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Cuando una no es suficiente

Cuando una no es suficiente | Thinkstock

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Tres mujeres más disfrutaban de su amado

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Es sencilla la ecuación del amor. Uno más uno es igual a dos (1+1=2). No hay espacio para Pitágoras. Nada al cuadrado es igual a la raíz cuadrada de nada. Es simple. Dos personas. Tres son muchas y cuatro, demasiadas. Así de claro, lo tenía Clara. Pero su amado Julio no. La chica aun no se recupera de la novela que vivió con este hombre.

Creyéndose la única novia del susodicho, casi infarta al enterarse que, además de ella, tres mujeres más disfrutaban de su amado.

El romance de estos dos se extendió por casi ocho meses. Y según ella, desde el inicio algo olía mal pero no le prestó atención.

A los días de estar saliendo, él le vino con el cuento que le habían cambiado el turno de trabajo y que tenía que viajar con frecuencia a la Isla, por lo que estaría “lost in action” par de días en la semana.

(Esa siempre me ha parecido una excusa imbécil, igual que la del tapón, porque aquí se cruza la Isla de este a oeste en menos de cuatro horas y de norte a sur en menos de dos. Por supuesto que esta información será desmentida por uno que otro caballero que le echa la culpa a la distancia que hay entre Mayagüez y San Juan para llegar a su casa después de la medianoche).

El cuento de que pernoctaría fuera del apartamento, resultó en eso, puro cuento. Porque esos dos días que se suponía por otros lares, Julito se los dedicaba, en su apartamento, a una joven universitaria, estudiante de química orgánica, que se dedicó a hacerle la vida de cuadritos a Clara.

La chica quemó algunas piezas de ropa interior con su mechero y en un mortero le trituró el estuche de sombras de Estée Lauder que, estratégicamente, dejó en la mesita de noche.

Con la evidencia en la mano, no le quedó de otra al hombre que confesar su falta. Pidió excusas a Clara, por supuesto le echó la culpa a la estudiante. Y Clarita, perdonó. Sin saber que en el panorama rondaban dos mujeres más.

Superado el “fatal attraction” con Miss Curie, calma aparente. Obsequios, salidas, cariñitos, todo perfecto. “Es que las mujeres son terribles, ven a un hombre con pareja y rápido lo quieren”, decía cada vez que le preguntábamos por qué caramba seguía con Julio.

Hace unos dos meses ardió Troya. Se enteró de las dos mujeres la misma noche. Para esa fecha, supuestamente el hombre estaría en un viaje de negocios en Nueva York, y Clarita lo quería sorprender con una velada romántica.

Él le dijo que no lo buscara al aeropuerto, que se verían en su apartamento. Allí llegó ella con comida, vino y hasta flores para su amado. No bien iban por la segunda copa, los golpes en la puerta. “Abre, maldito, abre”, gritó una mujer. A Clara la escondieron en el cuarto. El hombre abrió la puerta y la mujer casi se lo traga.

“Dile que salga, que le voy a contar todo”, gritó. Cuando Clara se asomó, la mujer la miró, y le preguntó: “¿Y tú quién eres? Tú no eres Marta”. Miró a Julio y dijo: “O sea que tú sales con tres a la vez “Miserable”. Acto seguido, la bofetada y el portazo.

Y allí quedó Clarita observando a su amado, en primera fila en tan burdo espectáculo. Ella asegura que lo dejó, pero las malas lenguas cuentan que ya son dos los arreglos florales recibidos y muchas las lágrimas de cocodrilo derramadas por el susodicho.