• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

Al instante

Pos-Panamá

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Ya la Cumbre terminó. Muchos vieron por televisión todas o muchas de las intervenciones, bastantes más ni se interesaron o –peor aún– ni se enteraron porque, como dicen, eso no hace que aparezca en los anaqueles  la harina precocida, la leche,  el papel tualé ni las demás “delicateses” ansiadas por los venezolanos, tanto los de a pie como los de automóvil.

En la semana transcurrida desde la finalización del evento panameño, muchos han sido los análisis que se han hecho en los que –según el cristal con que se mire– el gobierno de Venezuela salió victorioso al “revolcar olímpicamente” a Obama (como lo sugería el hashtag “#venezuela victoriosa” que el gobierno puso a circular en Twitter) o las apreciaciones negativas de los radicales que son incapaces de descubrir algo de bueno o tierno ni en la sonrisa de un bebé. Hagamos algunos comentarios breves y puntuales.

El reintegro de Cuba a la familia americana debe interpretarse como un evento positivo pero tampoco es que hay que darle las proporciones épicas que desde las tribunas de la izquierda se le asignan. Cuba –que había sido expulsada en 1962 por intentar real pero infructuosamente invadir a Venezuela– fue readmitida en la OEA en 2009 y sin embargo no tuvo entonces interés alguno en reincorporarse. Si lo hace ahora es en el marco de la gran fanfarria de quienes quieren ser “políticamente correctos” y ante la perspectiva de normalizar sus relaciones con Estados Unidos que es lo que les interesa de verdad ahora en que la ubre venezolana se va secando. Castro espera que la relación con Estados Unidos se normalice al mismo tiempo que informa que no hará flexibilización alguna y esa fanfarronada se la festejan con bombos y platillos. Mientras tanto ya el tirano cubano se anotó la primera victoria con el inicio por parte de Obama del trámite de retiro de la isla de la lista de países patrocinadores del terrorismo. ¿No irá a conceder nada a cambio?

Venezuela –con un discurso desubicadamente confrontacional en un clima que lucía bastante pacífico– había pensado en explotar a su favor la cuestión de la orden ejecutiva (decreto) suscrita por Obama el 9 de marzo. Aunque sí encontró eco en su aspiración ello ocurrió con muy diversos grados de entusiasmo.

Desde gran aplauso por parte de los países del Alba (Bolivia, Nicaragua, Ecuador) que tienen un compromiso ideológico con el socialismo del siglo XXI pero lo hacen sin renunciar a las ventajas del “statu quo”: a) Bolivia con excelente desempeño económico; b) Nicaragua hablando paja mientras es privilegiada beneficiaria del Tratado de Libre Comercio de América Central con Estados Unidos, y c) Ecuador mientras su personaje despotrica al tiempo que mantiene el dólar como moneda nacional. Argentina por su parte insistió en confrontar con Estados Unidos como revancha por su autoimpuesto aislamiento de los circuitos financieros internacionales y por la personalidad autosuficiente de su desgastada mandataria despidiéndose ya de las luces y los escenarios.

Con solidaridad verbal de variable convicción (Brasil, América Central). Con solidaridad verbal perceptiblemente inconsistente con la verdadera convicción (Uruguay, Paraguay, Perú, México).

Con experticia de trapecistas caminando en la cuerda floja se desempeñaron los muchachos de Caricom, cuadrados con Guyana, tentados por una nueva alianza energética con Estados Unidos y desencantados con un Petrocaribe en terapia intensiva. No tienen más remedio que pegarse de la ubre  de turno que mane leche. La mayoría son países inviables que lo único que pueden aportar es una docena de votos en la OEA y mas nada. No se extrañe usted, lector, si en pocas semanas o meses se producen los “saltos de talanquera” que este opinador pronostica.

Las reuniones periféricas (Cumbre Alternativa de los Pueblos, rectores universitarios, empresarios) transcurrieron sin mayor pena ni gloria a excepción de la de la sociedad civil donde unos asalariados del gobierno cubano (y por tal razón NO sociedad civil) pretendieron sabotear la reunión imponiendo el pensamiento único castrista frente a los “gusanos” (cubanos miameros) que habían llegado pagándose sus pasajes e impidiendo que en la reunión pudiera haber debate y pluralidad.

Ni se diga el bochorno de la intemperante intervención de Nicolás en el barrio de El Chorrillo –ícono de la izquierda mundial– para acusar al “imperio”. En tan emblemático lugar el susodicho  exigió que Estados Unidos pida perdón e indemnice por los daños causados en 1988 sin recordar que Venezuela debe a Panamá más de 1.000 millones de dólares atrasados con cuya cancelación guabinea desde hace casi 2 años y que ya esta misma semana la vicepresidenta de ese país –la señora Saint Malo– vino a Caracas a cobrar. ¡Ilusa! Adicionalmente, prometió llevar al lugar la Misión Milagro y otros beneficios que en la propia Venezuela están languideciendo y –guinda para la torta– exaltó nada menos que la trágica figura de Noriega (pagando condena en cárcel panameña por narcotraficante) y la de Torrijos que, además de ser caudillo, fundó un partido político que justamente es el que NO está ahora en el gobierno. Pregunta: ¿será eso injerencia? ¿Los señores diputados chavistas de nuestra Asamblea Nacional se verán inclinados a condenar tamaño despropósito como lo hacen ahora con España cuando el cuerpo de diputados  de las cortes por aplastante mayoría alude en forma crítica a la situación de los  derechos humanos en Venezuela?

En fin, la Cumbre no fue inútil ni tampoco histórica. Tendrán que pasar algunas semanas o meses para ver si hubo algún fruto  concreto y/o visible salvo el paseo de más de 1.000 activistas chavistas con viáticos de Cencoex asignados el mismo día en que al “perraje” le eliminaban Cadivi. ¿Irónico o sangriento?

Reconozco que con las canas me he vuelto más escéptico o a lo mejor más realista. Si eso es bueno me alegro. Si es malo pido perdón.