• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

Al instante

Guyana, ¿ignorancia, desidia o algo más?

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Lo primero es lo primero. Así, pues, antes de abordar el tema que indica el título de este artículo, este opinador –absolutamente libre, “ad honórem” y no sujeto a compromiso con ningún medio de comunicación ni partido político, se siente en la obligación moral de expresar su más decidida e incondicional solidaridad con el presidente/editor de este periódico, Miguel Henrique Otero, como también con los editores de Tal Cual (Teodoro Petkoff) y La Patilla (Alberto Federico Ravell), con motivo de las medidas judiciales de prohibición de salida del país y otras que han sido dictadas en su contra con motivo de la demanda por difamación interpuesta por el señor Diosdado Cabello, fundamentada ella en la reproducción o mención hecha por los medios demandados de informaciones previamente publicadas y ratificadas por un respetado periódico español (ABC). Extendemos la solidaridad a los muchos otros codemandados que, en su carácter de editores, miembros de las juntas directivas, etc., han sido también objeto del privilegio de atraer la enemistad de los círculos del poder hoy día entronizados en Venezuela. Esperamos que la señora jueza intervininente no tenga la ocurrencia de extender sus medidas a quienes somos suscriptores de los medios demandados o a quienes de tanto en tanto accedemos a sus versiones digitales. Uno nunca sabe….

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El domingo 10 se llevaron a cabo en nuestra vecina Guyana elecciones generales. Al momento de escribir estas líneas (jueves 14/5 entrada la tarde) aún no se conocen los resultados oficiales definitivos, aun cuando las proyecciones señalan un ajustado triunfo de la oposición (APNU+AFC) por sobre el oficialismo ( PPP) que lleva más de dos décadas en el poder. De paso sea dicho que en la campaña electoral el tema limítrofe ni siquiera fue mencionado, lo cual nos hace entender que los guyaneses ya lo dan por terminado. Sea como fuere, los comentarios que siguen no variarían mucho si a la hora de los cómputos oficiales el resultado fuere diferente, ya que la reflexión central de estas líneas se enfoca sobre cómo queda la reclamación (o mejor dicho las reclamaciones) de Venezuela sobre áreas terrestres, marinas y submarinas pendientes con Guyana.

Como comentario inicial, podemos afirmar que los derechos de nuestro país sobre las distintas superficies objeto de diferendos han sido perjudicadas por la decisión política del gobierno Chávez/Maduro de privilegiar la alianza política con los países del Caricom por encima de la reclamación de territorio terrestre que con poco resultado pero mucha constancia Venezuela había venido adelantando desde 1966 cuando –con habilidad diplomática– se logró suscribir el Acuerdo de Ginebra que abrió la posibilidad de una “solución práctica” para la aspiración venezolana. Solución práctica no significa “jurídica” (en cuyos confines pudiéramos tener algún tropiezo) sino que ello abría el abanico de opciones que desde entonces se vinieron explorando, primero en forma bilateral y luego con la presencia de facilitadores designados por el secretario general de Naciones Unidas.

Sin embargo, progresos tecnológicos y nuevas visiones del llamado “derecho del mar” abrieron la puerta a aspiraciones guyanesas sobre áreas marinas y submarinas situadas en diversos puntos de las costas sobre las cuales se tramita la solución del diferendo terrestre. Tales áreas parecían –y ahora confirman– albergar hidrocarburos cuya explotación y beneficio dependen de quien resulte ser el dueño.

Es en este dominio cuando Guyana, igual como hizo con su vecino oriental Surinam, se puso a inventar líneas de proyección destinadas a delimitar las zonas donde pretende ejercer su soberanía marítima y consecuentemente explotar los recursos allí existentes. Al hacerlo –en nuestra opinión personal pero ampliamente compartida– el gobierno de Georgetown se ha conducido con evidente ventajismo (por no decir mala fe) al proyectar líneas hacia el mar que no solo están por delante de la zona del Esequibo reclamada por Venezuela, sino que incurren en el abuso de incluir aguas que bañan nuestro estado Delta Amacuro y hasta las bocas del Orinoco.

No se trata en este artículo de reseñar lo que Guyana ha hecho para mejorar su postura, sino mas bien de hacer conocer a nuestro compatriotas lo que Venezuela no ha hecho y lo que ha permitido que otros hagan sin que el gobierno “bolivariano”, que se dice pertinaz defensor de la soberanía nacional, haya protestado.

Cuando durante la IV República Guyana intentó dar algunas concesiones a empresas que aspiraban a explotar recursos madereros o mineros en el Esequibo, nuestra Cancillería (en dictámenes suscritos por este servidor entre otros) advirtió tanto a Georgetown como a los beneficiarios de las concesiones en el sentido de que las mismas no serían reconocidas por Venezuela a la hora de un arreglo definitivo. El señor Chávez, en lugar de continuar esa política, prefirió asegurar a Georgetown que nada haría a cambio de que Guyana y Caricom fueran sus aliados en la OEA y otros foros internacionales donde el “socialismo del siglo XXI” aspiraba a colocar su piquete. A cambio vendrían Petrocaribe, ALBA, compras de arroz, etc., hasta que la ubre se secó y con ella las alianzas mercenarias empezaron a desintegrarse.

Hoy nos encontramos que Caricom apoya a Guyana, lo cual no sería de extrañar por entendibles razones, pero lo que sí es insólito es que Cuba también se cuadre y que hasta algunas islas casi inviables como Estados pretendan disputar a Venezuela su derecho de delimitar en el Caribe tomando en cuenta la existencia de la isla de Aves cuyas consecuencias internacionales nos han permitido delimitar tanto con Estados Unidos (Puerto Rico), Francia (Martinica) y la República Dominicana.

Se pregunta uno si la Asamblea Nacional, tan solícita para declarar no grato a Felipe González, o injerencista a Obama, o agredido al pueblo palestino, o violada la soberanía nacional por que treinta ex jefes de Estado se pronuncien sobre el tema de los derechos humanos no pudiera exhortar el Ejecutivo para que se amarre bien los pantalones y deje de ser negligente, ignorante, entreguista o hasta traidor a los intereses de la patria que tanto proclaman defender.













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