• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

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Adolfo P. Salgueiro

Venezuela pide respeto pero no respeta

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Podrá parecer insólito y hasta imposible pero la capacidad del gobierno para cazar peleas inútiles, costosas y que le causen daño  a él y al país luce inagotable.

Hace apenas un par de semanas la gresca fue con Colombia, Chile y Méjico por los insultos y descalificaciones que el señor Maduro profirió en contra de los ex Jefes de Estado de esos países que visitaron el nuestro. Airados comunicados de los gobiernos de los países afectados no se hicieron esperar y –para peor- el del “mejor amigo” (en boca de su habitualmente  guabinosa Canciller) fue bien contundente y claro incluyendo el expreso pedido de liberación de Leopoldo López.

Días antes había estallado el contencioso con Joe Biden  y el propio Obama quienes tampoco se limitaron a linduras diplomáticas sino que calificaron de risibles las descalificaciones emanadas del procerato bolivariano.

No habían pasado sino pocos días cuando otra vez los exacerbados herederos del Gigante la cogieron de frente nada menos que con España en unos términos y un escenario que autoriza a suponer que están ya en el desespero de sus últimos aires o que algún desequilibrio emocional les nubla el juicio. No puede pensarse otra cosa ante la pretensión de amenazar con expropiación (hoy día equivalente a confiscación sin compensación alguna)  a empresas privadas españolas que operan en Venezuela si es que ellas no utilizan su influencia y prestigio para  lograr un cambio en la imagen que la prensa peninsular lleva difundiendo acerca de Venezuela. Incluirá ello mandar a callar el escándalo que se ha prendido allá por la financiación venezolana de Podemos? 

Cebados como están por la forma como ellos se conducen dentro de nuestras fronteras creen que en un país auténticamente democrático como es la España de hoy, el gobierno y/o las empresas pueden arrinconar a la prensa libre. Solo haber pensado en tal posibilidad revela lo desubicados que están, el mal asesoramiento que reciben y muy posiblemente el desespero que les invade, adicionalmente reflejado en los tweets de la “Canciller” Delcy Rodriguez quien reclama respeto para nuestro país cuando ella misma  -igual que sus jefes- es incapaz de respetar a los demás.

Los españoles tienen intereses  materiales que con frecuencia les han impedido jugarse por la democracia venezolana. En una situación con desempleo de 25% sería difícil pedir a sus gobiernos  que sacrificaran  -por ejemplo- fuentes de trabajo en los astilleros Navantia  de Cádiz donde se construían naves para la Armada de Venezuela o exportaciones y/o negocios. Da rabia sí, pero se entiende. Es lo que llaman “realpolitik” que en definitiva significa renunciar a  principios en aras de los intereses.

Pero…al señor Arreaza, Vicepresidente Ejecutivo de Venezuela (quien fue el que profirió las amenazas hasta ahora no desautorizadas),  siendo hijo de diplomáticos, licenciado en Estudios Internacionales por la UCV y Magister nada menos que de Cambridge , parece que se le olvidó o traspapeló todo lo que pudo haber aprendido  en su periplo intelectual cuando tuvo la mala idea de querer asustar a empresas trasnacionales que –como era de esperar- salieron de la bochornosa reunión en Miraflores y se fueron corriendo a su embajada para relatar el chantaje al que fueron sometidas.

Tal como era de esperar, los mismos españoles que por algunos millones de euros prefirieron por mucho tiempo no jugarse por la democracia venezolana, no tuvieron mas remedio  ahora que evaluar aquellos intereses frente a los principios fundacionales de las reglas de convivencia democrática que fundamentan la vida española. Así fue como el Canciller García Maragallo (ningun gladiador en pro de Venezuela hasta el momento) no tuvo otra que salir declarando en términos explícitos cuales son los valores y prioridades de su gobierno y país. A Delcy no le gustó y lo mandó a “lavarse el palto” escudada en “Venezuela se respeta”, en la soberanía, la revolución y demás gramínea que no incluye que Venezuela respete a los demás.

Como opositores que somos en la escena política nacional pudiéramos alegrarnos por la seguidilla de errores garrafales que el gobierno comete en todos los órdenes. Sin embargo, como venezolanos debemos lamentar todo aquello que va sumiendo a nuestra patria en el desprestigio, la miseria y la ingobernabilidad. Como no parece que ellos lo entiendan –o lo quieran entender- pues no cabe sino rogar por que la seguidilla de bochornosos desaciertos no continúe por mucho tiempo mas.

Este opinador está dispuesto a recibir nominaciones que prevean con que país estallará el próximo intercambio de insultos y descalificaciones.