• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

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Adolfo P. Salgueiro

Saltos de talanquera

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En lo interno ya es evidente que las deserciones no solo han comenzado, sino que se están incrementando. Los nombres del ex gobernador Isea, del capitán Salazar Villafañe, Aponte, Daquin, etc., más los rumores de abandonos múltiples son ya “vox populi” y las revelaciones que cada uno de ellos va haciendo ante la DEA u otras agencias extranjeras toman estado público y ciertamente preocupan a aquellos que son denunciados, aun cuando ellos pretendan asumir actitudes desafiantes y negadoras.

En el plano de la política internacional es más que evidente que el cuadro ha dejado de lucir favorable al gobierno venezolano. Las lealtades disminuyen y las críticas provenientes de distintos frentes aumentan, todo lo cual produce reacciones tan contradictorias entre los “próceres bolivarianos” que hacen que en la sociedad en general se perciba que ya reina la desesperación o que se ha instalado la demencia. Todo ello genera unas contradicciones que en lo interno y lo externo se comentan bastante.

Veamos por ejemplo el caso de la  reciente visita de los ex jefes de Estado: Pastrana, Piñera y Calderón, quienes llegaron a Venezuela como personas privadas, no representando a nadie, con el propósito anunciado de saludar a un preso en su día y horario de visita y también de participar en un foro político al que se accedía solamente por invitación. Tal actividad fue calificada como injerencia en asuntos internos. Pues bien, apenas días después, en San José (Costa Rica), en la cumbre de la Celac, el presidente de Venezuela, actuando en su carácter de tal, en un mismo discurso denuncia a los ex mandatarios y dos minutos después solicita enfáticamente la liberación de un puertorriqueño preso y sentenciado en una cárcel norteamericana por haber cometido actos terroristas en nombre de la causa independentista de Puerto Rico (de paso rechazada amplísimamente una y otra vez por los isleños cada vez que hay una elección). Según Maduro y su combo, Puerto Rico es una colonia. Según los votantes de esa isla solo 5% se pronuncian por la independencia. Pocas delegaciones se tragaron esa carnada.

Según la Asamblea Nacional venezolana hubo que expulsar a la diputada Machado por haber hablado en la OEA desde silla cedida por la delegación de Panamá. En la Celac el presidente nicaragüense Ortega, sin anuncio ni permiso previo, interrumpe su discurso y cede el micrófono a un independentista puertorriqueño para que se despache en contra del “colonialismo norteamericano”. Ello es celebrado por algunos, no por todos y mucho menos por el anfitrión que mostró su incomodidad.

El “insulso” Insulza, ya en la recta final de su mandato como secretario general de la OEA, hizo tardía gala de sus frustraciones con el régimen venezolano al que le debe parte de los votos que lo llevaron a su encumbrada posición. Ahora sí se victimiza y se incluye en la lista de “ofendidos por los insultos venezolanos”. ¡Tarde piaste pajarito!

Pero lo peor (aunque absolutamente nada sorprendente) es la pirueta de Cuba cuando ya ve que más nada puede exprimir a la república bolivariana y el asqueroso –pero tal vez imprescindible– salto de talanquera de la clientela de Petrocaribe que ante la inminencia de que el “tío rico” perdió su fortuna no dejaron pasar ni un mes para aceptar la invitación a Washington del vicepresidente Joe Biden para participar en un foro de “energías alternativas” en el que además del tema oficial lo que más se conversó fue cómo sustituir no el petróleo por energía eólica o solar, sino como sustituir a Venezuela que ya no podrá seguir regalando crudo ni financiando cuentas incobrables hasta el año de la pera. Pobrecitos, no tienen más remedio que explotar su principal recurso natural que es su “mano pedigüeña” siempre extendida para recibir la cooperación que les permita subsistir. Es triste pero era de anteojito. Ya veremos al Caribe insular abstenerse en las votaciones y más tarde votar en contra de Venezuela cuando sus nuevos benefactores así lo exijan. No los culpamos, solo observamos la contradicción.

Agregue usted las cada vez más frecuentes críticas de parlamentos, organizaciones, partidos políticos y personalidades que alguna vez cantaron loas al “socialismo del siglo XXI” y que hoy ya expresan su desencanto. ¡Hasta los loquitos de Podemos de España no quieren retratarse muy cerca de sus antiguos mecenas para que no les caiga la pava!