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A tres manos por Alex Fergusson

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A tres manos por Alex Fergusson

Otra vez la reforma universitaria

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De nuevo aparecen los llamados a una reforma del modelo de ciencia y de universidad que tenemos. Incluso, ya circula una nueva propuesta de Ley de Educación Universitaria, elaborada por la gente inteligente de la Universidad del Zulia. Para nosotros en el Observatorio de Reformas Universitarias (ORUS Internacional.ve) el asunto adquiere visos de “lluvia sobre mojado”. Desde 1998, con la Primera Conferencia Mundial de la Unesco sobre Educación Superior, hemos venido trabajando el tema y llegado a la conclusión de que la reforma universitaria pasa por la transformación de tres aspectos sustantivos del modelo imperante: la reforma del Modelo Epistemológico que la fundamenta y rige, el Modelo Pedagógico que norma su actividad docente y, el Modelo Organizativo que la estructura.

Hoy quisiera referirme al Modelo Epistemológico, del cual deriva todo lo demás.

El Modelo Epistemológico que fundamenta y rige la organización y la práctica de la investigación y la docencia en la universidad venezolana, tiene su asiento en el paradigma disciplinario que nació con la Modernidad. Este modelo fundamenta el mapa actual del conocimiento, la estructura curricular de las ciencias, la organización, la categorización y los modos de producir los saberes, así como la distribución de los recursos para producirlos. Desde el punto de vista epistemológico, este modelo implica el establecimiento de una determinada lógica cognitiva (formas de concebir, producir y reproducir los conocimientos) y una determinada taxonomía epistémica (categorías, paradigmas y metódicas en uso) en todos los ámbitos del quehacer científico. El planteamiento central y propósito de la reforma que queremos es que: “Sin una crítica epistemológica a la lógica disciplinaria –es decir, a sus modos y formas de conocer, a sus discursos y métodos  que están en la base de los modelos de producción de conocimientos prevalecientes– no hay manera de salir del estancamiento en el que hoy nos encontramos en el ámbito de la investigación y la docencia”. Se trata de una propuesta para posmodernizar el quehacer científico en la universidad. La crítica al modelo imperante y la elaboración de propuesta para la reforma, pasa por el diseño de políticas académicas que conduzcan a su transformación, a través de la inclusión de los paradigmas de la complejidad y la trasdisciplina. Pero, más allá, a la instalación de la nueva episteme que está emergiendo del cambio cultural y civilizacional en curso, en el mundo entero.

Las nociones de “complejidad y trasdisciplina” forman parte de una matriz epistemológica mayor que se expresa en la figura de la nueva episteme que está emergiendo del cambio cultural y civilizacional en curso, en el mundo entero. Es de esa envergadura la transformación que estamos proponiendo. Ella no se encapsula solo en los predios del campus académico, por cuanto se ha abierto un gigantesco proceso de mutación cultural a escala planetaria, que impacta en todas las direcciones. Al interior del mundo universitario realmente existente, esta orientación epistemológica implica una profunda revisión de los criterios de base con los que han sido pensados los mapas disciplinarios que gobiernan la taxonomía de “carreras” a la que se reduce casi toda la energía y los recursos intelectuales y materiales de los aparatos institucionales.

Desde esta nueva perspectiva se impone un diferente rumbo en la organización de los saberes –viejos y nuevos, académicos y populares– que están recogidos en materias, asignaturas y modalidades curriculares diversas. No se trata ahora de tematizar la cuestión de la trasdisciplina y la complejidad como cargas curriculares adicionales de los planes de estudio. Lo importante es más bien que la arquitectura epistemológica toda esté pensada en esta clave; que las modalidades curriculares y la movilidad académica de los usuarios respondan a esta concepción; que la labor de producción de conocimiento, de formación y de vinculación social se conciban bajo esta mirada, en fin, que el imaginario de “la academia que queremos” pueda ser fecundado a partir de una visión de este temple. Por ahora, el uso instrumental de estas categorías (a título de “metodología trasdisciplinaria”, “metodología compleja” y cosas parecidas) corresponde a las carencias propias de una coyuntura en la que los arsenales paradigmáticos se han quedado vacíos.