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A tres manos por Alex Fergusson

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A tres manos por Alex Fergusson

Negociar en tiempos revueltos: para construir la Paz

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Venezuela –y por cierto una buena parte de América y el mundo– vive “tiempos de banderas” y aunque sabemos que el conflicto es normal en las relaciones humanas y sociales y no una situación que se debe evitar, en la actualidad tanto en el ámbito personal como socio-económico y político, experimentamos el conflicto –hoy caracterizado por una lógica de guerra que tiene rumbo de colisión– como un momento en el que algo rompe con el curso “natural” de nuestras vidas.

Como la comunicación se ha vuelto más difícil, encontramos cada vez más complicado expresar nuestras ideas, percepciones y sentimientos. También encontramos más difícil entender lo que los demás hacen y dicen, y quizás desarrollamos sentimientos de inquietud, ansiedad o rechazo. Esto, frecuentemente, llega acompañado de una cierta urgencia y frustración a medida que el conflicto avanza y sobre todo si no hay un final a la vista.

Ahora bien, ¿cuando apelamos a la negociación como método para enfrentar conflictos y construir la paz, qué tenemos en mente?

El dilema principal es si nos proponemos, simplemente, resolver un conflicto o aspiramos a avanzar hacia un horizonte deseado en el cual se logre construir nuevas formas de relación.

Si optamos por “resolver el conflicto” solo seremos capaces de abordar lo inmediato, con lo cual los asuntos de fondo seguirán ocultos. Y aunque logremos algo por esta vía, solo estaremos sentando las bases para el próximo conflicto. En esta visión, el foco se centra en los contenidos inmediatos, las causas visibles, y su propósito, frecuentemente único, es desmontar sus causas y llegar a un acuerdo. El proceso se circunscribe, pues, a las inmediaciones de la relación donde surge el problema y tiene, por tanto, un horizonte de corto plazo.

Si, en cambio, optamos por “avanzar hacia un horizonte deseado”, el conflicto deviene en oportunidad de transformación personal y social, pues modifica las relaciones humanas, impulsa la cooperación mutuamente beneficiosa y fundamenta la necesidad de revisión permanente de las reglas, normas, leyes e instituciones. El conflicto, entonces, permite crear procesos de cambio constructivo que reducen la violencia, incrementan la justicia en la interacción directa y en las estructuras sociales, y responden a los problemas reales en las relaciones humanas.

Este marco transformativo tiene tres componentes, cada uno de los cuales representa ámbitos de indagación en el desarrollo de una respuesta al conflicto:

•  La situación actual.

•  El horizonte del futuro deseado

•  El desarrollo de procesos de cambio que vinculen a todas las partes.


La situación actual

En el proceso de transformar un conflicto en una oportunidad de cambio, el primer punto es definir con claridad la situación actual. Una mirada transformativa se hace dos preguntas importantes: ¿Cuáles son los problemas inmediatos que necesitan ser resueltos? y ¿cuál es el contexto general que debe ser tenido en cuenta para poder cambiar los patrones destructivos? Se trata aquí de mirar los problemas existentes como una expresión de un sistema más grande de patrones relacionales en los que el conflicto se enraíza. El potencial de cambio se encuentra en nuestra habilidad para reconocer, entender y redefinir lo que ha pasado y para crear nuevas estructuras y modos de interacción en el futuro.

 

El horizonte del futuro

El segundo punto de abordaje es el horizonte del futuro, la imagen de aquello que deseamos crear. Este punto nos pide considerar lo que nosotros idealmente queremos ver realizado. Mientras los problemas presentes actúan como un ímpetu hacia el cambio, el horizonte del futuro nos muestra las posibilidades de lo que podría construirse. De modo que la flecha apunta no solo hacia delante, hacia el futuro, sino también hacia atrás, hacia la situación actual y la variedad de procesos de cambio que pudieran emerger.

 

El desarrollo de procesos de cambio

El último punto de indagación es el diseño y sostenimiento de procesos de cambio. Este componente más amplio requiere que pensemos en la respuesta al conflicto como un desarrollo de procesos de cambio que atienden a la red de necesidades, relaciones y patrones interconectados. Dado que los procesos de cambio deben atender tanto a los problemas inmediatos como a los patrones relacionales y estructurales más amplios, necesitamos reflejar múltiples niveles y tipos de cambio más que enfocarnos en una sola solución operativa. Los procesos de cambio deben promover tanto soluciones de corto plazo como construir plataformas capaces de promover cambios sociales de largo plazo.

Antes que aceptar un marco de referencia que nos obligaba a elegir entre dos objetivos importantes, debemos re-encuadrar la pregunta en términos de objetivos interdependientes. En el ámbito social, ¿cómo podemos construir capacidades para la paz en este contexto y, al mismo tiempo, generar mecanismos de respuesta de largo aliento?

Así pues, un desafío central para la transformación reside, entonces, en cómo crear espacios y procesos para alentar a las personas a detectar y articular un sentido de identidad positivo en su relación con otros y no en reacción contra ellos.

Para comprender la situación en la que nos encontramos  revisemos las fases y  los procesos involucrados en la construcción de la paz.

Fase 1. Guerra  antagonismo total sin reconocimiento del “otro” que se resuelve con la aniquilación o rendición total.

Proceso transformativo 1. Mediación: propiciar acercamiento/encuentro. Se requiere un tercero de buena fe.

Fase 2. Antagonismo desencuentro por diferencias pero con coexistencia

Proceso transformativo 2. Reconocimiento del “otro”. Aceptación: Se identifican coincidencias  intereses comunes.

Fase 3. Conflicto percepción de existencia de situaciones contradictorias/incompatibles pero transformables.

Proceso transformativo 3. Encuentro: Se construye confianza y se fortalece voluntad de diálogo con justicia. Se promueve la creación de sintagma (paradigmas compartidos).

Fase 4. Competitividad búsqueda de identidad y espacios propios.

Proceso 4. Acuerdos: se establecen criterios para el crecimiento y desarrollo conjunto.

Fase 5. Cooperación disposición a establecer acuerdos.

Proceso 5. Equidad: se establecen objetivos, metas y políticas (acciones) para que no haya perdedores o excluidos y el cambio sea vinculante.

Fase 6. Construcción de la paz  coexistencia con equidad.

Ahora bien, para avanzar en los procesos transformativos para la construcción de la paz  hay algunos requisitos necesarios

1.  Reconocimiento del otro: significa aceptar que el “otro” existe y que sus ideas y propósitos son legítimos. Es una condición necesaria para pasar del antagonismo al conflicto y conjurar la guerra.

2.  Confianza: significa que debe existir un mínimo (umbral) de confianza sin el cual el diálogo no es posible. La confianza se construye a través de las palabras (el discurso) y las acciones.

3.  Flexibilidad: se refiere a la capacidad que tienen las partes para aceptar las fallas en las expectativas acerca de algo o alguien.

4.  Tolerancia: se refiere a la capacidad que tienen las partes para compartir conductualmente con quienes no se está de acuerdo.

Una vez logrados los requisitos se comienza a transitar el camino de la construcción de la paz, a través del cumplimiento de las siguientes etapas, propias de la negociación:

 

1.            Exploración: adecuada evaluación de la situación y del “otro”.

2.            Identificación de intereses: ¿Qué espera cada quién? ¿Hay intereses comunes?

3.            Identificación de opciones: Identificación del horizonte de futuro. ¿Qué podría hacerse para lograr la satisfacción de los intereses comunes?

4.            Presentación de soluciones: Desarrollo del proceso de cambio. Identificación de posibles objetivos y metas para un proceso de cambio vinculante.

5.            Acuerdos: Construcción de la paz. Establecimiento de los objetivos, metas y acciones. Establecimiento del plan de seguimiento del cumplimiento de los acuerdos.