• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

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Adolfo P. Salgueiro

¿España arrugó?

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Hace apenas unos días el escenario verbal de alto volumen planteado por “el hijo de Chávez” presagiaba poco menos que una guerra nuclear con España. A estas alturas la fiereza del enfrentamiento parece haberse aplacado y, si acaso todavía hubiese alguna escaramuza, ahora será con rifles de aire comprimido a lo sumo. ¿Qué fue lo que pasó? No teniendo acceso a “fuentes confiables” sino apenas a información pública y a las herramientas de análisis que nos proporcionan algunas décadas en el oficio, ofrecemos las siguientes reflexiones.

No hay que andar creyendo a pies juntillas que el presidente del gobierno español se rasgaría las vestiduras en defensa de la democracia venezolana, los presos políticos y demás principios que en esta época de pragmatismo más bien son una molesta carga. Más bien pudiéramos suponer que el pronunciamiento del Congreso de los Diputados de España pudo ocurrir pese a Rajoy más que con su sello de aprobación. Al fin y al cabo, esa instancia parlamentaria es genuinamente plural y la votación desaprobando los hechos que suceden en Venezuela contó con el voto afirmativo de la práctica totalidad de los diputados, exceptuando los “ñángaras” que aún existen en aquella península. Sin embargo, hay que reconocer a don Mariano los pasivos políticos que asumió con algunos sectores cuando valientemente recibió a Lilian Tintori. Ese sí fue un acto del Ejecutivo, mientras que el de los diputados lo fue del Legislativo, que no es el que tiene a su cargo las relaciones internacionales.

Por supuesto, nadie en su sano juicio puede aprobar el lenguaje soez y la actitud destemplada de Maduro mentando la madre a quien osa pronunciar el nombre de Venezuela y/o de su gobierno en forma que no sea laudatoria. Tal comportamiento revela un estilo muy cuestionable en materia de relaciones internacionales, las cuales –para bien o para mal– aún se desenvuelven con la misma crudeza de siempre, pero con el ropaje discursivo de un lenguaje convencional más o menos aceptable. El “bullying” y los comportamientos estilo malandro que imperan en nuestra Asamblea Nacional y/o en los programas conducidos por los jerarcas del régimen (Maduro, Cabello, Silva, Zurda Conducta, etc.) no han logrado abrirse paso en el mundo de las relaciones internacionales, aun cuando la guayabera haya sustituido al frac. Pretender besar a la reina de Inglaterra o abrazar estilo “mi pana querido” al emperador del Japón –como lo intentó el finado– siguen siendo comportamientos que, aun cuando superficiales en su forma, revelan desprecio por las reglas generales de convivencia internacional.

Pero… volviendo a lo de España, parece que los muy ofendidos peninsulares, heridos en su honor por la mentada de madre proferida por el chofer de autobús no aguantaron dos pedidas cuando se percataron de que a la hora de las chiquitas no serían ni don Felipe ni doña Leticia ni “por qué no te callas” quienes pagarían los platos rotos, sino las poderosas empresas españolas que operan en Venezuela y que tienen millones de dólares retenidos en utilidades por remesar, jugosos contratos que puedan concederse con o sin licitaciones y demás “ventajillas” nada desdeñables para los intereses ibéricos en estas épocas de austeridad fiscal, desempleo y ajustes que recién ahora comienzan a dar sus frutos. Perder eso por jugarse por Venezuela o por “principios” por muy jerárquicos que sean: “Yo te aviso, chirulí”.

Así, pues, bastó que Nicolás balbuceara un salvavidas: “Vamos a dialogar pero respetándonos” para que el señor García-Maragallo se fuera de bruces afirmando que “recogemos el guante”, etc., etc., y a otra cosa mariposa. Regresan a sus puestos los embajadores, nos tragamos  la saliva, nos damos la mano y hasta el próximo p…

Lo anterior presagia una paz aparente que no demorará en deteriorarse si es que Felipe González hace realidad su anunciado intento de apersonarse en Venezuela como consejero de la defensa de los presos políticos. Ya la “jurídicamente impoluta” fiscal doña Luisa Ortega Díaz ha anticipado que el andaluz no está habilitado para ejercer la profesión de abogado en Venezuela, ni aun dando consejos en la oreja a la defensa de Leopoldo. Por allí vendrá el nuevo roce, el cual no tardará en ser otra vez olvidado ante la aparición del que a su vez le seguirá con Colombia. Todo eso porque estos revolucionarios de vitriólico lenguaje no se atreven ni por acaso a parársele a Guyana que les viene pellizcando el trasero sin ningún disimulo preparando el escenario internacional para que Venezuela pierda su territorio esequibo y las aguas que lo bañan. A ver qué dice de eso la Asamblea Nacional que hasta ahora –siguiendo las directivas del perspicaz diputado Carreño (a) “Directv es bidireccional”– se ha negado a investigar el tema pese a los reiterados reclamos no solo de los despreciables “escuálidos de la burguesía parasitaria” sino de Venezuela en su universalidad.