• Caracas (Venezuela)

Adolfo P. Salgueiro

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Adolfo P. Salgueiro

Ahora que somos pobres nos dan la espalda

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En fecha 27 de diciembre pasado, cuando el gobierno ya se había embarcado en la onda de culpar a una supuesta “guerra económica” de los difíciles momentos que atraviesa la república, en esta misma columna escribimos un artículo titulado “¿Guerra económica o mal gobierno?” en el que aspirábamos a desnudar la técnica gubernamental de nunca ser culpable de nada porque todo es culpa de la cuarta república (fenecida hace 16 años), de la “oligarquía” (desmantelada ya) de la MUD (languideciente) o hasta de la Madre Teresa de Calcuta pero nunca de los conductores ideológicos ni de los ejecutores del proyecto “socialista del siglo XXI”.

Hoy, en los casi dos meses transcurridos desde el fin de año, el cuadro se ha agudizado, las restricciones se incrementan dando lugar a acciones represivas del gobierno tanto en el plano económico como en el de los derechos humanos que en definitiva lucen como esos actos desesperados que se dan en llamar “manotazos de ahogado” siendo el cenit de ellos la “hermosísima” Resolución 8160 emanada de la pluma democrática del señor general Padrino.

Si un médico directivo de su gremio profesional denuncia la falta de insumos (doctor Sarmiento en Maracay), pues, se lo llevan preso. Si otro directivo del gremio farmacéutico da a conocer que faltan medicinas e insumos, pues, también lo invitan a “pasar a conversar por el Sebin” u organismo similar. Si una de las principales cadenas de farmacias permite que se forme cola frente a sus instalaciones se le acusa de boicot porque no están abiertas todas sus cajas registradoras, y sin otro trámite se detiene a sus directivos y se adscribe a Pdval, igual como se hizo con los abastos Día a Día que seguramente serán saqueados y mal administrados hasta que colapsen y ocurra lo mismo que con la fenecida Agroisleña que convertida en Agropatria no demoró en colapsar en manos de los próceres bolivarianos encargados de su administración.

A ello agréguese la negación de las colas y su prohibición (realidad constatada  por los tres expresidentes que nos visitaron hace días), el maltrato al que se somete a quienes hacen tales colas, etc. En fin… el sol no se puede tapar con un dedo.

Y para entrar en lo que este opinador trajina –la escena internacional– ahora resulta que buena parte del mundo se ha alineado con un proyecto de desestabilización solo soñado por Nicolás, Cilia, Diosdado y su cortejo de funcionarios que creen –o al menos afirman– que es desde Washington que se mueven los hilos maléficos destinados a hacer desaparecer el exitoso (Ramírez dixit) modelo de sociedad que en dieciséis años no tiene mucho que mostrar en realizaciones salvo aquella de que “tenemos patria”.

La Casa Blanca dedica sus energías a conspirar mientras “el pobre Obama” (Maduro dixit) no está informado porque le ocultan, Joe Biden lidera el complot energético, Arabia Saudita nos quiere hundir, el Parlamento Europeo expresa preocupación porque es “injerencista”, Raúl Castro hace su pirueta magistral, los expresidentes son unos asalariados del narcotráfico, los parlamentos de varios países expresan su preocupación por Venezuela de puro ociosos que son, el canciller de Chile es un “metiche”, el mediador de Unasur que llaman para mejorar las relaciones con Estados Unidos (Samper) carece de visa para entrar en el “imperio” por habérsele comprobado financiamiento de su campaña con dinero sucio, la propia Unasur en la que los mandones cifraban esperanzas se ha puesto tibia, lo mismo la Celac y otros organismos que puede que emitan declaraciones de apoyo pero ya no es como antes que se jugaban a fondo por el “tío Rico”. Las islas del Caribe ya saltaron la talanquera yéndose con la “cabuya en la pata” y de paso algunas hasta quieren aprovechar la movida para disputar los límites marinos con Venezuela, mientras otro vecino –Guyana– mete la puñalada trapera queriendo aprovechar el momento para arrebatarnos áreas marinas y submarinas potencialmente ricas en petróleo.

En fin… como se ve, pareciera que de un día para el otro –coincidiendo con la debacle política y la sequía económica– muchos nos dan la espalda causando sorpresa y desazón entre los “próceres” que vivieron creyendo que con la regaladera compraban lealtades y apoyos sin recordar aquella frese inapelable (creemos que de John Quincy Adams) de que los Estados no tienen amigos sino intereses.

En todo caso, valga esta línea de cierre para citar al talentoso Teodoro Petkoff quien hace ya algún tiempo afirmó que “lo bueno de esto es lo mal que se está poniendo”.