• Caracas (Venezuela)

GDA

Al instante

Una visita al cosmódromo más grande del mundo

Desde el año pasado varios touroperadores realizan paseos en Baikonur / Foto sputniknews.com

Desde el año pasado varios touroperadores realizan paseos en Baikonur / Foto sputniknews.com

Una exclusiva excursión a Baikonur, mítica base que Rusia controla en Kazajstán y desde donde, el 12 de abril de 1961, despegó el primer hombre en orbitar la Tierra

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Rugen los motores en el desierto y tras la cuenta regresiva, el cohete despega rumbo a la Estación Espacial Internacional. Sube unos segundos y convierte su ascenso vertical en una elipse que surca el cielo impulsada por una bola de fuego.

Es mediodía en Baikonur, el cosmódromo más grande y antiguo del mundo, que Rusia controla en la ex república soviética de Kazajistán, en el corazón del Asia central.

Presenciar un lanzamiento emociona. Es mucho más que ver una enorme estructura metálica perderse en segundos en el firmamento. Es sentirse parte de una de las hazañas científicas y tecnológicas más conmovedoras de la Humanidad.

Desde aquí partió Yuri Gagarin, aquel joven piloto de sonrisa amplia que abrió las puertas a la conquista del espacio hace, justamente esta semana, 55 años. También desde aquí la Unión Soviética lanzó satélites (como el Sputnik), cohetes con animales (la perrita Laika, en 1957) y sondas a lo largo de décadas.

Socios del desierto. Baikonur está en una zona árida, sin montañas. Es un área plana y abierta, que deja ver un horizonte sin obstáculo en 360º, sembrado de grandes trozos de metal producto de lanzamientos, que nadie se ocupó nunca de sacar. En un desierto abierto, sin población afectada, quedaron allí, diseminados como residuos industriales irreciclables. Son restos de tanques de combustible que cayeron cerca de su lugar de partida.

En medio de ellos y de los pastos duros, unas delicadas flores amarillas aparecen solo para el ojo que las busca. Así de escasos y menudos son los tulipanes silvestres, desde aquí llevados a Holanda en el siglo XVI para convertirse en la flor emblemática de los polders.

Esta dura estepa kazaja, elegida por los militares soviéticos a mediados de la década de 1950, era la mejor y la peor opción dentro del territorio de la URSS para lanzar cohetes. Mejor por la ubicación remota, la cercanía con el Ecuador y el terreno plano. Peor por el clima extremo (de 40º C en verano y menos 40ºC en invierno), lo despoblado de la zona y las dificultades logísticas para alimentar y alojar a quienes construyeron la base y a quienes trabajarían en ella.

Durante veinte años a partir de 1957, este cosmódromo acumuló hitos y también algunos desastres que las autoridades soviéticas ocultaron por décadas. Esta rica historia, de más de 400 misiones tripuladas lanzadas al espacio -y otras 1.200 no tripuladas- está plasmada no sólo en los museos dentro del cosmódromo, sino también en los hangares en desuso y en las 15 plataformas de lanzamiento dispersas en casi 70 hectáreas. También en el pueblo homónimo, donde vive el personal.

Rublos y tengues. El pueblo y la base de lanzamiento dejaron de ser parte del territorio soviético con el colapso de la URSS en 1991. La independencia de la hasta entonces república soviética de Kazajistan planteó el dilema a los rusos de qué hacer con el cosmódromo y la decisión fue pragmática: alquilarlo por 50 años hasta que se construyera otro.

Hoy el pueblo de Baikonur tiene 70.000 habitantes y leyes rusas, con esa peculiaridad de ser un enclave de un país dentro del territorio de otro, en el que los dos gobiernos se ponen de acuerdo para elegir al alcalde. La moneda que circula es el rublo ruso pero algún mozo puede aceptar discretamente tengues kazajos si no hay nadie cerca que le dé una reprimenda.

También hay un museo sobre la conquista del cosmos y en monumentos y calles se recuerda a los héroes de la cruzada espacial. Gagarin y su compañero Guerman Titov tienen sus respectivas calles, y la avenida de acceso se llama Korolev, en honor al ingeniero que diseñó los cohetes, padre de la cosmonáutica rusa. Tampoco falta un impresionante cohete Soyuz, acostado pero de tamaño real, en una plazoleta.