• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

Al instante

Adolfo P. Salgueiro

Alianza del Pacífico/Mercosur – Idiomas diferentes

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Hace justo una semana fue la reunión de los cancilleres de los países de Mercosur con los de la Alianza del Pacífico celebrada en Cartagena. El propósito declarado de tal encuentro era el de que cada bloque explicara al otro su forma de funcionamiento y la exploración de una posible integración entre ambos.

Hoy día nadie puede pensar que la integración no sea una meta deseable, especialmente la económica. Aclarado eso hay que ser realista en cuanto a la costumbre que ha surgido en nuestro continente de crear cada vez que se puede una nueva instancia donde todos o algunos de los miembros de alguno de los esquemas existentes tengan que verse otra vez como partícipes de múltiples organismos. ¡Cilantro pero no tanto!

En pocos lustros, como consecuencia de la indudable conveniencia de la integración, aparecieron Aladi, Mercosur, Comunidad Andina de Naciones, G3, ALBA, Celac, Unasur, y algunas otras instancias todas –o casi todas– seguramente concebidas con la mejor intención de muchos y alguna ambición de dominación de algunos. No es que tal cosa sea mala, por el contrario, pudiera tener buenos efectos, pero el asunto es que la proliferación de iniciativas cuasi paralelas hace que los partícipes tengan que estar viajando a cada rato para verse las caras, hacer algo de turismo y generalmente repetir los mismos discursos, especialmente si la reunión en cuestión es transmitida por televisión satelital, en cuyo caso nadie habla para los allí reunidos sino para su público local nacional votante. ¿No existen acaso Internet y/o conferencias vía satélite?

Lo anterior representa un gasto considerable con poca rentabilidad, la creación de una burocracia nacional/internacional costosa para la preparación, anfitrionía y seguimiento, y todo ello para lograr –cuanto más– alguna declaración de mayor o menor rimbombancia con la eventual inclusión de algún exabrupto innecesario (que ocurrían de vez en cuando si asistían Fidel o Chávez) todo ello con muy poca incidencia en  procesos cuya única posibilidad de éxito se basa en la voluntad política de las partes. Los ciudadanos de a pie del continente ya prestan poca o ninguna atención a estos temas que, siendo de crucial importancia, se han proletarizado por tanto dar vuelta sobre las mismas cuestiones sin que se le vea el queso a la tostada, quedando todo ello relegado a discusiones entre especialistas, académicos y diplomáticos .

Como prueba de lo que se afirma este columnista le pregunta a su paciente lector si es que en verdad recuerda que hace hoy tan solo una semana hubo una reunión entre Alianza del Pacífico y Mercosur en Cartagena y, más aún, si sabe de qué se habló y cuál fue el resultado. La respuesta sincera de la mayoría seguramente es negativa.

Pero en todo caso la reunión sí se realizó y sirvió para demostrar algunas cosas que no por evidentes no merezcan ser comentadas.

Primero: la Alianza del Pacífico está integrada por países que han conseguido deshacerse de las cadenas de la ideologización de la economía (Chile, Colombia, México y Perú) que no por nada lideran las estadísticas continentales de desarrollo.

Segundo: la Alianza exige tres requisitos para el ingreso: a) Estado de Derecho, b) democracia y c) orden constitucional. ¿Será un milagro el resultado de quienes los cumplen y quienes no? ¿Venezuela pudiera ingresar?

Tercero: los miembros de la Alianza tienen claro que el objetivo es primero económico y sobre la base de ese logro abrir otras metas muy deseables pero inalcanzables si no hay riqueza para repartir. La Comunidad Andina y Mercosur empezaron bien pero se enredaron cuando quisieron mezclar peras con manzanas transformando un esquema económico en una plataforma para vociferar reivindicaciones políticas deseables, sí, pero que son harina de otro costal.

Cuarto: la Alianza, en menos de un lustro desde su creación, ha logrado exportar casi el doble que Mercosur que lleva dos décadas de dimes y diretes de rivalidades intrarregionales y discursos divisivos entre sus miembros más importantes e industrializados (Brasil y Argentina) y frente a los pequeños que se sienten ignorados (Uruguay y Paraguay). Era por eso que el candidato perdedor en Brasil, Neves, proponía un giro radical para ese asunto.

Quinto: que la Alianza sea del Pacífico no es un asunto geográfico sino que refleja una mirada moderna y práctica hacia la zona del mundo donde se escenificarán los éxitos y fracasos de este siglo XXI. Nuestro futuro se anuda más con Singapur, Malasia, China, Vietnam, Corea, etc., que con Guinea, Zambia, Mali, Congo, etc., a los que hay que respetar y ayudar, pero no creer que serán socios de nuestro desarrollo.

Sexto: por todo lo anterior fue perfectamente natural que la reunión revelara el evidente cortocircuito existente entre los dos bloques. Uno coronado por el éxito y el otro enredado en debates estériles. Muy claro lo puso el inefable Rafael Ramírez en entrevista con Telesur al final de la sesión al comentar las dificultades de entenderse entre dos bloques que hablan lenguajes distintos. Más aún cuando el que la va llevando peor afirma que su sistema es exitoso.

Habrá otra reunión igual en Chile en noviembre. Dudamos que tenga mejor éxito.