• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

Al instante

Mosca: ahora que ganaron no nos vayan a defraudar

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Finalmente el 6-D transcurrió en paz, pese a las amenazas tanto veladas como explícitas lanzadas desde los más altos y también los menos altos niveles del gobierno. La alteración de los resultados –si alguna vez estuvo planteada– no fue posible ante la abismal diferencia de votos entre los contendientes y la vigilancia internacional ejercida en medio de toda clase de restricciones. El evento en definitiva no fue solo una elección parlamentaria sino que se convirtió en un plebiscito para juzgar la acción y los resultados de una gestión ya demasiado larga y preñada de desaciertos cuyos efectos y consecuencias no requieren de sesudos análisis sino que se aprecian en las colas para adquirir comida.

Entre los venezolanos que votaron por la MUD imperan distintos sentimientos y reacciones, desde los que creen que llegó el momento de la revancha hasta los que estiman que lo que conviene es el diálogo. En las filas del gobierno –a juzgar por las insólitas manifestaciones de algunos jerarcas– hay quienes piensan que lo que llegó es el momento de la radicalización. Para ellos la paliza recibida no se llama derrota sino “triunfo de la contrarrevolución” y para el inefable Nicolás solo se trata de la victoria momentánea de una guerra económica que solo existe en su cabecita y/o en las estrategias de sus asesores electorales. Seguramente también  habrá chavistas razonables que entiendan y absorban lo ocurrido y –como en todas partes– están aquellos que habiendo sido principales responsables ahora reclaman por los “errores” que ellos mismos contribuyeron a generar. “Tarde piaste pajarito” Giordani, Navarro, Osorio & Cía. Solo falta verlos saltar la talanquera.

Lo que sí es evidente es que una rectificación de rumbo resulta indispensable aunque para ello haya que inventar nombres que la hagan más tragable. Aquí no hay posibilidad alguna de solución mientras no haya dólares por más que reconocerlo suene a diablo. Como están las cosas en el país, en el ámbito petrolero y la situación política mundial no parece que la “perversa moneda del imperio” pueda llegar sino de la mano del Fondo Monetario Internacional con algunas ataduras o por vía de inversiones privadas para impulsar la economía que requerirán que antes se reconstituya la confianza. No estamos en condiciones de elegir el salvavidas con el que nos vamos a salvar. ¿O sí?

Pero antes de todo eso habrá que ver que quienes ganaron las bancas en la Asamblea (y sus jefes o referentes políticos) entiendan y sean conscientes de que el interés de la patria está por encima de las ambiciones personales o grupales de ellos. Este columnista –curtido ya en el escepticismo– abriga dudas acerca de tales presagios, fundadas ellas en bastantes desengaños ya vividos como ciudadano de a pie. Si acaso pudiéramos otorgar un cheque en blanco ello sería por muy poco monto y breve tiempo, con ojo avizor y pluma presta para la denuncia.

Hemos abogado y celebramos con entusiasmo la renovación generacional del liderazgo, pero con la misma buena voluntad alertamos a esos valientes jóvenes que se aprestan a empuñar el timón de los asuntos públicos para que no caigan en la tentación de creer que se las saben todas y que las canas son una descalificación para opinar o conducir, etc. Bien afirma el dicho de que quien olvida la historia está condenado a repetirla.

Por último, vale la pena reflexionar acerca de lo que fue y es la MUD. No habrá sido lo ideal pero así y todo logró anudar alianzas que llevaron a un triunfo de proporciones históricas que para eso se constituyó. Lamentamos que en nuestras propias filas hubieran y haya aún quienes pensaban y decían que había negociaciones bajo cuerda entre sus dirigentes y el gobierno. Si las hubo en definitiva los resultados hablan por sí solos. Saludamos a todos aquellos que desde un lugar u otro contribuyeron igual como a la comunidad internacional oficial o no cuya presión contribuyó en forma decisiva para que un gobierno abusivo no se atreviera a amañar los resultados. Sin ellos dudamos que  la jornada del 6-D hubiera podido transcurrir como lo hizo.

En la elección del pasado domingo 6 de diciembre, el gobierno perdió mucho más que un proceso. Ya la imagen del ex presidente Hugo Chávez no genera la adhesión mecánica de otrora. El ciudadano entendió que no tiene vocación metafísica de hablar con los muertos. Aquellas demostraciones de lealtad frente al sarcófago que guarda los restos de un proyecto hegemónico se convirtieron en ceniza. El venezolano se libró de la maldición de los ojos del muerto. El mito que han tratado de forjar como eje de nuestro destino quedó derribado por las fuerzas de la razón. La aureola de invencibilidad y prepotencia también fue destrozada por el voto ciudadano. Las terribles intimidaciones no fueron óbice para que la gente literalmente les pasara por encima a cuanta intimidación quisieron imponer desde el Estado putrefacto. Con el sufragio mayoritario perdieron también los gobiernos que son mantenidos con nuestro petróleo. La cofradía de parásitos internacionales que disfrutaron a placer de nuestras riquezas en desmedro del pueblo pobre recibió su presente. Los grandes mercados de la droga con sus ramificaciones en el mundo ya saben que sus múltiples conexiones gubernamentales serán investigadas a fondo. Los hijos del asesinato ruin en nombre de la redención social deben estar de pompa fúnebre. Esos que escupen muerte amparados en la complicidad oficial deben saber que sus días de veraneo en Venezuela se acabaron. En tsunami electoral venezolano igualmente rodaron grandes protagonistas del oficialismo. Esos que se creían impolutos, seres escogidos a perpetuidad para perturbarnos con su exposición mediática. Llegaron con sus ingentes recursos obscenos a tratar de lograr una victoria a costa de lo que fuere. Al final terminaron castigados por un pueblo hastiado de sus dosis de veneno. Jugaron con la necesidad de la gente, quisieron fabricar una profunda división entre los venezolanos. Ellos se colocaron la corona de los verdaderos hijos de Bolívar. Los herederos de los héroes que nos legaron la patria, los demás son los taimados; los que nacieron en el regazo del imperio norteamericano y que balbucean traición.

Los venezolanos le han dado al mundo una lección de civismo. Aquí nació el proyecto chavista que llevó sus mecanismos siniestros al mundo entero. De la misma raíz salió el antídoto para detener el mal que se había esparcido en muchas direcciones. Tiempos de cambio profundo. Llegó la hora para que esa mayoría obtenida en el reciente proceso se ponga a la altura de su compromiso con la historia…

 

alexandercambero@hotmail.com

Twitter @alecambero