• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

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Turquía-Venezuela-Maduro-Erdogan

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Quien esto escribe ni es ni pretende ser especialista en Turquía, terreno en el que han aparecido algunos “espontáneos”   que hasta ahora permanecían en el anonimato. Solo estuvimos hace algunos años como turistas en la fascinante Estambul y sus alrededores. Con base en lo anterior queda definido el marco de limitaciones que puede teñir nuestras opiniones sobre el tema. En todo caso, el objeto de estas líneas no es incursionar en las profundidades de la política de aquel país, sino tratar de obtener alguna lección que sea útil a los venezolanos que –sin saberlo– vivimos una situación que mucho tiene en común con la de aquella nación (excepto que allá no parecen faltar alimentos).

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, tiene 62 años, la misma edad que tendría el galáctico de Barinas. Ejerce su cargo por la vía electoral desde 2014, luego de haber sido antes primer ministro por 11 años, por lo que igual que sus homólogos venezolanos, Hugo Chávez y Nicolás Maduro, cuenta con “legitimidad de origen”, aun cuando –lo mismo que en Venezuela– hay quien tiene algunas dudas. Lo que sí demostró el turco –igual que Chávez el 13 de abril–   es que tiene apoyo popular y que lo supo aprovechar acudiendo a las redes sociales y a la movilización.

No obstante el origen electoral del mandatario turco, el desempeño de su gestión dista mucho de ser democrático, como lo demuestran los recurrentes, cada vez más numerosos y cada vez más definidos embates dictatoriales que ha desplegado.

La nutrida información que ha venido apareciendo en estos días nos pone al corriente del irrespeto presidencial frente a los demás poderes del Estado, el intento bastante adelantado de doblegar al Poder Judicial, la progresiva introducción del islamismo en un país que por mandato constitucional practica el laicismo, la represión de la minoría kurda, la actitud no muy clara frente al terrorismo de ISIS y el conflicto sirio, las purgas, etc. Entendemos asimismo que la corrupción también ha tomado cuerpo, si no en la persona del mandatario, sí en círculos cercanos. En fin… ¿le suena a algo parecido?

Sin embargo, Turquía en el plano internacional –no ahora, sino desde hace décadas– ha sido un importante aliado de Occidente y  lleva tiempo haciendo esfuerzos por ingresar a la Unión Europea, lo cual le exige mostrar ciertos parámetros democráticos al menos “pour la galerie”.

Ha de ser por todo ello que tanto la Unión Europea como el propio presidente Barack Obama y los más connotados dirigentes del Viejo Continente no dudaron en ofrecer  –en principio–  rápido apoyo y solidaridad al gobierno “legítimo” de Erdogan, el cual –como acabamos de expresar– solo mantiene ahora la legitimidad de origen, mas no la de ejercicio, siendo este último el que parece haber motivado a quienes la semana pasada intentaron un golpe de corte militar, aun cuando por haber fracasado no podemos saber qué desarrollo ulterior hubiera tenido de haber triunfado.

Es difícil opinar acerca de las medidas tomadas por el presidente turco una vez aplastada la intentona, pero es evidente que además de purgar a los militares que desviaron su camino, el hombre ha enfilado con todo énfasis en la destitución de la casi totalidad del Poder Judicial, lo cual –al menos visto desde aquí–  parece encaminado a dar rienda suelta para el control de esa rama del Estado, posiblemente con intenciones que no asoman como muy democráticas. Parece que ahora viene una “lista Tascón” a la turca a través de la cual la purga de opositores será inmisericorde.

En todo caso, hemos ofrecido estas pinceladas –seguramente incompletas– con el objeto de contrastar aquella situación aparentemente muy lejana con lo que acontece en nuestro país, que también pudiera desembocar en alguna solución inédita en la que el “club de gobiernos” del continente y fuera de él optara por privilegiar la legitimidad de origen del señor Nicolás dejando de lado los muy reiterados, evidentes y groseros desvaríos totalitarios que vienen caracterizando las gestión madurista en la que los embates contra la democracia tienen un gran parecido a los que practica el dictador de Turquía. Por eso, la Carta Democrática puede y debe constituir un freno y un alerta.

Sin embargo, hay una diferencia importante entre el mandatario euro/asiático y el colombo/venezolano. La misma la escuchamos de parte de nuestra querida amiga Maruja Tarre en una entrevista radial. Señalaba el hecho de que Erdogan y otros dictadores turcos han sido útiles a los intereses de Occidente mientras que Nicolás no lo es, sino más bien lo contrario. Ante esa constatación bien pudiera ocurrir que en el mundo de la “realpolitik” los de las Grandes Ligas lo dejen al nuestro colgado de la brocha a la hora de la verdad. Por eso, antes y ahora hemos afirmado que la solución en el país será inédita. Los “acontecimientos en pleno desarrollo” pronto despejarán esa incógnita.