• Caracas (Venezuela)

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Las revelaciones del fiscal Franklin Nieves, que huyó junto a su familia de Venezuela a Estados Unidos vía Aruba, sobre la conspiración del gobierno de Nicolás Maduro contra Leopoldo López, para acusarlo, detenerlo y condenarlo sin pruebas, subleva  y es escalofriante.

El fiscal ha señalado que el 10 de febrero del año 2014, días antes de los hechos por los que fue condenado López, sus jefes en la fiscalía le instruyeron para que ordene la detención del líder opositor si se producía una nuevas protestas ciudadanas dentro de las movilización llamada “Salida” que pedían la renuncia de Maduro. Dos días después le ordenaron iniciar una investigación por los hechos ocurridos en una marcha antigubernamental.

Nieves afirma que el proceso en el cual él acusó a López fue un juicio político que debe ser anulado porque en él se violaron sus derechos humanos al negarle la presentación de testigos y las pruebas que solicitó.

Como se recuerda, López fue condenado a 14 años de cárcel por instigación pública, asociación para delinquir, daños a la propiedad e incendio, responsabilizándolo de los actos de violencia durante las marchas contra el gobierno. La acusación es la misma que se hacen en varios países de la región, y obviamente en el Perú, cuando el poder encara las demandas ciudadanas, pero en el caso de Venezuela el  gobierno pasado de la acusación a la farsa, montando un proceso abusivo y alevoso, fabricando pruebas y testimonios, y forzando, o cooptando –y si fuese necesario acosando-  a jueces y fiscales para producir fallos injustos y políticos que aniquilen a sus opositores.

El gobierno de Maduro no podrá decir que las revelaciones del fiscal Nieves obedecen a una conspiración golpista a algo parecido. Se trata de la deserción del principal colaborador de la Fiscal Nacional Luisa Ortega cuyo argumento de defensa es el mismo que usa el gobierno, que Nieves cedió a presiones extranjeras.

Nieves no es cualquier fiscal; fue el principal acusador de López ante los tribunales y en estos debía responde a una apelación del político detenido. Su huida ha dejado del caso en un punto procesal muerto, proyectando la imagen de un régimen donde los jueces, fiscales y acusados terminan asilados o encarcelado.

Lo sucedido con López y ahora con Nieves expone la medida a la que ha llegado la perversión del poder en Venezuela, en un estado muy similar al que tuvo el Perú durante el régimen de Fujimori-Montesinos, con la fiscalía y el Poder Judicial penetrados y la prensa copada, comprada o alquilada. Como se puede advertir, llamar a eso revolución es un chiste.

Con más pruebas que nunca sobre la conspiración cobarde tejida desde el poder, debe exigirse la libertad de López y la campaña que se desarrolla en la comunidad democrática internacional, debe ser redoblada. López es un preso de conciencia, considerado como tal por Amnistía Internacional en tanto que la ONU en varias oportunidades e instancias ha pedido su libertad, la última de ellas en septiembre, por el Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de Naciones Unidas con sede en Ginebra.