• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

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Contaminación sónica frente a la Asamblea Nacional

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Permítasenos relatar una experiencia vivida por este columnista el pasado martes 2 de febrero en la sede de la Asamblea Nacional ante cuya Comisión Permanente de Política Exterior, Soberanía y Fronteras fuimos convocados junto con algunos otros compatriotas que se supone conocemos algo sobre el tema.

La convocatoria oficial fue hecha con la anticipación y formalidad protocolar  requeridas además de solicitársenos los números de cédula a fin de facilitar el ingreso al Palacio Federal Legislativo, en cuyo salón denominado Miranda se llevaría a cabo el encuentro.

Presentes el día y hora indicados accedemos al palacio por la puerta ubicada entre las esquinas de Monjas a San Francisco observando que la circulación de toda la cuadra está cortada por vallas metálicas custodiadas por numerosos efectivos de la Guardia Nacional que solo permite el paso a quienes demuestren que tienen algo que hacer en el lugar, todo ello sin perjuicio de que en la acera de enfrente existen otros inmuebles que tienen sus propias actividades.

Iniciada la reunión observamos que a la misma solo asistieron los diputados de la MUD, ninguno de los de la bancada oficialista. Ubicados cada uno en su sitio el presidente de la comisión, diputado Luis Florido, nos dio la bienvenida y acto seguido, cual si hubiese habido una señal, un equipo de sonido de altísimo volumen se instala frente a las ventanas del salón (en la cuadra cuya seguridad y tranquilidad está confiada a la Guardia) y comienza a bombardear el encuentro con altísimo nivel de decibeles incluyendo potente “woofer” de vibración ultrabaja y supermolesta. La función, cuyo repertorio puede el lector adivinar, duró exactamente dos horas y media impidiendo casi en forma absoluta el diálogo que se pretendía llevar a cabo en esa instancia legislativa.

Terminado el encuentro nos pareció conveniente retirarnos del palacio por la puerta opuesta, la de la esquina de Capitolio, donde observamos que allí también estaba estacionado un camión con potente música apuntada hacia otra ventana de la Asamblea donde –imaginamos– se estaría llevando a cabo alguna reunión similar.

Lo anterior es un hecho concreto vivido por numerosos partícipes cuya lista debe estar registrada en la sesión de la comisión y que no nos sentimos en libertad de enumerar.

La razón por la cual se relata el episodio es para promover entre quienes tienen la generosidad de leer estas líneas una reflexión acerca de cuál es la actitud del oficialismo (no sabemos si Ejecutivo, PSUV, alcaldía o quién) acerca de cómo ellos están en plena etapa de negación de lo que ocurrió el 6-D  y pretenden ignorarlo o neutralizarlo con acciones desesperadas destinadas a impedir –creen ellos– que la Asamblea Nacional pueda cumplir las funciones para las que fue elegida. Otras armas son la utilización del TSJ, la no comparecencia de los funcionarios citados, las agresiones físicas y atropellos a diputados de oposición mientras llegan o salen del palacio, etc.

La seriedad, determinación y profesionalismo que percibimos en la accidentada reunión nos indica que con mayores o menores dificultades el Poder Legislativo llegará a ocupar el espacio que constitucional y políticamente le corresponde. No podrá hacer aparecer las medicinas ni la harina precocida, que es lo que más interesa a la población en general, pero con episodios como el comentado y muchos otros ya ocurridos, más los que tendrán lugar, seguramente se irá plasmando la percepción acerca de quiénes son los culpables de la situación que hoy se vive. El precio es caro, pero parece ser el que hay que pagar para que este ciclo demencial que hoy agoniza termine de fenecer para dar lugar al inicio de una solución.