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Cinco rutas espectaculares

La Costiera Amalfitana es una de las rutas marítimas más famosas del mundo / Foto Tripadvisor

La Costiera Amalfitana es una de las rutas marítimas más famosas del mundo / Foto Tripadvisor

Hay alternativas con vistas increíbles para recorrer con el auto en Italia, Australia, Patagonia, Noruega y California

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Italia: la costa amalfitana. La Costiera Amalfitana es una de las rutas marítimas más famosas del mundo. Es el nombre con que se conoce a un tramo de la costa de Campania (región de Nápoles), al sur de la península sorrentina y sobre el golfo de Salerno.

La ruta, tan vertiginosa como espectacular, es una estrecha carretera pegada al flanco de la montaña a pico sobre el mar, en una increíble sucesión de curvas y contracurvas del acantilado que permiten divisar -muy allá abajo- los colores del Tirreno. En el camino se pasa entre plantaciones de limoneros y pueblos de película, literalmente, escenario de historias románticas de la pantalla grande: desde el idílico Positano hasta Amalfi, antiguamente una poderosa república.

Se puede alquilar un auto para recorrerla de punta a punta -incluso en el día- pero muchos prefieren no manejar sino hacer el trayecto en bus para disfrutar el asombroso paisaje. ¿Lo mejor? Pasar al menos una noche en los pueblos: una cosa es Positano a la hora de mayor afluencia turística, y otra por la tarde cuando quedan -como en un paraíso personal- sólo quienes pernoctan allí, bajo el cielo estrellado del Mediterráneo.

Australia: Great Ocean Road. Torquay es un balneario inglés a orillas de la Mancha. Su tocayo en Australia es el punto de partida para un recorrido de unos 250 kilómetros que bordea la costa del sur australiano, al oeste de Melbourne. La Great Ocean Road se incluye regularmente entre las más panorámicas del mundo y es uno de los circuitos más visitados de Australia, seguido cada año por miles de personas en auto, moto o camping-car.

Termina oficialmente antes de llegar a la ciudad portuaria de Warnambool. Pero la mayoría de los turistas no llega allí: su objetivo es Port Campbell, para admirar una porción de la costa salpicada de grandes agujas de roca que emergen entre las olas.

Se conocen como los Doce Apóstoles, aunque por causa de la erosión ahora son menos. El último que cayó fue en 2005, pero no le quita nada a esta sobrecogedora vista, especialmente al atardecer. Luego de Warnambool la ruta sigue pegada al mar en varias partes de su traza hasta Adelaida, aunque ya no se llama Great Ocean Road. Es un viaje muy interesante que pasa por pequeños puertos de postal, como Port Fairy o Kingston, donde está la langosta más grande del mundo: Larry the Lobster es una escultura de cuatro toneladas y 18 metros de altura.

Patagonia: Ruta 1 en Río Negro. No hay que buscar la colonia de loros más grande del planeta en algún país exótico de los trópicos. Porque está en la Patagonia. En el balneario El Cóndor para ser más precisos. A lo largo de decenas de kilómetros de acantilados sobre el mar, se suceden miles de agujeros en la roca: son los nidos de loros barranqueros. El balneario es también uno de los pocos lugares donde se puede avistar dos especies de delfines desde la costa: toninas y franciscanas.

La única ruta verdaderamente costera de ese país empieza allí, bordeando la playa no muy lejos de la desembocadura del Río Negro. Se trata de la RP 1, de aproximadamente 200 kilómetros, que arranca en Viedma y termina en el complejo portuario de San Antonio Este. A lo largo de la mayor parte de su recorrido sigue la costa: desde lo alto del acantilado al principio, para más adelante bajar al nivel del mar y bordear playas de arena y millones de conchillas.

En todo momento se transita por un verdadero paraíso natural, ya que la ruta es poco frecuentada, sobre todo entre marzo y diciembre. Se pueden avistar grandes bandadas de aves (en otoño y primavera están además las que migran y paran un tiempo sobre las playas para tomar fuerza en sus vuelos entre el Ártico y la Antártida). En el camino se pasa por dos minúsculos balnearios, Lobería y Bahía Creek.

Noruega: la RN 64 del Atlántico. Lo bueno, si breve... el proverbio se podría aplicar a esta ruta: corta, pero inolvidable. Atlantarseveien o la Ruta del Atlántico es una porción de casi nueve kilómetros de la RN 64 noruega en la región de los fiordos. Si bien la carretera es hermosa sobre una porción mayor de su traza, este tramo es tan impactante que se ha adueñado de la atención de los viajeros. Las ciudades principales son Molde al Sur y Kristiansund al Norte. La cinta de asfalto pasa de islita en arrecife por medio de un sistema de puentes y viaductos. El paisaje es tan espectacular que hay gente que hace este tramo caminando y la ruta en verano tiene ciertos días con tantos peatones y ciclistas como automovilistas. Noruega y sus fiordos no escatiman en panoramas y paisajes fuera de serie: sin embargo esta ruta, desde su inauguración en 1989, se convirtió en una de las mayores atracciones del país. Por un lado el mar abierto. Por otro el fiordo y las montañas. Cada metro es un motivo para sacar otra foto. No hay que extrañarse entonces de que recientemente haya sido votada como Construcción noruega del siglo XX.

California: para bordear el océano Pacífico. De San Francisco a San Luis Obispo hay dos caminos posibles: una autopista que cruza valles interiores o una pequeña ruta costera que bordea el Pacífico. Los golden boys de Silicon Valley y San José eligen la primera para llegar antes a Los Ángeles. Pero, ningún turista deja de ir por la segunda.

Considerada entre las rutas más hermosas del planeta, al dejar el centro de San Francisco bordea la costa oeste de la península hacia el sur y Monterey (sí, con una sola R). Luego de un alto por Cannery Row, la avenida de las antiguas fábricas de enlatado de sardinas que describió Steinbeck (hoy convertidas en restaurantes, hoteles y en el famoso acuario de Monterey) se sigue en dirección a Carmel, una de las misiones españolas que -como tantas otras- dieron su nombre a las grandes ciudades de la costa californiana (San Diego, Los Ángeles, Santa Bárbara o San Francisco).

El tramo de los 27 kilómetros, el más famoso del recorrido, está en torno a Carmel. No hay que pasar sin haber visto el ciprés solitario a la luz rojiza del atardecer, ni sin parar en el mítico pueblo de Big Sur -que atrajo a Aldous Huxley, Jack Kerouac o Henry Miller- y el palacio del magnate Randolph Hearst en San Simeón, siempre más al Sur.

La ruta parece terminar en San Luis Obispo para unirse con la interestatal 101. Pero reaparece más al sur, aunque no vuelva a bordear el mar hasta antes de llegar a Santa Bárbara (en la periferia norte de Los Ángeles), otra ciudad fundada por misioneros españoles que todavía conserva las viejas construcciones mexicanas de su corta historia.