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El reportero García Márquez

Gabriel García Márquez | El Tiempo de Colombia

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En 1991, según cita Antonio Lucas, escribió: “Toda la vida he sido un periodista. Mis libros son libros de periodista aunque se vea poco. Pero tienen una cantidad de investigación y de comprobación de datos y de rigor histórico, de fidelidad a los hechos, que en el fondo son grandes reportajes novelados o fantásticos, [porque] el método de investigación y de manejo de la información y los hechos es de periodista”

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En 1976, Gabriel García Márquez dijo a Radio Habana que no empezó siendo periodista por necesidad o por azar, sino porque “lo que quería era ser periodista”. Es decir, su vocación, el llamado como lo llamó George Bernanos alguna vez, siempre fue la de periodista. En 1991, según cita Antonio Lucas, escribió: “Toda la vida he sido un periodista. Mis libros son libros de periodista aunque se vea poco. Pero tienen una cantidad de investigación y de comprobación de datos y de rigor histórico, de fidelidad a los hechos, que en el fondo son grandes reportajes novelados o fantásticos, [porque] el método de investigación y de manejo de la información y los hechos es de periodista”. En los años setenta del siglo pasado se hablaba tanto de periodismo novelado como de historia novelada, y muchos libros se vendían bajo esa etiqueta. También se hablaba, como todavía se hace en España, de periodismo literario.

¿No es asombroso que el Premio Nobel de 1982 se refiriera a sus novelas como “reportajes novelados”? La etiqueta puede sonar a coquetería, en cierto modo natural en un Nobel, de no ser porque, tres años después de la declaración citada, en 1994, el escritor y periodista creó en Cartagena de Indias, Colombia, la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, rebautizada el año pasado como Fundación Gabriel García Márquez para un Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI). Aún así: ¿de verdad Cien años de soledad es un reportaje novelado? Cuando menciono esto en público algunos se escandalizan. Quizá porque juntas las dos palabras, “reportaje” y “novelado”, suenan casi arcaicas, por no decir que en estos tiempos carecen de prestigio, lo cual no sucedía cuando García Márquez era un apasionado periodista joven, deseoso de transformar el diario, de unir periodismo y literatura usando técnicas narrativas en la escritura de textos periodísticos.

En el México de los setenta y ochenta del siglo XX, los periodistas y escritores Ricardo Garibay, Jorge Ibargüengoitia, Vicente Leñero y José Agustín, entre otros, nos entregaron grandes crónicas y/o reportajes novelados, aunque es más probable que ellos se sintieran parte de la corriente norteamericana del Nuevo Periodismo. Pero volvamos al García Márquez de 20 o 21 años, al de finales de los cuarenta, que no imaginaba que otro periodista, el argentino Rodolfo Walsh, escribiría en 1957 un reportaje de largo aliento, magistral es verdad, titulado Operación masacre. Volvamos al García Márquez que escribía poesía y cuento, publicados en El Espectador de Bogotá y otros diarios donde trabajó, así como formidables reportajes, el gran género olvidado como lo consideraba el autor de “El mejor oficio del mundo”, un discurso pronunciado en la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en 1996. En esta pieza ya estaba presente el gran maestro del periodismo que con su Fundación creó un movimiento narrativo entre los periodistas iberoamericanos. De hecho, se convirtió rápidamente en “el” manual de periodismo de la época.

Su primer reportaje fue “Los habitantes de la ciudad”, publicado en 1948. Más adelante, en 1955, publicó “Caracas sin agua”, texto que le ha valido tanto análisis académicos como el desarrollo del concepto “diarismo mágico” y el estudio de la hipérbole en el periodismo, por parte del costarricense Néfer Muñoz, periodista con una maestría en estudios latinoamericanos y periodismo de la Universidad de Nueva York  (UNY), y un doctorado de literatura en Harvard. De la tesis de doctorado de Muñoz, Novelando en el periódico y reporteando en la novela de América Latina (2013), provienen los argumentos desarrollados en el artículo “Las exageraciones en el periodismo de García Márquez”, publicado, el 17 de abril pasado, en la página web de la BBC Broadcasting House.

Nuevo periodismo y nuevo nuevo periodismo

El cruce entre periodismo y literatura, el género anfibio de la crónica y del periodismo narrativo en general, es habitual en el mundo de la escritura, aunque ha ido cambiando de nombre en las últimas décadas. Lo que fue el Nuevo Periodismo en el Estados Unidos de los sesenta, es hoy, de acuerdo con el editor y director del programa de periodismo de la UNY, Robert S. Boynton, el Nuevo Nuevo Periodismo. No hay nada nuevo bajo el sol pero sí es nueva, en cada época, la forma en que las generaciones abordan la realidad. Se sabe que Flaubert mismo viajó a un pueblo vecino al suyo para presenciar, en la plaza principal, el discurso de un político. Quiso registrar todos los detalles con objeto de crear una escena de ficción. Y al revés, el narrador Jack London, autor de al menos 25 novelas que escribió tres libros de non fiction, reporteó intensamente, e hizo periodismo de inmersión si se quiere, para escribir un libro sobre el East End Londres: La gente del abismo (The People of the Abyss, 1903). Allí advierte lo siguiente: “Lo que relato en este volumen me sucedió en el verano de 1902. Descendí al submundo londinense con una actitud mental semejante a la de un explorador”. En cuanto a Gabriel García Márquez, incontables testigos relatan que fue un observador riguroso de la realidad, enseñanza trasmitida, junto al señalamiento de la importancia de la ética en periodismo, en la primera época de la FNPI, a los jóvenes talleristas iberoamericanos que acudían a mejorar su oficio siendo ya periodistas en ejercicio. Durante sus cursos hablaba de contar historias reales, algo que muchos discípulos suyos, periodistas nacidos a partir de los setenta le aprendieron, y enseñan, en los múltiples talleres impartidos en América Latina y España.

Nacimiento de la Fundación Gabriel García Márquez

La FNPI nació en 1994. La fundó Gabriel García Márquez con el objetivo, hecho explícito, tanto en el discurso de arranque de actividades de 1995, como en el discurso arriba mencionado, “El mejor oficio del mundo”: “El objetivo final debería ser el retorno al sistema primario de enseñanza mediante talleres prácticos en pequeños grupos, con un aprovechamiento crítico de las experiencias históricas, y en su marco original de servicio público. […] Un grupo de periodistas independientes estamos tratando de hacerlo para toda la América Latina desde Cartagena de Indias, con un sistema de talleres experimentales e itinerantes que lleva el nombre nada modesto de Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano”. En resumen, el propósito era promover “la excelencia, la ética y la innovación en el periodismo”.

Entre otros elementos, el escritor que consideró a la crónica como “la novela de la realidad”, comentaba a sus alumnos que si él hubiera tenido su edad habría elegido la crónica como género porque, en primer lugar, la realidad es tan interesante como la ficción y, en segundo término, a ellos les estaba tocando vivir (corrían los noventa) una época particularmente llena de acontecimientos. El narrador formidable que fue García Márquez buscó dejar claros algunos principios, entre ellos lo fundamental de actuar con rigor cuando se investigan los datos fácticos. Recuperar, por ejemplo, el lugar que había perdido el reportaje, el género estrella del periodismo, mismo que habría que seguir impulsando porque es “el que requiere más tiempo, más investigación, más reflexión, y un dominio certero del arte de escribir”. Los primeros maestros —los veteranos Alma Guillermoprieto, Tomás Eloy Martínez, el propio García Márquez y, más adelante, Ryszard Kapuscinski—, se dedicarían a mostrarles los secretos del oficio mediante ejercicios prácticos para los que ya eran periodistas.

Como Jack London, García Márquez publicó, además de gran cantidad de novelas, tres libros fundamentales de reportaje: Relato de un náufrago (1970), La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile (1986) y Noticia de un secuestro (1997). El primero, escrito en primera persona después de minuciosas, larguísimas entrevistas, es la historia del marino Luis Alejandro Velasco, reconstruida por el autor detalle a detalle. Tal como narra García Márquez, ni Velasco ni él sabían que su trabajo en común destaparía una historia de contrabando y ocultamiento por parte de la Marina de guerra de Colombia, mandándolo a él al exilio y al marinero a la exclusión por parte de su gobierno.

Además de estos títulos, existe una antología de textos periodísticos de Gabriel García Márquez editada por la FNPI, que deberían ser libro de texto en las escuelas de periodismo.

Una escuela mexicana inspirada en la FNPI

A la vuelta de los años, veinte para ser exactos, la FNPI es la impulsora de un movimiento muy interesante para el periodismo actual. En México existe ya una escuela práctica de periodismo, Taller Arteluz, fundada por la periodista Blanca Juárez y la fotógraga Grace Navarro hace casi cuatro años (Navarro se dedica a otros proyectos en este momento). “Taller ARTELUZ fue planeado a mediados de 2009 en reuniones donde coincidíamos periodistas y fotógrafos con el pretexto que fuera. Siempre terminábamos hablando de que los editores se quejaban de que no había periodistas jóvenes que estuvieran bien preparados, de cómo en Colombia existía la FNPI. Algunos periodistas mexicanos contaban su experiencia en los talleres a los que habían asistido. Un día, tomando café con mi amiga fotógrafa, le comenté la idea de impartir talleres de periodismo y fotografía con el fin de que quienes tuvieran más experiencia pudieran compartirla con los jóvenes o con otros periodistas y fotógrafos. Y me dijo: creo que deberíamos hacerlo. Con el apoyo de algunos amigos, convoqué a periodistas, fotógrafos y escritores para que impartieran los primeros talleres, todos estaban dispuestos a compartir su experiencia, sólo faltaba la contraparte: ¿qué tan dispuestos estaban los periodistas a aprender de otros periodistas? Con mucho valor, con nada de dinero pero con ganas infinitas de hacerlo, en noviembre de 2009 fundamos Taller Arteluz y lanzamos la convocatoria para diez talleres de periodismo, fotografía y literatura. Los talleres iniciarían en enero de 2010. Felipe Soto Viterbo, Magali Tercero, Eduardo Antonio Parra, Gabriel Bauducco, Federico Gama, Daniel Aguilar, entre otros, fueron los primeros talleristas”, cuenta Juárez.

Después vendrían muchos otros, entre ellos los propios maestros de la FNPI, como Alberto Salcedo Ramos, Julio Villanueva Chang y Diego Fonseca, entre otros. El tema de este texto no es la situación actual del periodismo mexicano, sino Gabriel García Márquez el periodista, a quien debemos reconocer su segunda gran obra: la gran escuela práctica de periodismo encarnada en la Fundación que hoy lleva su nombre. Por supuesto, hay en México numerosos periodistas que no fueron formados en la FNPI y están haciendo excelente periodismo narrativo en otros ámbitos. Lo que es innegable es que en nuestro país se vive un boom inédito. Surgen revistas aquí y allá, leídas por jóvenes cada vez más apasionados del periodismo escrito con herramientas narrativas y sentido ético de la investigación y postura que deben vislumbrarse en sus textos. En un momento como el actual, complejo, con gran deterioro social y presencia inocultable del crimen organizado, resulta muy importante.