• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

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Adolfo P. Salgueiro

Tremendo viaje, ¿y los resultados?

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Nos sentamos a escribir estas líneas inmediatamente después de haber recibido la triste –aunque no inesperada– noticia del fallecimiento de Alberto Quirós Corradi, buen y afectuoso amigo, director que fue de este mismo diario, columnista de aguda e informada pluma, luchador integral en pro del sistema democrático a cuya defensa entregó gran parte de los esfuerzos de sus últimos años coordinando la Mesa de Reflexión Democrática que ha llegado a convertirse en fuente de opinión y consejo –no partidista– de la alternativa que muchos –tal vez la mayoría ya– ansiamos para el país. ¡Paz a sus restos!

Igualmente, al momento de anudar las reflexiones de hoy, el señor Maduro no ha culminado su viaje (acompañado por algunos funcionarios y bastantes turistas por cuenta del erario público). Seguramente que al pisar tierra venezolana avisarán que habrá anuncios importantes, y una vez más no anunciarán nada nuevo que no sean los eslóganes ya desgastados de la guerra económica, el complot internacional, la acción deformadora de la prensa mundial y todas las excusas que cada vez tienen menos credibilidad dadas las circunstancias comprobadamente difíciles que vive el país. Veamos algunas de las características del periplo presidencial.

En primer lugar destaca la opacidad consistente en no decir con claridad cuáles fueron los objetivos del viaje. Obviamente no se trata de develar la estrategia que bien puede ser confidencial, pero el país nacional tiene el derecho de saber para qué su jefe de Estado y heredero del “legado del comandante eterno” se ausentó justo en momentos en que la situación interna del país alcanza un grado de tensión que promueve la impresión de que “aquí va a pasar algo”.

En segundo lugar es evidente que la gira se preparó con mucha prisa y poco profesionalismo. La conclusión es que o la cosa no podía esperar y/o que los que organizaron la gira carecen del profesionalismo que alguna vez caracterizó a nuestro servicio exterior y demás órganos de gobierno.

Lo que sí es evidente es que el señor Maduro fue en busca de recursos frescos que le ayuden a resolver el agudísimo déficit de caja en divisas que sufre el país por razones que no se analizarán aquí porque son de sobra conocidas. Si ese fue el objetivo principal, pues, queda bien claro que no fue alcanzado. La necesidad crucial es de dólares ya, y por lo que se ha dicho (más lo que se ha callado) es evidente que en ese frente hubo un rotundo fracaso. Toda la gramínea de que Pekín ofrece financiamiento, etc., no implica ningún desembolso instantáneo para aliviar el déficit, sino apenas compromisos de mediano y largo plazo que son inversiones (vaya a saber con qué condiciones) y no préstamos. Igual dejaron caer que bancos privados de Qatar ofrecerían asistencia fresca. Imagínese usted a la revolución bolivariana pidiendo prestado a instituciones privadas de un país que no solo es extraño a Venezuela, sino que no comparte sus objetivos políticos ni estrategias económicas por más que el emir haya sido muy amable y cortés con Nicolás.

Por si lo anterior fuera poco, agreguemos la nota tragicómica que consta en declaraciones y comunicados anunciando que como Qatar es un país desértico y Venezuela no lo es, pues, por ello nuestra patria se abocará al cultivo y exportación de vegetales hacia Medio Oriente. Suponemos que tal ambicioso como hilarante objetivo se cumplirá tan solo después de que en Venezuela cesen las colas en los supermercados y la producción local satisfaga al consumidor nacional.

En Arabia Saudita, la fanática canciller Delcy Rodríguez se dio el lujo de fotografiarse con los dignatarios de ese país desplegando en forma desafiante la V de vaya a saber uno que victoria. No será la de la solidaridad del príncipe heredero ni del ministro Al-Naimi, quienes no se dejaron convencer por los argumentos –o ruego tal vez– del primer presidente obrero de Venezuela.

Este columnista invita a repasar los comunicados emitidos al final de cada visita realizada. La versión de la delegación venezolana y las declaraciones de su titular dan cuenta de “importantes conversaciones llevadas a cabo con éxito con el propósito de buscar coincidencias y encontrar soluciones para estabilizar los precios petroleros”. Paralelamente, el comunicado de cada gobierno anfitrión apenas reseña que se llevó a cabo la visita y se abordaron temas de interés común, etc. Naturalmente, con Irán la gramínea es compartida igual como es la crisis, lo cual no impidió anunciar la reanudación de los vuelos Caracas/Teherán “para potenciar el turismo” o el fortalecimiento de la fabricación de vehículos iraníes en Venezuela, donde el cuento ya lleva diez años y todavía no han sido producidos (armados) sino un puñado de automóviles tan solo para la fotografía. (Preguntar por Venirauto a ver dónde está).

Así, pues, habrá que esperar los anuncios, pero más que eso las realizaciones. Lo que sí es evidente es que el momento requiere  unión y no más confrontación. El manejo de ese proceso es responsabilidad principal (pero también compartida) del gobierno.