Aída y su esposo Manuel, ambos criadores residentes en Valladolid, decidieron lavar a los perros imaginando que solo estaban sucios. Pero el color nunca se disolvió.

Un cachorro falleció al poco tiempo, al notar que el sobreviviente era más débil que el resto, Vallelado decidió llevarlo a un centro veterinario para que estudien el caso. Sin embargo, los veterinarios no pudieron brindarles respuestas claras. 

Cuando consultaron con expertos de la Facultad de Veterinaria de Madrid de la Universidad Complutense, la única respuesta que obtuvieron fue "no existe ningún caso parecido en la bibliografía veterinaria en España". 

Actualmente, el perro está siendo sometido a pruebas de virus y bacterias para determinar el origen de su insólito colorido, el cual ha ido perdiendo con el paso de los días.