• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

Al instante

Extraños compañeros de cama

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Una frase ingeniosa afirma que “la política suele generar extraños compañeros en la cama” (strange bedfellows). Tal observación es igualmente aplicable a la política internacional y, en definitiva, lo que significa es que la evolución de los intereses puede y suele producir cambios en las alianzas y lealtades. Por tal razón puede deducirse que la política es una actividad complicada en la que los intereses suelen  hacer difícil la convivencia con las ideologías y tal vez sea esa la razón por la cual quienes se dedican al oficio político no son los que pueden exhibir la mayor consistencia entre discurso y acción a lo largo del tiempo.

Lo anterior sirve como marco para abordar el tema de la muy complicada situación que se vive en el Medio Oriente, donde en forma paralela se está desarrollando la diplomacia petrolera, la guerra civil en Siria, el conflicto palestino/israelí y en las últimas semanas la nueva problemática de los “yihadistas” o el Estado Islámico (o califato) cuyo excesos y horrores están conmoviendo al mundo.

En cuanto a la diplomacia petrolera, estamos presenciando que se producen cambios importantes en materia de disponibilidad de hidrocarburos. En efecto, los importantísimos avances científicos registrados en materia de hidrocarburos de esquistos (shale oil) están en camino de convertir a Estados Unidos de importador de energía a exportador de la misma. Tan es así que ya no precisan importar más gas, sino que lo están exportando. En pocos años ocurrirá lo mismo con el petróleo. Igualmente, los descubrimientos de gigantescos yacimientos en las costas de Brasil y otros lugares van construyendo un cuadro de mercado en el cual el petróleo está empezando a sobrar. Ello, sin duda, alterará la importancia geoestratégica del Medio Oriente, de la OPEP y, por consiguiente, de Venezuela, lo cual requerirá un replanteo de actitudes, lealtades y agrupamiento de intereses.

En Siria los demócratas del mundo –y otros menos demócratas– se cansaron de despotricar y conspirar contra el régimen de Bashar al Assad. Hoy día la realidad ha puesto a los actores en el dilema de que deponer a Assad bien puede dar lugar a la toma de control por los yihadistas que son mucho peores. Igualito pasó en Afganistán, cuando la invasión soviética en los setenta que dio lugar al surgimiento y financiación de Al Qaeda para neutralizarla. Bin Laden salió “respondón” y bien sabemos todo lo que hizo. Como consecuencia, el déspota Assad –en términos prácticos– está siendo percibido como un mal menor ante la alternativa que se vislumbra.

El ya largo conflicto palestino/israelí se torna virulento en forma cíclica y da lugar a repudiables excesos de lado y lado. Ahora resulta que el mismo movimiento Al Fatah, otrora fundado por el terrorista Arafat (premio Nobel de la Paz), que gobierna en la Palestina de Cisjordania, es el enemigo acérrimo de los palestinos de Hamas, que gobiernan en la Palestina/Gaza por lo que las lealtades y negociaciones son difíciles de determinar y, por tanto, negociar.

En Irak, luego de dos guerras a todo dar, ahora resulta que la viabilidad del país se ha tornado dudosa por la acción de los mismos yihadistas que amenazan a Siria y que no son de la misma facción islámica radical que gobierna en Irán. Resultado: Irán está dispuesto a ayudar a Irak, está conversando con Occidente para coordinar una acción de contención, y los enemigos mortales de ayer casi comparten el lecho nupcial ante los peligros de hoy que arropan y asustan a todos por igual, vistos los horrores de los que son capaces.

De todo lo anterior, que es supercomplicado, deben extraerse algunas lecciones que puedan ser útiles a nuestro país y su política interna y exterior.

La primera enseñanza es darse cuenta de que los escenarios de altísima complejidad no se pueden manejar con personal improvisado, porque se requiere conocimiento, experiencia y planificación. De allí la necesidad de un funcionariado competente y profesional, al revés de lo que acontece en la actualidad.

Por lo mismo –siendo Venezuela una potencia mediana de escasa relevancia fuera del ámbito estrictamente caribeño– se requiere de prudencia y un protagonismo que no sea ni demasiado vociferante ni confrontacional, porque uno no sabe cómo se alinean las cosas para mañana. Por eso la conseja de que “en boca cerrada no entran moscas”, y de allí la conveniencia de reducir el perfil de nuestra política exterior sin que ello signifique en absoluto abjurar de los principios fundamentales mientras no se resuelvan a nivel interno urgencias tales como abastecimiento, seguridad etc. Venezuela hoy podría servir a la defensa de la democracia, de la justicia internacional y de la paz mucho mejor haciendo un poco menos de ruido.

apsalgueiro@cantv.net