• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

Al instante

Nicolás, Delcy y las relaciones internacionales

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¿Las relaciones internacionales de Venezuela? Veámoslas reflejadas en algunos  episodios de reciente ocurrencia.

Obama renueva el decreto que califica a nuestro país como un “riesgo para la seguridad nacional de Estados Unidos”. Como es natural, tal cosa no puede ser del agrado de los venezolanos ni de su actual gobierno. Pero… el señor Obama, ciñéndose exactamente a la interpretación chavista del derecho internacional que ve el tema de la soberanía como equivalente a la facultad irrestricta de tomar decisiones inapelables dentro del territorio, pues ha hecho uso de esa atribución, tan cara a la pobre Delcy, y ha resuelto –dentro del marco de las leyes gringas– ejercer su atribución ejecutiva.

Como era igualmente de esperarse, el ocupante de Miraflores, cual Zeus iracundo, tronó desde su Olimpo para denunciar otro complot del imperio que trae como consecuencia la enésima “revisión integral de las relaciones con Estados Unidos” retirando al “embajador” Maximilien Sánchez Arbeláez (que no lo es, sino que está acreditado como encargado de negocios que es de menor rango y no requiere plácet del país receptor), seguramente molestarán o expulsarán a algún funcionario norteamericano en suelo venezolano, pondrán más trabas para la emisión de las visas que desde hace algunos meses son requeridas a los ciudadanos del “imperio” para el ingreso a la patria de Bolívar, despacharán diatribas coprofágicas en los programas insignias de la televisión y radio, etc., etc. Guion ya visto. Lo único que seguramente no harán será cortar los cada vez más escasos envíos petroleros que nutren a Pdvsa del único “cash” contante y sonante, ni tampoco descontinuarán la importación de gasolina y otros derivados que son indispensables para mezclar con nuestros crudos pesados para permitirles su utilización.

Como parte de ese guion está impulsar la matriz de que las posibles “sanciones” son contra Venezuela, cuando visto está que son contra personas individualizadas a las que el gobierno de Estados Unidos considera incursos en delitos contra los derechos humanos, etc.

Lo que seguirá son inflamadas declaraciones de la pobre Delcy, descargas de arrechera vía Twitter, juntar firmas otra vez y “colorín colorado” Mr. Obama ni derogará el decreto ni prestará la más mínima atención al tema igual como pasó el año pasado. Obama es presidente de Estados Unidos, no lo es del ALBA, ni de Unasur, ni de la Celac ni del Foro de Sao Paulo. Ni pensar qué pasaría si en la Oficina Oval se llegara instalar Donald Trump y a lo mejor se le ocurriera construir un muro alrededor de Venezuela exigiendo a Maduro que lo pague como propone para México.

Segunda perlita. El señor Nicolás se permite calificar al secretario general de la OEA, Almagro, como “basura” porque parece que el uruguayo no come cuentos, ni es cobarde como su antecesor Insulza y ha dicho que si se dan las circunstancias considerará impulsar el proceso destinado a invocar la Cláusula Democrática al caso venezolano de hoy. Seguramente habrán olvidado que Almagro fue elegido por unanimidad, con campaña activa a su favor promovida a ruego de Pepe Mujica. Además, Venezuela no solo es firmante, sino que Chávez fue el primer beneficiario de dicho documento en abril de 2002. Naturalmente, la pobrecita Delcy Eloína recorre el mundo con el Twitter y el casette del complot internacional, la soberanía, el injerencismo y demás comodines que cada vez son menos oídos y creídos ni global y mucho menos regionalmente.

La tercera perlita que ha sido poco comentada es la declaración como “persona non grata” de un diplomático suizo luego de ser citado por la inefable Delcy Eloína para  expresar la protesta y desagrado del gobierno bolivariano por que en Ginebra (no en la plaza Bolívar de Caracas) unos venezolanos escenificaron una pacífica y helvéticamente civilizada manifestación (con menos de cincuenta personas) cuando la sucesora de Calvani se encontraba en esa ciudad. Cuando el funcionario suizo explicó a la titular de la Casa Amarilla que en Suiza se permite y protege el derecho de manifestación pacífica y que, por tanto, su reclamo no era atendible, pues la pobre señora encontró procedente declarar al suizo como “non grato”. ¿Qué tal? Calculando el tiempo que esa señora gasta en monitorear, condenar y regañar por Twitter a los injerencistas tenemos la impresión de que será muy poco lo demás que pueda hacer desde el despacho que otrora ocuparon Fermín Toro, Gil Borges, Itriago Chacín, Iribarren, Consalvi y otros que seguramente, por no tener Twitter, pudieron disponer de más tiempo para la reflexión y la planificación, dando así más lustre a nuestra Cancillería que, con todo y sus vicios, nunca abandonó ni entregó nuestros reclamos.