• Caracas (Venezuela)

A tres manos por Alex Fergusson

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“El ahogado más hermoso del mundo”

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La esencia de la creatividad es, precisamente, la espontaneidad, ha señalado Heisenberg en su principio de indeterminación.

Las acciones deliberadas que enriquecen el mundo con algo nuevo son las acciones creativas. De la mano de Charles Peirce descubriremos que la obra creativa debe tener un carácter, un valor y una cualidad que hace posible su reconocimiento. No encuentro mejor forma de explicar dicha tesis que comentando, brevemente, la experiencia suscitada a través de la lectura del cuento de García Márquez titulado “El ahogado más hermoso del mundo”.

El cuerpo del ahogado que llegó en los brazos ondulantes del mar a la orilla de aquel pueblo, hundido en el olvido, cambió por completo la vida, los hábitos y pensamientos de sus habitantes. Un hombre desconocido por los moradores de las proximidades constituye la novedad con relación a lo sabido hasta ese momento: “Pesaba más que todos los muertos conocidos hasta entonces”. Representaba, desde el punto de vista inteligible, una clase diferente de ahogado; tenía una cualidad que hace posible su reconocimiento: era “mucho más grande que todos los hombres, pues apenas si cabía en la casa”. Con relación a su carácter “sobrellevaba la muerte con altivez, no tenía el semblante solitario de otros ahogados de mar, ni tampoco la catadura sórdida y menesterosa de los ahogados fluviales”Aquel era un ser inimaginable que dejaba estupefacto a quien lo viera, pues, no solo era el más alto, el más fuerte y el más viril, sino también, el mejor armado que habían visto jamás, todo lo cual se traduce en el valor de la desproporción y la hermosura.

El ahogado provocó la fascinación, el ardor en el pensamiento y la imaginación de las mujeres, quienes comenzaron a establecer comparaciones, vale decir, a observar, analizar, medir, seleccionar, determinar y concluir. Este valor les permitió ser ellas mismas, colocar una situación, un toque personal en lo que ellas imaginaban con relación al muerto: “Comprendieron cuán infeliz debió haber sido con aquel cuerpo descomunal, si hasta después de muerto les estorbaba. Lo vieron condenado en vida a pasar de medio lado por las puertas”. Extraviadas por los laberintos de la imaginación, encontraron un nombre al ahogado: Esteban fue la creación admirable en sí misma, más allá de lo dado, es decir, del análisis de diferentes circunstancias con relación a él. Las mujeres aprendieron, en tanto que crearon un universo en constante evolución y elaboración.

El descubrimiento de Esteban, el ahogado más hermoso del mundo constituye la experiencia, el punto de partida para desencadenar tanto el conocimiento como la creatividad. Esteban se convierte así en la metáfora absurda del texto capaz de conjugar novedad y continuidad: pues siendo un muerto provocó dinamismo y rebeldía a los habitantes de aquel pueblo, que se enfrentaban a una circunstancia reveladora y oculta. Gracias a Esteban aquel lugar olvidado llegó a adquirir un nombre: el pueblo de Esteban.

Los estudios de la racionalidad más notables e influyentes conceden a la imaginación un papel importante en la estructura racional, pues ella estimula el descubrimiento, la invención y la creatividad. La tesis de Charles Peirce se arraiga en la posibilidad de crecer del ser humano, de generar nueva inteligibilidad, puesto que la realidad, que no está plenamente definida, se va forjando en la evolución y los seres humanos ayudan a explicarla. Mediante la experiencia como punto de partida y la operación de la mente que denomina abducción, es decir, las conjeturas explicativas que entrañan novedad, es posible el avance del conocimiento, y la creatividad.

Me pregunto por qué García Márquez eligió el cuerpo de un ahogado como motor de la imaginación, del pensamiento, del sueño y de la conciencia de un pueblo.

José Antonio Marina al describir el origen de nuestras ocurrencias en su Teoría de la inteligencia creadora (1993:216-217), nos acerca a una posible respuesta cuando comenta que el cuerpo constituye la fuente de nuestras ocurrencias debido a que nos proporciona salidas y agudezas perceptivas, tanto internas como externas, independientes de la voluntad. El cuerpo, expresa, nos arrastra e introduce en el ámbito de las necesidades, de las tendencias, de los deseos y valores, por lo cual nos corresponde una inteligencia y una libertad corporal. El cuerpo es un sistema productor de significados, porque determina un básico sedimento de nuestra conducta y preferencias, razón por la cual lo ha llamado el Yo ocurrente.

El cuerpo del ahogado bien puede constituir la metáfora del hombre sediento por naturaleza, si a ello agregamos que el término indoeuropeo hombre deriva de la raíz sed. Esto arroja una posible explicación sobre el tema del naufragio  y sobre el cuerpo del ahogado bautizado con el nombre Esteban, quien desencadenó la imaginación y las ocurrencias de los habitantes de aquel pueblo, pero, muy especialmente, de las mujeres, quienes lo habían vestido, peinado, cortado las uñas y raspado la barba.

Peirce nos habla de la capacidad abductiva como acto de intuición, aunque sea extremadamente engañoso. Lo que experimentamos directamente nos brinda conocimiento, porque la abducción consiste, precisamente, en dar una explicación, que surge de modo espontáneo, al considerar lo que en una determinada circunstancia nos ha sorprendido. En el caso del texto que nos ocupa, este acto de abducción fue provocado por el cuerpo de Esteban. A partir del cual se formularon una serie de razonamientos explicativos que entrañaron alteración y variación como recursos para abolir la cristalización. Todo gracias al mirar libre, espontáneo y atípico. Los pequeños avances del conocimiento, expresa Peirce, pueden alcanzarse mediante la fase del mirar libre y de reunir ideas que nunca antes habíamos anhelado juntar. Solo así se provocan enlaces y relaciones, que enriquecen el mundo.

El muerto ajeno que no pertenecía a ninguno de los pueblos vecinos fue cobrando mayor valor, mayor peso; tanto que Esteban solamente podía ser uno en el mundo. Su gesto, como diría Gadamer, abre la significatividad de la declaración sobre sí mismo. Tan legítimo eran su modo de estar, valga decir, su carácter y estilo, que cuando les tocó devolver el cuerpo huérfano a las aguas, movidos por el dolor, le eligieron un padre, una madre, hermanos y primos, de forma que todos terminaron siendo parientes.

Aquel ahogado significa la elocuencia silenciosa pues despertó la conciencia de todos los moradores del pueblo, por primera vez, sobre la estrechez de sus sueños, sobre la tristeza de sus calles y la aridez de sus patios. Tuvieron la certeza de no estar completos sin él, aunque, desde entonces las puertas de las casas fueron más anchas, los techos más altos y los pisos más firmes. El pueblo anónimo que lo había recibido sembró jardines y abrió un rasgo entre las rocas, que permitió al navegante  su identificación.

 

 

*Alex Fergusson. Coordinador de A Tres Manos