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¿Te quieres? Unas pistas para saber cuánto te valoras

Foto vía: El Mercurio

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Una vida insatisfactoria y la tolerancia a las descalificaciones de cualquier tipo son más comunes de lo que se cree 

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La autoestima, para la Real Academia Española, es la "valoración generalmente positiva de sí mismo". Parece un término fácil de asimilar, pero por algún motivo, en muchas personas se hace difícil adaptarlo a su propia vida, y comprender con hechos concretos qué tan alta o baja es.

Eso lo vio la psicóloga clínica Ana María Daskal en años de trabajo con pacientes. Éstos, aunque la visitaban por distintos motivos, solían repetir un patrón común, que era la poca valorización de sí mismos, llamando la atención de la terapeuta, quien decidió, en los años noventa, publicar el libro Permiso para quererme. Un abordaje a la autoestima femenina.

El texto volvió a ser editado -por Catalonia- porque, aparentemente y como explica Daskal, las mujeres continúan participando de un círculo vicioso descalificador de ellas mismas, y que las lleva a sentirse siempre insatisfechas, pese a que, supuestamente, lo tengan todo.

Una familia constituida, un trabajo estable, salud y un hogar feliz no sirven para alcanzar la plenitud femenina si la autoestima no está acorde a lo que cada ser humano merece. Pero, ¿cómo saber si la autovaloración es muy baja? Hay algunas pistas en el día a día que sirven para constatar cuánto amor propio hay.

La autoestima suele ser baja, según la psicóloga, si:

1. Existe una calidad de vida insatisfactoria. Esto quiere decir, la vivencia día tras día de malestares que son enfrentados con resignación, creyendo que no se puede aspirar a algo mejor, que es lo que hay.

Aquí, la psicóloga enumera varios ejemplos oídos de pacientes, como que la sexualidad pasa a ser un "trabajo" más del día -después de lavar los platos y terminar de ordenar la casa-, o que los hijos y el marido se transforman en personas dependientes de ella, para todo lo que tenga que ver con temas domésticos, pasando por alto que la madre también tiene una vida y un trabajo fuera del hogar.

2. Hay tolerancia a las descalificaciones, faltas de respeto, maltratos de distintos tipos (físicos, afectivos, laborales, económicos, legales). Es una forma de sometimiento.

"Aceptar la descalificación, tolerarla e identificarse con ella, es una de las maneras cómo las mujeres reafirman el supuesto de que son otros los que las perciben tal como son y que ellas son quienes están en falta", explica la autora.

Ejemplos hay varios, desde los más evidentes y violentos, hasta el clásico marido que cambia de canal en la televisión, sin siquiera preguntarle a su pareja si le interesa lo que está viendo.

Aquí influye también sentirse la última en la lista de prioridades familiares, dice Daskal, como si la propia opinión valiera menos que el resto. Esto suele traer como consecuencia decir que sí, cuando se quiere decir que no, y sentirse reiteradamente pasada a llevar.

Por otro lado, cuando la valoración de sí misma es baja, explica la psicóloga que no es extraño que exista una idealización del resto. Es decir, la creencia de que la pareja u otra/o amiga/o hacen algo mejor que una. Por esto, en presencia de ellos, dejan en ese individuo la responsabilidad de tomar decisiones o hacer tareas para las que no se cree que se tengan las capacidades.

3. Descuidarse (aspecto, salud, deseos): "Yo puedo esperar", es una frase típica de la mujer que vive pendiente de la salud de los demás, pasando por alto las necesidades de su propio cuerpo. Lamentablemente, puede pasar que cuando decida por fin realizarse los chequeos médicos que necesita, su físico se lo cobre.

Entre los ejemplos, también se ve el tipo de mujeres que cuidan lo ajeno como si fuera oro; a diferencia de sus propias cosas -cuerpo o artículos-, que parecieran no importar tanto como las del resto.

4. Se suele mantener una relación con evidente desafecto y maltrato: "Quienes pese a recibir patadas, puñetazos, cachetadas (…) insultos, amenazas, gritos, humillaciones, desprecios, órdenes, ocultamiento de ganancias, acusaciones, saboteos de cumpleaños o fiestas navideñas, impedimentos para que estudie y/o trabaje, y no obstante mantienen esa relación, nos están diciendo que hay un aspecto muy importante de sí mismas que cree firmemente que hay razones para que ellas no se merezcan vivir mejor", explica Daskal.

Los mismos patrones se presentan en madres, hermanas o parejas de alcohólicos y drogadictos que sienten que por priorizar su propio bienestar (físico u psicológico) están siendo egoístas con el sujeto enfermo.

5. Referirse a sí misma de manera descalificadora: Ejemplos hay varios, desde la típica frase "soy una gorda" a "soy incapaz de…", "el dinero que gano es para darme gustitos, no es mucho…" y "me merezco lo que me pasa", cuando es algo negativo. Esto, a su vez, explica la dificultad que se tiene de recibir elogios de cualquier tipo.

"Las autovaloraciones negativas ni siquiera son registradas como baja autoestima, sino como algo que naturalmente es así", destaca la psicóloga, de un tipo de conducta que es común de ver en muchas mujeres y que se suma a las calificaciones que se hacen del propio género, generalizando a las mujeres como envidiosas, competitivas o traidoras.

"Las personas, flacas o gordas, altas o bajas, pobres o ricas, inteligentes o tontas, mujeres o varones, nos merecemos respeto, cariño, atención, cuidado, protección, valoración positiva", dice Daskal, tal vez asegurando algo que parece obvio pero que muchos pasan por alto.

Entre los consejos que da la psicóloga para comenzar a mejorar la autoestima, está el revisar las potencialidades y talentos propios. Escuchar esas corazonadas que a veces piden un cambio, y confiar en las capacidades para llegar a una meta propuesta.

Otra pequeña ayuda es tratar de ver las cosas a distancia; no aceptar las calificaciones que hace el resto de  una manera absoluta, sino cuestionarlas, tomando en cuenta la vida y las inseguridades de la gente que las emite.