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El perro Simón y su vida en silla de ruedas

Simón | Foto: Cortesía

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Tiene una fisura en la columna, su pelvis y cadera están partidas. Perdió la movilidad de sus patas traseras, por un carro que lo atropelló. Pero Simón camina, corre, juega y vive como un perro normal.

Una silla de ruedas hecha de metal, velcro y espuma le permite salir al parque, buscar comida o agua y ‘pegar carrera’ hacia las ventanas de su casa, en el norte de Bogotá, para ladrar cuando escucha ruido. 

Atrás deja su estado de indefensión de cuando está recostado en el suelo intentado arrastrarse para realizar cualquier movimiento. Sale a la luz el Simón hiperactivo, alegre, juguetón y, sobre todo, guerrero. El mismo que sobrevivió 10 días en la calle, sin atención veterinaria, tras ser atropellado, en abril del 2015, en Tabio (Cundinamarca), donde vivía en una casa de campo.

‘Guerrero’. Precisamente así fue bautizado al principio cuando un grupo de jóvenes lo halló y lo llevó a la fundación Tepa, en el mismo municipio. Allí le curaron las heridas de la cara, el cuerpo y las patas y lo estabilizaron. Lo salvaron.

Necesitaba una costosa cirugía que no se hizo por falta de recursos. Sin embargo, 'Simón' sobrevivió y salió adelante. Los encargados de la organización, que acogen a más de 100 perros, le consiguieron la silla de ruedas a través de una donación y desde ese momento comenzó a disfrutar de la nueva oportunidad que le daba la vida.

Sus días empezaron a cambiar rápidamente. Tres meses después, en una jornada de adopción, en un parque en la calle 118 con carrera 9.ª, conoció a María Isabel Arango, quien se convertiría en su fiel cuidadora. “Seguramente él solo salía a pasear porque es difícil que alguien se lleve un perro así, pero lo vi y decidí con mi hijo que iba a adoptarlo. La verdadera ternura la encontré en Simón, veo un bebé y me lo recuerda. Todo lo que le mueve a uno hasta el más mínimo sentimiento es Simón”, contó.

Aunque al principio fue difícil curar sus heridas porque se le infectaban cuando se arrastraba por el suelo, ella dice que acoplarse a las necesidades de Simón es más sencillo de lo que pensó.

“Es más tranquilo que cualquier otro perro. Le fascina mirar por la ventana y está con la silla de ruedas por lo menos cuatro horas al día porque necesita hacer ejercicio. Sí hay que ayudarle un poco, por su discapacidad, pero de salud y ánimo está perfecto”, dijo.

El doctor Mauricio Ortega, veterinario del cuadrúpedo, afirma que tiene una expectativa de vida larga. “Calculamos que pueda tener 2 o 3 años de edad.Afortunadamente hay gente que se puede encargar de este tipo de perros y darles calidad de vida porque también tienen derecho a tenerla. A Simón se le ve la felicidad cuando llegan sus amos o cuando va a salir a pasear: le brilla la carita”, dijo el veterinario.

“Su caso es irreversible, porque la lesión de la columna es complicada, pero ha mejorado. No puede orinar por su cuenta, por eso les enseñé a sus dueños cómo desocupar la vejiga varias veces al día y ahora ya no tiene que usar pañal”, comentó Ortega.

Todos los días, María Isabel le ayuda con ejercicios en sus patas. También usa una especie de sleeping para arrastrarse cuando no está en su silla de ruedas, para que no se lastime las heridas. Juega con el otro perro de la casa, Ades, casi nunca está quieto y durante el paseo diario demuestra que en su vida no hay límites ni restricciones y que mientras pueda seguir corriendo su proceso de recuperación continuará avanzando.