• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

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Tarde piaste pajarito

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Cuando estas líneas salgan publicadas ya la VII Cumbre de las Américas habrá celebrado su sesión central y estarán teniendo lugar algunos de los eventos periféricos que tantos comentarios previos han suscitado. En nuestra próxima columna seguramente haremos un análisis de los logros o fracasos que se hayan obtenido, pero hay un tema que amerita algunas reflexiones y ese es el de la presentación en Panamá, el pasado jueves, de una carta firmada por más de una veintena de exjefes de Estado o de gobiernos, liderados por José María Aznar dentro del marco de la Fundación FAES que él dirige y en  cuyo texto se manifiesta seria preocupación por la violación de los derechos humanos y el déficit democrático que existe en nuestro país.

La primera consideración es la que justifica el título de estas líneas : “Tarde piaste pajarito”, ocurrente expresión consagrada por el expresidente Luis Herrera Campins para poner de relieve cuando alguna buena acción –como esa carta– se lleva a cabo fuera de tiempo y por tanto se torna inefectiva.

Un inusualmente numeroso y definitivamente prestigioso  grupo de exmandatarios, todos ellos impolutamente democráticos en su ejercicio público y –ciertamente– todos pertenecientes al centro o centro-derecha del espectro político, incluyendo un premio Nobel de la Paz (Oscar Arias) han decidido pasar al frente por toda la calle del medio para condenar las violaciones reiteradas y evidentes que los venezolanos vemos diariamente pero que en las reuniones multilaterales de ejecutivos en ejercicio se niegan a percibir, comentar y mucho menos condenar por razones diversas pero que en todo caso son subalternas a la obligación moral –y en muchos casos legal– de actuar para denunciar, impedir o minimizar.

A la  aludida carta se agregan los aportes separados de figuras como Felipe González, Fernando Henrique Cardozo, Ricardo Lagos y otros más inclinados hacia la izquierda del centro político que manifiestan idénticas preocupaciones.

De lo anterior surge con patente claridad que la otrora buena imagen internacional que al principio de su gestión intentó cultivar con éxito el Gigante Eterno aún se mantiene –con resquebrajamientos ya visibles– en las reuniones de jefes de los ejecutivos continentales (Celac, Unasur, OEA, etc.) que lo que son es “clubes de presidentes” donde impera la máxima de los Tres Mosqueteros: uno para todos y todos para uno equivalente a la defensa mutua a ultranza de quienes están en el desempeño del poder y que en nuestro continente lo han sido por elecciones que les confieren legitimidad  de origen (salvo Cuba). No importa si esa legitimidad de origen es desafiada luego por la ilegitimidad en el ejercicio.

Sin embargo, pese a la existencia de principios irrenunciables sustentados en la moral, la religión, las cartas democráticas y los tratados universales y regionales de protección de los derechos humanos, a la hora de las chiquitas se dan media vuelta ignorando todo aquello que tanto  han predicado para supeditarlo al interés de la coincidencia ideológica, el clientelismo político y/o económico, etc.

Pero también es cierto –y se está empezando a notar cada vez más– que algunas de esas solidaridades, especialmente las que se habían comprado a punta de real (Petrocaribe, etc.) suelen durar tanto como duran los recursos que se asignaron a los diferentes programas clientelares. Caso patente y dramático es el de Caricom que duró mientras la ubre venezolana (Petrocaribe, Alba & Co.) manaba dólares a discreción y ahora –de golpe– al secarse resulta que las solidaridades se diluyen como siempre ha ocurrido en la historia.

Pero volviendo a los firmantes de la importante carta ya referida, uno sucumbe a la tendencia de decirles “tarde piaste pajarito” y reclamar por qué no vieron lo que hoy critican mientras estaban en su ejercicio. La explicación se encuentra en los dobleces de la política que a veces exige discursos diferentes según donde uno esté sentado. Presidentes y jefes de gobierno necesitan convivir con sus pares y acomodar con pragmatismo intereses que a veces chocan con los principios. Esa dualidad finaliza junto con el cargo y entonces la persona se ve libre de ataduras y en muchos casos con su alto prestigio personal intacto para ponerlo al servicio de iniciativas que desde el gobierno no les era posible. Es por eso que la carta que comentamos tiene el peso que ha demostrado tener, genera los apoyos y críticas que eran de esperar y definitivamente se convirtió en uno de los insumos importantes de la escena política continental de estos días.

Por último, lo que sí amerita un comentario positivo es cuando alguien se la juega no desde el escenario de la historia sino desde el gobierno. Es el caso del canciller Rodríguez Nin de Uruguay, quien acaba de pronunciar en términos indubitables la crítica a los excesos y violaciones que ocurren en Venezuela, país que en teoría comparte con Uruguay la orientación ideológica socialista. ¡Bravo!

Menos mal que en muchos parlamentos ya –tanto nacionales como multinacionales– donde los pueblos están representados en forma plural, la estantería chavista presenta evidentes signos de desgaste que se traducen en las muchas expresiones de preocupación y condena.

Para terminar de ilustrar lo que aquí se afirma recomendamos la página web de la Mesa de la Unidad (www.unidadvenezuela.org) en donde se lleva una escrupulosa y detallada lista de los apoyos internacionales recibidos y que por la “hegemonía comunicacional” muchas veces se desconocen.

 

@apsalgueiro1