• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

Al instante

París: ¡cuidado con caer en generalizaciones!

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El brutal atentado ocurrido en París abre nuevamente al debate un tema que ya ha sido muy trillado en las últimas décadas y que ahora vuelve a presentarse. Se trata de la actitud que debe tomar el colectivo (Estado, instituciones, etc.) y la propia de nosotros, los individuos.

Por una parte, estamos aquellos que creemos que la generalización es mala consejera y que por lo tanto no debe caerse en el error de creer o afirmar que los musulmanes y/o su religión deben ser contenidos, aislados, expulsados o sometidos a retaliación por el hecho de que unos pocos –pero activos y muy sanguinarios extremistas– ejecuten acciones repudiables como las de las torres gemelas de Nueva York, Atocha o ahora París. Sería lo mismo que afirmar que todos los alemanes son o fueron genocidas porque algunos de ellos –y el gobierno nazi– llevaron a cabo el Holocausto. Tal afirmación carecería de toda lógica y las medidas que se pudieran tomar en contra de los ciudadanos de esa nacionalidad u origen étnico serían injustas por demás.

Por el otro lado se inscriben aquellos que opinan que “más vale estar a salvo que luego arrepentirse” y a la luz de esa postura se pronuncian por la adopción de medidas tan extremas como las injusticias que tratan de combatir o evitar. Son ellos quienes abogan por la expulsión de todos los islámicos de Europa, quienes promueven el aislamiento y las medidas basadas en origen, religión, etc. Una reducción al absurdo del razonamiento anterior sería que los venezolanos en su totalidad fuésemos excluidos de poder entrar a Estados Unidos y Europa por el hecho de que quienes nos gobiernan exhiben dudosas credenciales de honestidad, no son muy diligentes en la cuestión del lavado de dineros ni en el combate a la corrupción y otras prácticas indeseables. ¿Se imagina usted, amigo lector, que en una frontera fuese rechazado, se falte a su dignidad y derechos humanos tan solo por el hecho de ser portador de documentación venezolana?

Así pues es entendible –pero no justificable– que en Europa, Estados Unidos y otros lugares del mundo en estos días se lleven a cabo reacciones poco racionales motivadas en el miedo, la presión pública y mediática, etc. Eso mismo es lo que está ocurriendo –y  casualmente fuimos testigos presenciales de ello– con la forma como en esos destinos se mira con rechazo y se murmura cuando en la calle se ven personas –especialmente mujeres– cubiertas con el velo, chador o burka que distingue a las fracciones musulmanas más conservadoras; o cuando se observa a un hombre con larga barba, etc. Qué tal si ello ocurriera de la misma manera en perjuicio de quienes llevamos colgado un crucifijo o quienes cubren su cabeza con el kipá judío, tal como lo exigen o sugieren otras religiones que en este momento no son objeto del miedo o la ira colectiva. Hay que ver el valor y determinación que se requieren hoy día para revelar la identidad musulmana en Occidente. ¿Que los musulmanes también nos miran feo donde ellos son mayoría? Cierto es, y sabemos que se ha llegado a extremos tales como ocurrió recientemente en Egipto donde cristianos de denominación copta han sido agredidos y masacrados en forma tal vez no muy distinta a como los cruzados o los conquistadores españoles resolvían sus entuertos en otras épocas.

Desde ya reconocemos que el problema que se presenta con los refugiados en cuyo seno parece que han podido colarse los asesinos de París es complicado, pero también lo es el hecho de que cientos de miles de seres humanos tengan que huir y ser tratados como parias no queridos por nadie o aquello de llegar a España y recibir el apodo y trato de “sudacas” de quienes pasaron cinco siglos llegando a nuestras costas buscando ni más ni menos que lo que buscan sirios y africanos hoy: una vida mejor. Quien esto escribe sabe bien de ese tema por ser uno de los miles que afrontó esa decisión pero, en este caso, en la Venezuela de 1972 que nos recibió con cariño y solidaridad permitiéndonos integrarnos sin el mas mínimo inconveniente hasta llegar al honor y privilegio de sentarnos detrás del cartel con el nombre de Venezuela en organismo internacionales. Reconocemos sí que porque nos fue bien en la feria tengamos una visión más positiva pero afirmamos con convicción que una cuarta parte de la de la humanidad (los musulmanes) no pueden ser etiquetados en forma general como enemigos cuando, además de todo, somos herederos  de los mismos libros sagrados, de los mismos profetas y arropados por un mismo Dios.

Estando en el exterior nos llegó la noticia de la muerte de Enrique Tejera París la cual no nos sorprendió por cuanto en nuestra más reciente conversación él mismo –con sus totalmente lúcidos 96 años– nos comunicó con serenidad que el fin estaba próximo.

Enrique Tejera fue para este columnista como un padre, protector y mentor a lo largo de nuestra vida política desde las filas de Acción Democrática, cuando nos recibió en la Secretaría Internacional de la que era indiscutido titular, y fuera de esa tolda cuando ambos nos alejamos de ella por diferentes razones. Siempre fue generoso con su tiempo, con compartir entre las dos familias, con sus contactos y su don de gran caballero. Diferencias sí tuvimos, y muchas, en el campo de la apreciación de la política. Alejados sí estuvimos cuando optamos por caminos diferentes, pero nunca, nunca, por encima del respeto y la amistad. Desde esta columna rendimos homenaje a su memoria. Esos son los ciudadanos que sirvieron bien a la patria y que desgraciadamente hoy ya no abundan.