• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

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Guyana - “Dakazo” patriótico

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Durante 16 años de “revolución” el chavismo en ambas versiones (con y sin Chávez) se caracterizó por postergar o minimizar la solución del asunto de la reclamación venezolana sobre el territorio terrestre oriental que conocemos como la Guayana Esequiba. La razón estuvo muy clara siempre, siendo ella la preferencia de Chávez y su combo de “socialistas del siglo XXI” por la “patria grande” a la que pretendió liderar por sobre la “patria venezolana” para cuyo gobierno había sido elegido y ratificado.

Es bien sabido que en el pensamiento y consecuente estrategia del Comandante Eterno fue cardinalmente importante ganar y mantener espacio en las organizaciones internacionales (OEA, Caricom, ONU, etc.) y en los círculos del Tercer Mundo de los cuales Venezuela casi había logrado liberarse durante las décadas anteriores a la catástrofe comunista/chavista. Para ello los votos de las islas del Caribe y los de Centroamérica hacían la diferencia que permitieron a la tal “revolución bolivariana” transitar por caminos de dudosa conveniencia y/o legalidad con la tranquilidad de que la OEA (y su alcahuete secretario general Insulza) no querrían ni podrían interponerse en su camino. Hoy aquella clientela nos ha abandonado porque la ubre venezolana se secó.

Así pues, siguiendo esa estrategia se debilitaron los esfuerzos por llevar adelante las negociaciones sobre el territorio terrestre en disputa, lo cual –como es obvio– favoreció a Guyana que está en ejercicio de la posesión efectiva de la zona en reclamación. Además de eso el Gran Líder puso claro que no interferiría con las concesiones y otros proyectos que Guyana pudiera emprender y adicionalmente prestaría la asistencia material necesaria para lograr –y si fuera posible acentuar– la dependencia de ese país y la lealtad de los demás del Caricom. Al no haber más real no hay más chulos. ¡Elemental mi querido Watson!

Pero… en el curso de esos años ocurrió que se detectó la posible existencia de importantes recursos petroleros y minerales en las aguas que están frente a la zona en reclamación y acontece que esa “posible” existencia se convirtió en certeza y esa certeza pasó a explotación efectiva  del bloque Starbroek por parte de una importante trasnacional norteamericana asociada con una empresa estatal china para el proyecto en cuestión. Ello cambió el énfasis desde lo continental a lo marítimo que –por obvias razones y por el derecho internacional– depende de la previa delimitación terrestre definitiva o sea de la Guayana Esequiba.

No se trata aquí de hacer mucha historia ni disquisiciones legales que siendo importantes no son ni conocidas ni entendidas ni del interés del venezolano de a pie. De lo que se trata es de hacer ver que de buenas a primeras, la inacción y el abandono de la defensa de los derechos de la patria han dado un giro radical para transformarse en una hiperactividad algo exagerada, con características confrontacionales que –dados los antecedentes de nuestro procerato actual– sugieren no tanto un despertar del sentimiento patriótico frente al despojo perpetrado en 1899 sino más bien en la necesidad de otro “dakazo” como trapo rojo concebido para lograr el apoyo de toda la ciudadanía  sin distinción de color político justo en el momento en que el gobierno –hasta ahora entreguista– requiere de un cambio sustancial de la opinión pública de cara al proceso electoral que se avecina y (ojalá que no) como telón de fondo para producir una excusa que permita suspender o posponer la obligada renovación parlamentaria que, pese al abusivo ventajismo gubernamental, se pronostica catastrófica para el chavismo.

Sin entrar en mucho análisis de estrategia para no favorecer a la contraparte, sí podemos afirmar que, en nuestra opinión personal, las acciones que ha tomado el gobierno venezolano al dictar el decreto 1787, aun cuando su finalidad sea mejorar la percepción de su gestión ante una próxima elección, sí puede generar –y de hecho ha desatado ya– una airada reacción por parte de Guyana que por primera vez en casi medio siglo –al ver comprometida su fachada atlántica– pasa de la postura de no negociar nada (porque ello la favorecía en la reclamación terrestre del Esequibo) a “pedir cacao” ante el “atropello” que supuestamente le infiere Venezuela en el diferendo marítimo y que bien pudiera obligarla a negociar una solución práctica que necesariamente requerirá de flexibilidades mutuas. Todo ello sin olvidar las zancadillas que en los últimos años ha perpetrado Guyana en su esfuerzo tramposo –y hasta ahora poco exitoso– de extender su plataforma continental a expensas de sus vecinos.

Lo único que este columnista teme es que con el desespero  casi terminal reinante en Miraflores y sus alrededores se les ocurra desatar una locura como hizo Argentina en las Malvinas en 1982. Sin embargo, aquella aventura militar sureña que, como tal, finalizó en una sonora derrota, al menos tuvo el mérito de erosionar el poco capital político que aún tenía la dictadura de Galtieri obligándola rápidamente a convocar las elecciones que ganó Alfonsín en 1983 y que abrieron el paso a la actual democracia sureña bastante accidentada, pero democracia al fin.