• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

Al instante

Cuba-EE UU: ¿Qué espera cada uno ahora?

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El lunes pasado se reabrió la Embajada de Cuba en Washington, próximamente se reabrirá la de Estados Unidos en La Habana. La ocasión ha sido ampliamente reseñada por los medios y mucha gente cree que cincuenta y cuatro años de enfrentamientos han quedado atrás. Craso error. Apenas si ha comenzado a desmontarse un andamiaje institucional y cultural en el que cada uno de los actores principales  – y otros periféricos- hacen sus apuestas para ver cómo salen mejor librados.  En estas fintas iniciales es Cuba la que parece estar obteniendo más beneficio que Estados Unidos.

Cercenada la ubre venezolana como consecuencia no de una decisión, sino de los tercos dictados de la economía petrolera, Cuba requiere otra teta de la cual pegarse en estos momentos en que su propia economía inicia un proceso de transformación. Esa nueva fuente no puede ser otra que la mayor potencia del mundo, situada a tan solo 90 millas de distancia y que desde siempre –por ley gravitacional- ha influido (para bien o para mal) en el desarrollo de la isla.

Cuba busca la mayor cantidad de beneficios que pueda obtener de Estados Unidos dando a cambio el menor número de concesiones, especialmente en lo político. Para Cuba la regularización es cuestión de vida o muerte. Para Estados Unidos, desde el punto de vista económico, no lo es en tanto que la economía cubana seguramente es menor que la del menos desarrollado Estado de la Unión.

Estados Unidos – o mejor dicho Obama ya con el sol a sus espaldas- busca consolidar su legado para trascender de la mera política al bronce de la historia como el mandatario que cumplió buena parte de sus promesas electorales haciendo realidad muchos anhelos colectivos desde el Obamacare hasta la finalización  de la participación norteamericana en las guerras en Afganistán e Irak.

En lo regional, seguramente que el gobierno de Estados Unidos esperará que este importante giro en su política hacia Cuba contribuya decisivamente a desmontar el obstáculo y la excusa que los países latinoamericanos siempre han esgrimido en contra de la política exterior del “imperio”. Parece que eso está empezando a dar algún fruto a partir de la  reciente Cumbre de Panamá, el apretón de manos histórico Castro-Obama y la rápida exclusión de la isla de la lista de países que propician el terrorismo.

Falta ahora lo más importante y tal vez lo único que llevó a Cuba a realizar su arriesgada pirueta: la eliminación del embargo económico, que brindará un sustancial mejoramiento del nivel de vida del pueblo cubano tan rápida o tan lentamente como Cuba haga algunas aperturas. Es sabido que tal decisión no es del presidente de Estados Unidos, sino del Congreso de ese país.

Mientras tanto, los cubanos se empeñan –al menos públicamente- en mantener unas exigencias máximas que solo pueden descarrilar o retardar sustancialmente el proceso. Nos referimos a la devolución de Guantánamo y a la indemnización por pérdidas económicas causadas por el embargo y otras razones.

Guantánamo está en poder de Estados Unidos como consecuencia de un tratado suscrito entre ambos países en 1903, ciertamente bajo presión norteamericana. Aun cuando ello es criticable, se pregunta uno por ejemplo si las fronteras entre Alemania y la Unión Soviética o entre Alemania y Polonia acordadas después de 1945 o la casi totalidad de ese tipo de tratados no han sido objeto de presiones muchas veces indebidas. La otra alternativa es la revisión total de las fronteras  en el planeta, lo cual es irrealizable porque se volverían a abrir todas las heridas que las causaron. Ello no impide negociar una modificación al Tratado de 1903,  pero la aprobación de ello depende del Congreso (Poder Legislativo) y no del presidente (Poder Ejecutivo).

En cuanto a indemnizaciones, es preciso tener en mente que al nomás triunfar la Revolución Cubana confiscó las propiedades de ciudadanos y empresas norteamericanas, lo cual significa tomarlas sin pago alguno. En retaliación, Estados Unidos congeló los fondos del gobierno cubano que para el momento estaban depositados en el sistema bancario norteamericano.

Estados Unidos espera que la flexibilización del flujo de personas y de capitales se traduzca en la penetración cultural de las ideas democráticas y libertarias hoy inexistentes en Cuba. Aspiran a duplicar el caso de cuando la famosa cadena de comidas rápidas McDonald’s instaló su primer local a metros de la Plaza Roja de Moscú y de allí se extendió la “contaminación” que dio al traste con el comunismo soviético y luego mundial. Cuba cree –y seguramente espera- que tal fenómeno no ocurra,  pero será difícil impedir que la visita multitudinaria de familiares y turistas no vaya a dejar sembradas algunas ideas que tarde o temprano madurarán.

Como actor periférico de este proceso la Venezuela chavista –genuina o cínicamente comprometida con el internacionalismo comunista- se ve dejada de lado en la forma más sangrienta y desconsiderada, sin siquiera haber sido avisada de lo que se gestaba. Peor aún, pudiera Venezuela convertirse en un pasivo para la “reconciliación” en cuyo caso –a juzgar por las múltiples experiencias de la historia- bien pudiera ser desechada sin miramiento alguno. El agradecimiento no ha sido, ni es, ni será un elemento decisivo en la política exterior de los Estados. Para muestra mirar lo que hicieron los pedigüeños cuando Petrocaribe dejó de ser el “tío rico” del vecindario.

OTRO TEMA: Este columnista no puede dejar de reírse –o a lo mejor llorar- al constatar que en la Gaceta Oficial de Venezuela número 40707 del pasado martes 21 aparece publicado un “Acuerdo de Solidaridad de la Asamblea Nacional con la Justa Batalla que libra el Pueblo de España ante la aplicación de la ley mordaza” (las mayúsculas son de la gaceta).  ¿Será injerencia o será burla? ¿No es esa misma mayoría parlamentaria la que pone el grito en el celo cuando a Venezuela se la critica con el pétalo de una rosa?