• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

Al instante

Cumpliendo la veda preelectoral

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Como estamos en días de veda preelectoral acatamos la normativa respectiva aunque haya sido más que evidente que hay quienes no le hacen mucho caso a esas minucias.

Es por ello que habíamos pensado dedicar estas líneas a tratar de dilucidar hoy el antiguo dilema del sexo de los ángeles o abordar las teorías de la flotabilidad del corcho o de la inmortalidad del cangrejo, lo cual representaría el acatamiento estricto a lo que dispone el muy serio e imparcial organismo electoral que ha organizado y arbitra el proceso que culmina mañana dando cifras que seguramente serán recibidas y respetadas por tirios y troyanos dada su credibilidad cimentada en los ya numerosos y pulcros procesos electorales automáticos y computarizados hasta ahora llevados a cabo.

Sin embargo, es recién ahora que caemos en la cuenta de que el tema del sexo angelical resulta espinoso toda vez que desconocemos si en esa materia rige la igualdad de géneros que la ley requiere. En todo caso –Dios, las feministas y el CNE nos excusen– hemos percibido que en la anatomía genital de los querubines pintados en los artísticos frescos vaticanos, aparecen unos diminutos apéndices que permitirían inclinar esa centenaria duda en pro de uno de los polos de la compleja ecuación: la masculinidad. De no ser así deberíamos completar nuestro abordaje  diciendo “ángeles o ángelas” resolviendo de paso el dilema que se plantearía a nuestros voceros oficiales tan dados a trajinar en esas exquisiteces de la lengua cervantina. La Real Academia Española ya dijo que tales preciosismos son redundantes, pero para que ello no se interprete como injerencia imperial en los asuntos internos de esta patria soberana preferimos esperar la aprobación de nuestros tribunales y la correspondiente resolución votada por al menos una de las bancadas de nuestra plural Asamblea Nacional. “Venezuela se respeta”, dicen siempre los voceros y nosotros les damos la razón.

En cuanto a los restantes temas que originalmente habíamos pensado: la flotabilidad del corcho y la inmortalidad del cangrejo, no nos atrevemos a discurrir sobre ellos porque no tenemos idea ni tampoco la temeridad de algunos de esos que incursionan –hasta en cadena a veces– en terrenos que desconocen.

Expresado lo anterior y esperando no haber desilusionado a quienes hoy sábado asumieron la tarea de leer lo que pudo ser un análisis de política internacional,  solo nos queda decir aquello de que “colorín colorado, este cuento se ha acabado”. Y si para el sábado que viene aún figuramos en cartelera prometemos entretenerlos con algo tal vez más concreto y que seguramente se relacione con el destino de nuestra patria que en este día de hoy aún luce borroso.