• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

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Adolfo P. Salgueiro

Todavía creen que se la están comiendo

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En estas épocas de continuado bochorno la esperanza de buenas noticias tiende a desvanecerse en el lodo de desagradables episodios nacionales e internacionales.

Observamos cómo nuestro gobierno y su clientela pedigüeña apoyan las causas más polémicas y anuda alianzas antinatura con naciones y movimientos repudiados por la gran mayoría de las naciones. Así es como vemos ese amorochamiento con Siria y su gobierno, cuyas sanguinarias credenciales han quedado demostradas con el uso de gases tóxicos contra su propia población en el marco de su conflicto interno. Apoya a Irán frente al mundo dentro del ámbito del tema de la proliferación del desarrollo atómico para uso posiblemente militar; condena el terrorismo en general, pero se abstiene de expedirse concretamente sobre las acciones del Estado Islámico que incluyen  decapitaciones y masacres colectivas. ¡Genocidio es el que comete Israel que se defiende, no ISIS que ataca! Anuncia donaciones para el combate internacional contra el ébola mientras faltan insumos para atender localmente el dengue y la chikungunya; es rápido para emitir retóricas condenas ante hechos externos, pero rechaza que organismos como el Grupo de Trabajo del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas (del que se jacta de ser miembro) emita recomendaciones acerca de las detenciones arbitrarias comprobadas y documentadas en nuestro país.

Ese es el mismo gobierno que a pocas horas del horrendo homicidio de un polémico parlamentario ya estaba acusando al expresidente Álvaro Uribe, al paramilitarismo colombiano, a la oposición interna y a la burguesía  (sinónimo de enemigos del régimen) cuando en pocos días la investigación parece ir descubriendo la trama de una podredumbre local de robo y revancha personal. ¿Dónde guardarán sus palabras?

Es el mismo gobierno que no dudó en prestarse –en la propia ciudad de Asunción– a alebrestar a los actores políticos y militares paraguayos para que impidieran la destitución constitucional del “padrote de América” (el expresidente y obispo Lugo) mientras niega entrada o deporta a líderes extranjeros que llegan a nuestro país y tienen la “osadía” de emitir alguna opinión.

Son los mismos que omitieron decir siquiera una palabra cuando el Comité Nobel del Parlamento Noruego otorgó el Premio Nobel de la Paz a la joven paquistaní de 17 años Malala Yousafzai por su lucha en pro del derecho a la educación de las mujeres en el mundo musulmán que casi le cuesta la vida en un sangriento atentado que sufrió en 2012.

Y ahora, como guinda para la torta, sentarán a una novel diplomática nada menos que en el Consejo de Seguridad de la ONU desde donde se garantiza el mantenimiento de la paz y la seguridad internacional en tiempos de crisis mientras –como se mencionó más arriba– repudian acciones de otros órganos del mismo ente mundial.

Entretanto, se llenan la boca con el triunfo de Evo Morales atribuyéndolo al “socialismo de siglo XXI” y al legado del Comandante Eterno, cuando la verdad es que el astuto excocalero ha sabido cultivar una retórica chavista, apalancada con la ayuda inicial venezolana y una –hasta ahora– razonable redistribución de la riqueza y la equidad social, pero no divorciada de la ortodoxia económica y del aprovechamiento favorable de la bonanza. Sin entrar en mayores detalles, comparemos el interés de 5% o 6% anual con que Bolivia emite deuda externa frente al 18% que se le solicita a nuestra Venezuela, que se apresta ya para recibir en estos días el primer embarque de petróleo importado desde Argelia. Venezuela importando petróleo… ¡fin de mundo!

¡Y ellos creen que se la están comiendo!