• Caracas (Venezuela)

GDA

Al instante

Los pobres que no aparecen en las estadísticas

La principal causa de la malnutrición es la pobreza / Foto FVF

Pobreza / Foto FVF

En América Latina y el Caribe 40,5% de niños, niñas y adolescentes tienen acceso limitado o nulo a educación, nutrición, saneamiento, vivienda, agua o información. Para las estadísticas que miden su calidad de vida solo por ingresos, no todos ellos son pobres. Entre 2000 y 2011 todos los países de la región se esforzaron por disminuir estas privaciones, aunque queda mucho por hacer

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Era mediodía, pero las sombras cubrían toda la habitación. Bajo el techo de maderos y plásticos no parecía haber más que montículos de carbón que superaban el metro de altura, pero de esa oscuridad surgió un niño con la ropa y las mejillas cubiertas de hollín. Su nombre es Luis, y a los 12 años de edad pasa las mañanas trozando y embolsando carbón para venderlo en los mercados. Era mediodía y no estaba en la escuela; la dejó hace dos años porque debía ayudar económicamente a su tía, que lo mantiene en una casa alquilada al sur de Lima, Perú.

El Instituto Nacional de Estadística (INEI) de este país considera que  Luis, sus tíos y dos primos no son pobres. Al mes esta familia gana 1.450 soles (500 dólares) trabajando en el sector construcción y en la venta de carbón y verduras, por lo que sus ingresos superan el tope de 1.420 soles (450 dólares) fijado en el concepto de pobreza monetaria para considerar a una familia pobre o de clase media. Cálculo que coincide con los 18,1 dólares que el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, calcula que gana al día una familia pobre.

Luis no solo está privado de estudiar, tampoco tiene documento de identidad ni seguro médico; y su casa, de material precario, carece de desagüe. La tercera parte de lo que gana la familia se va en el pago de alquiler y el padre despilfarra parte de sus ingresos en alcohol. Eso no aparece en las estadísticas.

Para mejorar el desarrollo infantil, Unicef viene impulsando el cambio del concepto tradicional de pobreza por otro de enfoque multidimensional, que no se limite a la insuficiencia de ingresos e incluya el acceso a nutrición, salud, agua y saneamiento, protección, vivienda, educación e información. Así, los que padecen pobreza extrema son aquellos que viven con más de dos privaciones o si una de ellas es muy grave. Esta nueva visión se basa en las metas de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño, suscrita por 193 países y que este mes cumple 25 años.

“El cálculo monetario para definir los niveles de pobreza en una población no abarca todas las privaciones que sufren los niños. Su carencia puede estar relacionada con la zona donde viven, donde no hay servicios básicos o escuelas, y eso no se compra con lo estipulado en la canasta familiar”, explica el director de la organización Equidad para la Infancia en América Latina, Alberto Minujin, durante su reciente visita a Lima para el III Encuentro Nacional para la Primera Infancia.

Bajo este nuevo enfoque, en América Latina y el Caribe 40,5% de niños, niñas y adolescentes son pobres según las encuestas de hogares realizadas por cada país y procesadas por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe,  Cepal. Es decir, 70,5 millones de menores de 18 años tienen acceso limitado o nulo a educación, nutrición, saneamiento, vivienda, agua o información; y 28,3 millones de ellos sufren de estas privaciones de forma severa y se les considera en pobreza extrema.

A eso hay que sumar otro factor invisible para las estadísticas tradicionales y los programas de inversión social: la inequidad en las condiciones de vida que afronta la niñez. La riqueza del hogar, su ubicación en el área rural o urbana, el género o el origen étnico de los niños también acentúa sus privaciones, por lo que no es casualidad que la pobreza multidimensional afecte a 63,3% de la población infantil indígena frente a 43,3% de los menores no indígenas.

¿Cómo vamos?  Luis ha sido captado por el programa Educadores de la Calle, creado en Perú por el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables para concientizar a los padres para que los menores no dejen la escuela. “Nos han explicado la importancia de que Luis no falte a clases y vendrán a supervisar sus avances”, cuenta la tía del menor de edad.

Alexandro Saco, coordinador nacional de la asociación civil Forosalud, dice: “Si habláramos de pobreza monetaria los programas de salud solo se dirigirían a pobres extremos y se dejaría una franja grande sin atender, que son los presuntos no pobres”. La Municipalidad de Lima, por ejemplo, ha trabajado por identificar los índices de anemia en la capital y ha encontrado que de 7.680 menores de edad de 0 a 3 años,  34% la padece. No hay que ir a las zonas rurales para encontrar esta realidad, dice. 

Saco refiere que la pobreza deja dos marcas imborrables en el desarrollo de un niño: la anemia y la desnutrición, que conllevan a un déficit en su crecimiento físico y cognitivo, lo que los pondrá en desventaja en su futuro académico. “Otro problema que deriva de la pobreza y aún no se ha superado en América Latina es la mortalidad infantil, que se ataca reduciendo la barrera de acceso a los servicios de salud y con programas de asistencia y guía que acompañen a la madre y al niño durante sus primeros meses de vida”, agrega.

Esfuerzo regional. Estudios de la Cepal entre 2000 y 2011muestran que todos los países de la región se esforzaron en disminuir las privaciones que miden la intensidad de la pobreza que afecta a los niños, niñas y adolescentes a lo largo de su desarrollo. Sobre todo las relacionadas con  salud, primera infancia y educación.

Por ejemplo, desde 2005 en Argentina se desarrolla el Plan Nacer, que prevé apoyo médico a embarazadas y recién nacidos, además de capacitación a los padres en la alimentación y crianza del bebé. Mientras que Chile, a través de su programa Chile Crece Contigo, ha creado una red de apoyo para la madre y el recién nacido hasta los 5 años de edad.

Los programas alimenticios de asistencia condicionada como Oportunidades, en México; Bonos Familiares para la Compra de Alimentos, en Panamá, y Tekoporá, en Paraguay, también se extendieron en la región y han generado un cambio positivo en los hábitos alimenticios de estas familias.


Presupuesto y estadísticas. Aunque aún críticas, las cifras de pobreza infantil en América Latina y el Caribe son 14% más bajas que las registradas hace 10 años. En el mismo lapso la pobreza extrema bajó 10% y se redujo de 41,2% a 27,9% los casos de niños, niñas y adolescentes que están privados gravemente de más de un derecho básico.

David es ajeno a esas estadísticas. Tiene 9 años de edad y ofrece caramelos a los transeúntes del Centro Histórico de Lima. En la acera del frente dos niños más pequeños también venden golosinas para una mujer que finge ser su madre y no deja que conversen con ellos. “La mamá de ellos es otra que vende en un mercado. Los deja tempranito con esa señora para que ganen algo de plata y luego se los llevan”, cuenta David.

—¿Y tú?
—Yo sí ayudo a mi mamá. Consigo diez soles (3,3 dólares) y con eso comemos.

El informe Panorama Social de América Latina, elaborado por Cepal y Naciones Unidas, indica que los avances más importantes en la última década estuvieron en Perú, pues allí  la reducción de la pobreza fue de 25% hasta 2011. Aun así, 62,6% de los menores de edad, como David, siguen en condición de pobreza multidimensional.

Las cifras reflejan varias realidades en cada país: en Argentina la pobreza retrocedió en menos de 5%, pero los niños que la padecen son 24,3%. La otra cara de la moneda es Guatemala, que mantiene a casi 80% de sus niños en esta situación y se ha convertido en el país con la incidencia más grave en la región, seguido muy de cerca por El Salvador (79%), Nicaragua (78,6%) y Bolivia (71,4%). En el lado opuesto están Chile (15,7%) y Uruguay (17,4%).

Medir la reducción de la pobreza es complejo si, primero, no se tiene claro cuánto invierten los países en sus niños. El informe Gasto Público Dirigido a la Niñez, elaborado por Cepal y Unicef, calcula que los gobiernos invierten 4,06% del producto interno bruto, pero los datos se basan en estadísticas gubernamentales desfasadas y no comparables entre sí. No obstante,  son las únicas que existen. Costa Rica, por ejemplo, tiene reportes hasta 1999 y Guatemala hasta 2012.

La falta de parámetros estandarizados para medir el gasto público y la inversión que se hace en la infancia es, pues, otra barrera por afrontar en los próximos años.

Batalla contra la contaminación
La Nación
/Argentina

Una dramática síntesis del drama de la extrema pobreza y los problemas de salud se da en Argentina en la llamada Villa Inflamable, cercana al Polo Petroquímico de Dock Sud, partido de Avellaneda, en el conurbano bonaerense, donde se libra una batalla cotidiana contra la contaminación.

Allí, Jasmín, de 4 años de edad, y Lucila Galeano, de  5 años, caminan descalzas por el barro y los charcos que rodean su casa de la villa, ante la mirada de su hermana mayor, Florencia, de  17 años de edad. Allí, en las orillas del Riachuelo sobreviven junto con su grupo familiar de 15 personas en construcciones precarias, y sumamente inestables. Galeano, que acaba de tener una bebé hace unos meses, dejó en primer año la secundaria, y hace poco comenzó  los trámites para poder cobrar la Asignación Universal por Hijo.

“Nos queremos ir cuanto antes”, afirma. Añade que a los niños del lugar  “les salen granos por la tierra”, y que cuando  se inunda el pantano la casa se llena de agua en descomposición, que  afecta la piel de quienes habitan en ella. “Cuando sale humo de las antorchas de las fábricas sentimos un olor feo a azufre. La mayoría de la gente se quiere ir, pero a nosotros no nos vino a ver nadie para hablar del tema”, dice Florencia.

Un reciente estudio realizado por la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia indica que en la villa –entidad que trabaja codo a codo con las familias de la zona para mejorar su calidad de vida y coordinar  el proceso de relocalización– 14,1% de la población tiene sus necesidades básicas insatisfechas, y 49% de los hogares tiene por lo menos un miembro de la familia con problemas de salud potencial o comprobadamente asociados a condiciones ambientales. De ese universo, 81% cree que esos problemas están vinculados con la contaminación.

“Abogamos por la inversión en la primera infancia”
Joaquín Gonzalez-Alemán es el consejero regional en políticas sociales en la oficina regional de Unicef para América Latina y el Caribe, con sede en Panamá,  desde noviembre 2013. De origen español, antes de llegar a la región trabajó cinco años como jefe de Políticas, Planificación y Evaluación en la Oficina de Unicef en la India. También laboró en la Oficina del Coordinador Residente en Vietnam, país piloto de la reforma de Naciones Unidas conocida como Unidos en la Accion/Delivering as One’y en la Oficina de Evaluación de Unicef en su sede de Nueva York, donde llevó a cabo evaluaciones estratégicas de los programas de cooperación.

—¿Se está midiendo la inversión en la infancia?
—Tenemos un creciente uso del presupuesto por resultados, pero es necesario vigilar la calidad del gasto. Los países han mejorado en los últimos años, han invertido más en lo social, pero deberían hacerlo mejor para evitar casos de corrupción y la poca transparencia en el gasto público. Esa es una aspiración de la Convención Sobre los Derechos del Niño.

—¿Los gobiernos aún no se atreven a enfrentar este problema?
—No nos damos cuenta aún de que la infancia es un momento muy importante de la vida, si no se corrigen o se atienden sus vulnerabilidades puede ser irreversible. En el tema de la nutrición, por ejemplo, un niño que no ha tenido acceso a nutrientes va a tener problemas para estudiar, trabajar; puede ser irrecuperable su situación desde el punto de vista cognitivo. Nos encontramos a niños que salen de la escuela y no vuelven más, y tendremos así más analfabetas que no podrán contribuir a la riqueza ni al capital humano del país.

—El daño es cíclico…
—Exactamente. La inversión en la infancia es el momento más productivo en el ciclo de la vida de una persona, porque es más caro alfabetizar a un adulto que escolarizar a un niño. Invertir más temprano es mejor. Nosotros abogamos por la inversión de 0 a 8 años, una etapa crucial para su desarrollo cognitivo, nutricional, psicosocial, afectivo. La buena alimentación, la estimulación dentro y fuera del colegio son inversiones que a la larga se revierten en la propia sociedad.

—¿Cuál ha sido el resultado de estas transferencias en América Latina?
—América Latina ha sido el pionero para esas transferencias condicionadas. Es lo que llamamos transferencia condicionada: los padres cumplen su papel y reciben una compensación por eso. Brasil con Bolsa familia, México con Oportunidades son programas que empezaron hace una década y están dando buenos resultados en la reducción de la pobreza y hay un afán por hacerlos más eficientes.

—La protección social para la niñez y adolescencia se basa en transferencias sociales, acceso a servicios sociales y de apoyo, y legislación para la equidad. ¿Cómo hacer para que este objetivo trascienda a los gobiernos de turno?
—Primero tenemos que darnos cuenta de que los sistemas de protección social son eso, sistemas, no programas. Y van a través del ciclo de vida del individuo, desde la alimentación en la primera infancia, hasta la atención a adolescentes embarazadas con programas de inserción escolar para que no pierdan su educación, las sesiones y cuidados obstétricos para que den a luz a niños sanos. Se trata de que estos programas estén articulados entre sí y que los ministerios que los tienen a su cargo los conozcan y trasciendan más allá del período para el que fueron elegidos.

 

 

DATOS

  • En la región, IIPE/Unesco, la OEI y Unicef  llevan a cabo una iniciativa para desarrollar una metodología para medir la inversión social en la primera infancia. En esta participan las oficinas de Argentina, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Perú. 

 

  • El estudio “El impacto de las políticas sociales sobre la infancia en América”, de 2014, muestra que 92% de niños en la región son inscritos al nacer. Asimismo, el gasto en salud en la región se duplicó entre 1990 y 2010 y alcanza ahora 4,9%, aunque estamos por debajo de 7,4% que registran Norteamérica y países de Europa. El gasto en educación también aumentó y llega hoy también a 4,9%.

 

  • Nueve de 22 países en desarrollo (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Jamaica, México y Perú) han tenido avances importantes en el acceso gratuito a atención médica entre 2000 y  2011.

 

Se cumplen 25 años de la Convención
Este año se celebra el 25° Aniversario de la Convención de los Derechos del niño, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989. Se trata del instrumento internacional más ratificado en el ámbito mundial y un hito para la vida de todos los niños, niñas y adolescentes, pues marcó el inicio de una nueva era centrada en su bienestar y necesidades.

La Convención establece derechos para todas las personas menores de 18 años de edad, independientemente de su etnia, religión, género, origen social o cualquier otra  condición y es considerada la declaración más completa de los derechos del niño que jamás se haya realizado.

En ella se incluyen estándares mínimos relacionados con la supervivencia, el desarrollo, la protección, la no discriminación y la participación; e incorpora el principio del interés superior del niño, entendido como una consideración primordial al tomar decisiones que les afecten y que deben primar para garantizar un desarrollo integral y una vida digna.