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Las 10 restricciones que más mortifican a los venezolanos

Tampoco hay otros principios activos para sustituir | Foto Williams Marrero / Archivo

Lo que antes se daba por hecho pasa hoy por trabas que ni se pensaban hace un año | Foto Williams Marrero / Archivo

El gobierno de Maduro ha impuesto trabas o ha tenido que lidiar con la escasez que afecta a su país

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Vivir en Venezuela. La vida normal, la de levantarse, asearse, llevar a los niños al colegio o estudiar, comprar comida y de pronto hasta viajar, enfermarse y tratarse, divertirse afuera o en casa, tramitar algún documento, llenar el tanque de gasolina de su carro, esa vida –la más simple que se pueda imaginar en un país normal– es difícil.

Lo que antes se daba por hecho pasa hoy por trabas que ni se pensaban hace un año, afectan la cotidianidad de quienes viven en el país sin distingo de edad, nacionalidad o estrato social.

Con la mejor de las suertes, todos los días hay que lidiar por lo menos con una de esas restricciones que mortifican hasta el más paciente de los venezolanos y que afectan la calidad vida de la que históricamente se enorgullecían.

Hacer filas para comprar mercados y además poder hacerlo solo en determinados días, de acuerdo con el último número de la cédula, pero además no poder adquirir sino cantidades limitadas o no poder comprar todo lo que se quiera con tarjeta de crédito cuando se va al exterior son algunas de esas trabas. Veamos:

1. La plata no alcanza: Tan sencillo como eso. Aunque el Banco Central de Venezuela no ha publicado el índice de inflación en lo que va del 2015, los economistas calculan que el poder adquisitivo se deprecia entre 10 y 12% al mes. El salario mínimo aumentado por el Gobierno alcanzó los 7.324 bolívares mensuales, que a la tasa oficial más alta del dólar (de 199 bolívares) lo deja en 36 dólares mientras la canasta básica familiar mensual es de 185 dólares.

2. Cédula y huellas: Ante la escasez de productos, los supermercados establecieron que las compras de bienes de precios regulados (azúcar, leche, pollo, arroz o café, y productos como pañales, champú o detergente) serán por el último número de cédula lo que baja la posibilidad de adquirirlos a dos días por semana. Ello no significa que conseguirá lo que busca, será lo que haya llegado ese día al local. En algunos mercados de la frontera y en la red Farmatodo se pone la huella dactilar.

3. Límite de productos: Los productos regulados solo pueden comprarse en las cantidades limitadas por el local en cuestión. Dos paquetes de pañales, no más de 2 kilos de azúcar o dos botellas de aceite, por ejemplo. La carne de res está prácticamente desaparecida de los mercados, no suele venderse más de un pollo por persona. Actualmente, por problemas de disponibilidad de envases, no se consigue agua mineral embotellada.

4. Acceso a medicinas: Todavía no hay que presentar cédula o huella, pero no se consiguen medicinas en Venezuela. La Federación Venezolana de Farmaceutas reporta una escasez de medicamentos de 70 por ciento que van desde insumos básicos –no se consiguen pastillas para los problemas de tiroides ni anticonceptivos, por ejemplo– hasta especializados para el tratamiento de enfermedades como cáncer, diabetes o el VIH.

5. Intermitencia en servicios: Los servicios de agua corriente y electricidad sufren cortes constantes en todo el país, con más intensidad en el interior. Al menos tres veces a la semana se va la luz en ciudades como Barquisimeto, Maracaibo y Valencia. Esta semana varias zonas de Falcón estuvieron 7 días sin electricidad, lo que generó protestas callejeras. En Caracas es día de por medio la falta de agua; en Chacao y en sectores de Sucre solo llega agua por tubería una vez cada 21 días. En otros como La Vega, Catia y Propatria le reciben una vez cada ocho días. El pasado lunes se fue la luz en el aeropuerto internacional de Maiquetía, donde solo sirven dos baños por falta de agua.

6. Chip para gasolina: Los habitantes de los estados Táchira y Zulia deben colocar una etiqueta electrónica a los carros (conocido como el chip) para surtir de gasolina sus vehículos, lo cual pueden hacer una vez por semana. Esta semana las filas para colocar el chip en el estado Zulia eran tan largas que la gente debía esperar hasta 12 horas.

7. No hay repuestos: Para comprar la batería del vehículo no solo tiene que acudir el día que le corresponda por número de cédula –y hacer una fila de hasta siete horas para lograrlo– sino que debe llevar el carro, (aunque no prenda porque no sirve la batería) así sea en grúa. Hay escasez de todo tipo de repuestos para vehículos. La Cámara de Autopartes advirtió hace una semana que desde hace siete meses no reciben divisas para la importación de los mismos.

8. No hay pasajes de avión: Al menos no en bolívares, y como se sabe, en Venezuela desde hace 12 años rige un estricto control de cambio que limita severamente el acceso a dólares. Sin embargo, desde enero de este año solo si cuenta con una tarjeta de crédito en moneda estadounidense puede comprar un tiquete de avión debido a que el Gobierno no paga la deuda de más de 3.000 millones de dólares que tiene con las aerolíneas. Si no tiene dólares, se quedó.

9. Crédito público, para viajar: Hasta marzo de este año cualquier persona con tarjeta de crédito de banca pública o privada podía solicitar –tras una estricta entrega de requisitos– hasta 3.000 dólares si iba a viajar, dependiendo del destino (a Florida el cupo de viaje era solo de 700 dólares, ese es ahora el límite para cualquier parte de Estados Unidos). Desde ese mes el Gobierno decidió que todo viajero debe tener cuenta y tarjeta de crédito en la banca pública. Al menos 2 millones de personas quedaron fuera del sistema de solicitud automáticamente.

10. Calvario de estudiantes afuera: Más de 30 condiciones, entre documentos, requisitos y dinero, entregaron las personas que salieron de Venezuela a estudiar carreras o posgrados. Aún así a la gran mayoría el Gobierno no le ha entregado los dólares que les corresponde para pagar gastos de manutención y matrícula desde el año pasado, lo que ha llevado a muchos al rebusque o regresar al país con los cursos sin terminar.