• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

Al instante

Y ahora Brasil, pero no dicen nada

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El 25 de abril, en esta misma columna reflexionamos acerca de la cantinela que tiene el gobierno en el sentido de que el mundo se confabula contra él como lo demuestra –en la interpretación de sus personeros- el hecho de que Poderes Ejecutivos, Legislativos, expresidentes, corporaciones académicas, ONG y demás actores de la escena política internacional emitan con cada vez mayor asiduidad y acidez llamados de atención y críticas de diverso calibre contra la violación de derechos humanos, las disputas contra enemigos “virtuales” actores de guerra económica, mediática,  etc.

A la lista de reclamos, que ya tenía suficiente aval por la cantidad y calidad de los reclamantes, acaba de sumarse nada menos que una condena en términos concluyentemente claros del Senado de Brasil sin que hasta el momento de escribirse estas líneas (jueves por la tarde) hayan estallado las furias del procerato “revolucionario” reaccionando  cual vestales ofendidas en su impoluta virginidad por este “asalto imperial a nuestra soberanía”.

En efecto, el Senado brasileño –con la sola excepción de los votos del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula y Dilma– se despachó con una contundente admonición que recoge todos los planteamientos que desde el exterior y desde Venezuela se vienen haciendo como reclamo y reacción a los ya no disimulados excesos que se toleran –o a lo mejor se promueven – en nuestro país desde los círculos del oficialismo institucionalizado o no. Llegan hasta el extremo –perfectamente legal y políticamente correcto– de solicitar la aplicación de la Cláusula Democrática del Mercosur (Protocolo de Ushuaia) a través del cual es posible la exclusión de un país cuyo gobierno irrespete los derechos humanos o el sistema democrático. Tal antecedente no es nuevo en Mercosur y fue aplicado sumariamente  al Paraguay en junio de 2012 cuando la Cámara de Diputados –por voto de 39 contra 4– destituyó al “padrote de América” el exobispo Fernando Lugo, presidente de aquel país por causas similares. En aquella ocasión nuestro entonces canciller Maduro tuvo los riñones de exhortar en la propia sede legislativa paraguaya a los militares para que en acto de fuerza repusieran al jefe de Estado por su calidad de aliado de Chávez. Tal intromisión le valió la declaración de “persona non grata” en aquel país. ¿Sería aquello una intromisión antisoberana? Pregunto nomás.

Luego vinieron roces con España, Panamá, Colombia, Obama, etc. todos ellos con profusión de epítetos mas apropiados para merodeadores de un relleno de basura que para un relacionamiento interestatal. Hace apenas días que Nicolás –tal vez recordando el lenguaje de cuando alguien quería colearse en su Metrobus– calificó de ladrón, corrupto y demás menudencias al jefe del Gobierno de España –Rajoy– amenazando con tomar represalias contra las empresas españolas que operan en nuestro país. Allí fue cuando España medio arrugó.

Pues bien, hasta esta hora no hemos visto ninguna reacción adversa al “exabrupto en contra de nuestra soberanía” cometido por el Senado Brasileño, ni hemos oído ningún epíteto calificando a doña Dilma de corrupta pese a las sombras que sobre ella y sus acólitos se ciernen por las  groseras irregularidades detectadas en Petrobras (de la que ella era presidente cuando estas cosas ocurrían), ni hemos oído crítica alguna a Lula a quien ahora se acusa de lobista y gestor comercial de empresas de su país, ni hemos presenciado amenazas contra las empresas brasileñas que –sin licitación en muchos casos–  han obtenido  las mas importantes obras públicas de los últimos años ni se ha anunciado una “reevaluación general de las relaciones bilaterales” con ese país.

Lo anterior da pie para preguntarse –con algo de fundamento– si es que los pecados cometidos por los aliados ideológicos o políticos son menos pecaminosos que los de las “elites de la derecha parasitaria nacional e internacional” o si es que  las violaciones de derechos humanos cometidas por Pinochet son malas por definición mientras que las de los Castro, Assad, Ahmadinejad & Cía son buenas también por definición. Una aclaratoria en ese sentido o al menos un poco mas de coherencia serían deseables. ¿No lo cree usted?

@apsalgueiro1