal (Cuba, Nicaragua, etc.)

apsalgueiro@cantv.net