• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

Al instante

Terminal. Se acabo lo que se daba

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Cuando una enfermedad adquiere carácter terminal eso significa que ya no hay vuelta para atrás y que el desenlace fatal es inevitable aun cuando el momento para que ello ocurra pueda ser incierto. Hay enfermos cuyos médicos informan a los familiares del paciente que “de esta noche no pasa” y pese a ello la agonía puede durar algunos días más, siendo ellos casi siempre los mas críticos y angustiosos. Eso es exactamente lo que ocurre con el señor Maduro y casi seguramente con el resto de su gobierno. Los síntomas están a la vista: el presidente actúa en forma psicológicamente desequilibrada, las ratas ya empezaron a escapar del barco y uno que otro aún procura agarrarse de algún salvavidas mientras el casco del Titanic  anuncia su destino final.

Confesamos que escribimos estas líneas embargados por un sentimiento de vergüenza ajena, sabiendo en nuestro interior que sería mejor dejar pasar el compromiso sabatino de hoy mientras la locura se enseñorea en los círculos cercanos al poder (¿qué poder…?), mientras los actores que hasta hace poco cuidaban el legado del difunto están divididos, mientras desde Miraflores se perpetra un verdadero y auténtico autogolpe al estilo Fujimori (5 de abril de 1992) pero sin que el perpetrador tenga ni la autoridad ni los apoyos necesarios que le garanticen el éxito –al menos económico– como ocurrió en el Perú de entonces.

Esa pena ajena se construye alrededor del hoy mundialmente famoso, cantinflérico y universalmente criticado decreto que pretende imponer un estado de emergencia, de excepción o quién sabe qué cosa, la vergüenza sin atenuantes de la conferencia de prensa que el ocupante de Miraflores utilizó para mentir en forma tan descarada e insultante a los corresponsales extranjeros convocados con urgencia a una reunión a la que no se invitó a los medios nacionales. Causa  también pena ajena –aunque no sorpresa– ver cómo día a día los otrora chavistas de alto coturno (Rodríguez Torres, Alcalá Cordones, Giordani, Navarro, Ana Elisa Osorio y otros) abandonan el barco tan solo después de constatar que sus destinos son poco prometedores. Igualmente repulsivo es ver cómo los “amigos” de antaño que chuparon hasta más no poder (varios de Unasur, los Castro, Podemos, Pablo Iglesias y demás fauna de esa calaña) se dan media vuelta y “si te he visto no me acuerdo”... Hasta ahora los únicos que aún se mantienen fieles con distintos grados de entusiasmo parecen ser los “panas” del ALBA, vaya uno a saber hasta qué punto de quiebre.

Es harto conocido que una de las técnicas para distraer la atención sobre los graves problemas es el intento de buscar enemigos externos, denunciar complots, invasiones imaginarias, atentados y demás comodines que tienen utilidad por un tiempo cada vez menor. En esa ruta se inscribe la deplorable presentación ante la OEA de la pobre señora que accidentalmente ocupa la Cancillería y el puntillazo final de la carta del secretario de la OEA, Almagro, a Nicolás, en la que además de tutearlo (insólito en el ambiente diplomático formal) poco faltó para que un funcionario (como lo es Almagro) mandara al mismísimo c... al jefe del Estado de un Estado miembro. Suponemos habrá hecho alguna medición confidencial de fuerzas.

Ahora que por fin el Poder Legislativo venezolano ya solicitó a la OEA formalmente que se ponga en marcha el mecanismo de aplicación de la Carta Democrática será que veremos quiénes son nuestros amigos y quiénes no. Este columnista tiene fundados temores de que el resultado de esa iniciativa pueda frustrarse teniendo en cuenta que la representación internacional de los países la llevan los poderes ejecutivos y en nuestro continente eso se ha traducido en un “club de presidentes” actuando como los tres mosqueteros, “uno para todos  y todos para uno”. Ahora que el péndulo ha comenzado a cambiar de sentido (Argentina, Paraguay, Uruguay, a lo mejor Brasil, etc.) sería momento de revisar ese tema, especialmente en cuanto a la Carta Democrática, que hasta ahora ha sido  mucho para beneficiar a los gobiernos y poco para los pueblos.

Amanecerá y veremos. Mientras tanto, Nicolás, sigue con lo tuyo, siempre para adelante porque por ese camino vas bien…