• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

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Adolfo P. Salgueiro

Cosas que se me ocurren

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Las consideraciones que siguen no van a hacer aparecer el papel tualé, ni la leche ni la harina precocida. Tampoco acabarán con las tediosas colas que hoy ocupan parte importante del tiempo potencialmente productivo de la ciudadanía. Sin embargo, no por eso son menos determinantes en el desarrollo y conclusión de la crisis en la que llevamos meses sumidos.

Es posible que Obama haya emitido su ya famoso decreto por causas muy distintas a la “emergencia nacional” interna o la protección de los derechos humanos en una nación como la nuestra. Puede haber algo de principios y bastante de intereses, pero lo cierto es que el ruido generado ha servido para que Caracas encuentre el enemigo externo que le sirva de excusa para disimular las carencias y angustias que nos esperan en los meses por venir. Es posible también que todo el asunto obedezca a razones de política doméstica norteamericana a fin de contraponer la imagen de “blando” que ha cosechado el presidente Obama por las concesiones y debilidades exhibidas en otros escenarios internacionales. Ahora se las puede echar de “duro” con los factores políticos gringos enfrentándose con un gobierno como el de Venezuela, en acelerado proceso de desgaste, soportando un reducido costo político para él.

De allí a afirmar –como se ha hecho– que Obama se convirtió en el manager de la campaña electoral del gobierno venezolano, creemos que es un despropósito que convierte a quienes así lo creen en émulos de la muy vernácula “Gata Flora”, cuyas contradicciones en materia de sexo son bien conocidas en el argot venezolano. Nuestra opinión –ampliamente insultada  con agravios en mensajes circulados por las redes sociales con motivo de nuestras numerosas intervenciones en los medios durante esta semana (gusano, arrastrado, agente de la CIA, etc.) es que el tal decreto –que no es precisamente una lindura– se basa en el derecho interno de Estados Unidos y las sanciones que impone se limitan al territorio de ese país y están dirigidas a ciertas personas determinadas que –de así desearlo– podrán concurrir a  tribunales libres e independientes para clarificar sus situaciones. Muchos lo han hecho ya con éxito. ¿Podrán Bush, Cheney, Rubio & Cía., afectados por el decreto retaliatorio de Maduro, litigar en los nuestros para no perderse sus muy anheladas vacaciones en Tucacas o Margarita  o la recuperación de los fondos congelados en el Banco del Tesoro?

A propósito de lo anterior traemos a colación la intervención del señor Maduro en la Asamblea General de la ONU el pasado mes de septiembre y en la Cumbre de la Celac hace escasos cincuenta días en las cuales abogó por la independencia de Puerto Rico (deseada tan solo por 5% de sus habitantes en todas las elecciones) y además exigió la amnistía para un terrorista puertorriqueño condenado por un tribunal de Estados Unidos. ¿Será eso intervención o injerencia? ¿Qué pensarán Maduro & Cía. de la “travesura” del comandante Daniel Ortega que en la misma sesión del Celac tuvo el tupé –sin avisar al anfitrión– de ceder los últimos minutos de su tiempo de discurso para sentar en  el asiento de la delegación de Nicaragua a otro independentista de la misma isla que denunció el “colonialismo” al que el “imperio” somete a su isla cuyo nivel de vida supera el de todos los países del continente? Por menos que eso a María Corina la expulsaron de la Asamblea Nacional y a Panamá se le acusó de títere del “imperio”.

Otra cosa que se va haciendo evidente es que las solidaridades (algunas genuinas, otras mercenarias) expresadas en los comunicados de ALBA y Unasur en recientes reuniones son cada vez más tibias. ¿Por qué no llevó el caso a la Celac donde alguna de su clientela desatendida ya no celebra sus gracias y “boutades”? ¿Por qué será que los clubes de presidentes se apoyan unos con otros mientras que varios legislativos, entes supranacionales como el Europarlamento ,ONG, foros y personalidades de primer orden como el papa Francisco abogan por el diálogo, al tiempo que otros antiguos aliados se han vuelto distantes?

¿Será que medio mundo o más es apátrida, injerencista,  sionista, dominado por los medios, oligarca y de extrema derecha? (Internacional Socialista, Amnesty, Human Rights Watch, Le Monde, The Washington Post, etc.). Ese es el mismo mundo perverso que le permite al gobierno venezolano comprar una página entera en The New York Times para exponer su punto de vista (plagado de mentiras pero su visión al fin…).

Sin conocer la complejidades del mundo militar ni de su apresto operacional, parecen tragicómicos los despliegues de defensa cívico-militar escenificados el pasado fin de semana. Este columnista sugiere otro ejercicio de soberanía que seguramente pudiera ser más efectivo: suministren leche, harina, aceite y demás rubros de primera necesidad para evitar las odiosas colas. Sin estar en las colas los venezolanos responderíamos con mayor rapidez a los llamados para enfrentar al enemigo arropados unánimemente en la frase de Cipriano Castro en 1902: “La planta insolente del enemigo jamás hollará el territorio de la patria”, pero –eso sí– ojalá que esta vez con más éxito que cuando “el Cabito” hizo su inmortal pronunciamiento para poco después irse a curar no al Táchira sino a Alemania.