• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

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Mercosur: No te vistas porque no vas

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Habiendo bajado la presión noticiosa del tema OEA y la activación de su Carta Democrática aflora ahora la cuestión acerca de si Venezuela, dada su difícil situación interna, podrá o no asumir la presidencia de Mercosur, que es rotativa semestralmente por orden alfabético y actualmente detenta Uruguay. Paralelamente se plantea también si Venezuela podrá ser objeto de la aplicación del Protocolo de Ushuaia que es ni más ni menos que la Carta Democrática pero dentro del marco de Mercosur y –léase bien– con menos requisitos y vericuetos que su similar a nivel continental. El asunto está muy bien explicado en un atinado artículo de la autoría de nuestro ex discípulo y hoy prestigioso profesor Jesús Ollarves Irazábal publicado en este mismo periódico hace apenas dos días ( http://www.el-nacional.com/jesus_ollarves_irazabal/Ahora-Mercosur-aplicar-Protocolo-Ushuaia_0_879512203.html )

El asunto es muy claro y sencillo: Mercosur es solamente para países democráticos. Cuando en junio de 2012 en Paraguay hubo una cosa rara como lo fue la destitución del presidente Fernando Lugo por el Congreso, algunos países miembros opinaron que ello constituía un golpe de Estado en detrimento de la democracia (pese a haberse seguido el procedimiento previsto en la Constitución) y Paraguay fue apartado hasta tanto retornó a caminos totalmente aceptables para sus socios. Recordemos que el principal instigador de aquella precipitada decisión fue ni más ni menos que Nicolás Maduro, entonces canciller, que consideró apropiado (y no injerencista) alebrestar a los militares locales para impedir la consumación de la destitución del prolífico obispo  “padrote de América”. De paso –aprovechando ese vacío y la complicidad de Cristina Kirchner y Pepe Mujica– Venezuela se introdujo por la ventana.

Si la salsa que es buena para la pava lo es también para el pavo, pues, entonces no cabe duda de que en Venezuela existen muchas, muchísimas, evidencias que exhiben la ruptura de todo atisbo del orden democrático que no es del caso volver a reseñar aquí.

Pero, además de la cuestión del apego o no a la democracia (que no se refleja en la reaparición de alimentos y medicinas a corto plazo), está el tema de que Venezuela no tiene –ni tuvo nunca– vocación alguna que le acercara a Mercosur salvo el deseo del Júpiter de Sabaneta de convertir un mecanismo de integración económica, aduanera y comercial en una plataforma política para la promoción de su idea –hoy fracasada– del socialismo del siglo XXI. Venezuela nunca participó en las negociaciones verdaderamente comerciales ni hizo los aportes requeridos para abordar el asunto de la negociación con la Unión Europea ni mucho menos asumió el “acervo” normativo que había venido construyendo Mercosur desde su fundación en 1991, ni participa del ahora interesante acercamiento a la cuenca del Pacífico. Venezuela no tiene nada que vender a Mercosur (excepto petróleo y derivados que no tienen ni han tenido aranceles aduaneros) y mucho para comprar ya que no producimos nada. La Venezuela de Maduro no quiere nada con la Unión Europea y menos aun en lo comercial, ni quiere asumir un Tratado de Libre Comercio con Israel, como ya lo tiene Mercosur, ni quiere nada que no sea promover la habladera de paja en las instancias políticas. En consecuencia bien le valdría a Venezuela retirarse, o a los demás dejarla de lado. Decir esto no es traición, es realismo. Si uno es miembro de un club debe comportarse según los estatutos del mismo. Más sencillo no se puede explicar.

La alineación de fuerzas al momento para permitir a Venezuela asumir la presidencia de Mercosur en fecha próxima o tal vez en agosto es la siguiente: Paraguay frontalmente en contra, Brasil también en contra, Argentina medio bailando un vals entre las posiciones verbalmente firmes del señor Macri y los “culipandeos” de la canciller Malcorra que –de paso– debe haberse enajenado el apoyo de muchos de los que originalmente vieron con buenos ojos su candidatura a la Secretaría General de la ONU. Uruguay jugando la posición de “legalista”, y aunque es obvio que ni su presidente Vázquez ni el canciller Nin Novoa se la juegan por Venezuela, fuentes altamente confiables nos revelan que el Ejecutivo uruguayo –parte de una coalición– está bastante condicionado en política exterior por el ala “cabeza caliente” del Frente Amplio (Pepe Mujica & Cía.) y por tanto tienen que jugarla con prudencia aunque obviamente abrigan el sentimiento pro democrático que es tradicional de ese país.

Quedará luego por ver cómo quedan las cosas en Unasur, en donde Miraflores pone sus apuestas. La Unasur de hoy no es la de hace tres años cuando Chávez y sus compinches cotorreaban aquello también como una sucursal del socialismo del siglo XXI. Argentina, Brasil, Chile, Perú, Uruguay, Paraguay ya no son cajas de resonancia automática. Así, pues, este columnista no es de los que se oponen a que ese foro asuma un papel decisivo, pese al impresentable secretario general Samper, quien como buen zorro parece ya estar olfateando los aires del cambio.