• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

Al instante

Trump vs Clinton a la final del campeonato

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

 

Las elecciones primarias celebradas el pasado martes en el estado de Indiana han definido en forma bastante previsible quiénes se enfrentarán en la “gran final” de noviembre por la Presidencia de Estados Unidos.

En la tolda del Partido Demócrata la nominación de Hillary Clinton parece casi un hecho, tanto por haber obtenido en las primarias celebradas hasta ahora un número bastante mayor de delegados ( a la Convención) que su contrincante Bernie Sanders, como también por el hecho de que en la reglamentación de ese partido existe una categoría de convencionistas llamados “superdelegados” (que suman 513) que a través del control de la maquinaria interna parecen estar cuadrados con la ex secretaria de Estado. Así, pues, a menos que Sanders pudiera ganar todas las primarias que restan (que incluyen California como premio mayor) y que ello lo pusiera muy cerca de Clinton, no parece haber lugar para sorpresas. La candidata será entonces la ex primera dama, ex senadora y ex secretaria de Estado.

En el Partido Republicano los resultados de Indiana produjeron la retirada –bastante razonable considerando los números– de los dos precandidatos que aun disputaban la nominación: Cruz y Kasich, lo que deja el camino casi que sin obstáculos para que el repelente pero mediático magnate neoyorquino se convierta en portaestandarte del GOP (Great Old Party), irónicamente fundado nada menos que por Abraham Lincoln. Mejor así, para casi garantizar que esa opción resulte perdedora y tanto Estados Unidos. como el mundo se libren de un bocón populista (de derecha en este caso) que cree y predica que ser billonario y exitoso en los negocios aporta las cualidades y experticias requeridas para ser presidente del “imperio” y, como tal, titular del botón nuclear y demás decisiones cuyas consecuencias –guste o no– afectan no solo a Estados Unidos, sino muchas veces también al resto del mundo. Afortunadamente, hasta la fecha todas las encuestas señalan que el polémico candidato “no va p’al baile”.

Si bien es cierto que “mal de muchos es consuelo para tontos”, sí vale la pena destacar cómo hasta ahora –¡y lo que falta!– las campañas han exhibido un grado de suciedad y bajeza que compite de igual a igual –o peor todavía– con los más vergonzosos procesos latinoamericanos (Argentina, Venezuela, etc.), lo cual da pertinencia a aquello de que “la cosa es igual de asquerosa pero en inglés”, cuadro muy lamentable como preludio para disputar la conducción de una democracia interna que –guste o no– funciona admirablemente.

De conformidad con los patrones de campaña anteriores, puede esperarse que la candidata Clinton, hasta ahora ubicada en la zona media del espectro ideológico derecha/izquierda, haga un guiño hacia el progresismo para atraer electores ubicados en esa zona; mientras que Trump también haga aperturas hacia el centro para ser más aceptable a ese sector que históricamente ha sido siempre el que define los resultados. Es de imaginarse que Trump suavizará su insultante discurso antimexicano sabiendo que ese es un colectivo que aporta muchos votos y probablemente se vea en la necesidad de matizar su radicalización antislámica y antiinmigración por las mismas razones. Adicionalmente, existen muchos ciudadanos que están a la espera de ver un aspirante (Trump) con porte y discurso presidencial de estadista, no un gallito de riña, cosa que hasta ahora no ha ocurrido.

En cuanto a la relación bilateral con Venezuela, notamos que un número nada desdeñable de nuestros compatriotas perciben que  Trump en la Casa Blanca significaría una postura de contención y rechazo más firme al desgobierno chavista/madurista que la que pudiera ostentar la señora Clinton, formada en las lides de la política y el diálogo. Este columnista, apoyado en nutrida experiencia histórica, advierte que “deseos no empreñan”; por ello, quien llegue a sentarse en la Oficina Oval tendrá como primera prioridad atender los intereses de su país y para ello deberá ser ducho(a) en el movimiento de cintura y la flexibilidad que le permita atender su misión en forma exitosa. Si ello coincide con la democracia venezolana, tanto mejor, y si no coincide, no habrá que sorprenderse. Véase cómo en Siria, por ejemplo, pocos jefes de Estado extranjeros apuestan por la democracia mientras que muchos lo hacen por la estabilidad, aunque ello signifique hacer carantoñas a Assad, que no es precisamente el adalid de las libertades; igual como ocurrió durante bastantes años cuando Saddam Hussein era el “bueno” porque se oponía a Khomeini, y después pasó a ser el “enemigo numero 1”; o con los talibanes afganos, otrora aliados en el esfuerzo por expulsar a la URSS de Afganistán, hoy convertidos en decididos enemigos de Occidente, y por el vecindario el antiguo “héroe” Juan Manuel Santos  convertido en “mejor amigo” del tío de los narcosobrinos.

Este columnista anticipa también que la frágil situación de la democracia venezolana será objeto de menciones poco amistosas, lo cual seguramente dará oportunidad a la pobrecita Delcy de ocupar su tiempo en una y mil protestas o encendidas diatribas, mientras el mundo sigue su curso sin dar ya mayor beligerancia a las “boutades” originadas en la cuna del tan mentado socialismo del siglo XXI, que hasta ahora nos viene llevando a donde todos ya sabemos.