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Los peligros del despecho

Por lo general, se “está en baja” cuando tu pareja te deja por otra o cuando te dice que necesita tiempo para evaluar la relación/ Foto. GDA

Por lo general, se “está en baja” cuando tu pareja te deja por otra o cuando te dice que necesita tiempo para evaluar la relación/ Foto. GDA

Cuando te dejan por otro o te dicen que necesitan tiempo para evaluar la relación

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Infinidad de ocasiones se han preguntado cómo como se han involucrado con tal o cual persona cuando ni siquiera tienen en común el tomar agua. Sucede y más a menudo de lo que hubiera pensado. La sensación no es nada agradable. Darse cuenta que la ecuación básica de las relaciones, me refiero al 1+1=2, no se aplica a esa persona. Nunca el resultado es dos. Nada es concreto, todo es ambiguo, dudoso, aburrido… Entonces, cuando una se da tiempo para pensar, para tratar de entender qué pasó, por qué caí en esa relación, es cuando aflora la célebre frase “me cogió en baja”. 

Hay que tener con ese peligroso estado de ánimo que lleva a cometer las mayores imprudencias de la vida. Ese dichoso “estar despechado” ha sido el causante de amanecer en lugares que no debía, de hacer promesas que no cumpliría o de llevar relaciones que de entrada sabía que no acabarían en buenos términos pero aún así me mantenía en ellas.

Y claro, cuando venía el reclamo de una amiga, agobiada por mis constantes llamadas o tristeza “jevial” -relacionada a las parejas-, o de mi santa madre, harta de mi mal humor y de mis frustraciones amorosas (siempre las madres se llevan la peor parte)  lo único que me salía  era el “me cogió en baja”. La respuesta por excelencia de mis metidas de pata en cuanto a “malas relaciones” se refiere.

Por lo general, se “está despechado” cuando tu pareja te deja por otra o cuando te dice que necesita tiempo para evaluar la relación. Entonces, una entra en esta “depre” y en ese “dolor de venas” como dice Monín, que lo que quisiera es estar durmiendo todo el día a son de frapés de Valium y valeriana. Son los días en que pareciera que las fuerzas de la naturaleza conspiran para hacerte sentir miserable. El espejo se torna cómplice de esa angustia, y la inseguridad sale a flor de piel. Son los días en que más feas nos encontramos -lo que está en la cabeza porque no deja una de ser diosa de la noche a la mañana. Pero así es la mente de malvada. 

Son los días en que los mahones se encogen y el pavochón explota y no por los síntomas de esos días del mes sino por la cantidad de Haagens Daz que se consume; la cara se brota, las “boobies” desaparecen (no sé a ustedes pero cosa rara, hay momentos en que las condenás se esconden), las ojeras negras te hacen ver como mapache, hasta la estática aparece y no hay dubi ni rolos que la controlen. En fin, que son esos días con cara de fuchi que ni las margaritas ni los poemas de Simone de Beauvoir son capaces de aliviar.

Aquí me detengo y abro un corchete porque en estos días en que “ando en baja” y por pedido de la Monín me he dedicado a darle pupila a los poemas de la escritora y filósofa francesa y a las cartas que su enamorado, el también filósofo, Jean Paul Sartre, le escribía.  Un amor único, un amor necesario, Setenta años juntos, una pareja inseparable. 

Mi querida querida niña:

Durante un largo tiempo he querido escribirte en la noche, después de una de esas salidas con amigos… Quería compartirte mi alegría de conquistador y acostarme a tus pies, como hicieron en la Era del Rey Sol. Y luego, cansado por todo el griterío, irme a la cama.

 Hoy lo hago para sentir el placer que aún no conoces, de cambiar abruptamente la amistad por amor, de fuerza a cariño. Hoy te amo de una manera que no has conocido en mí: ni estoy cansado de los viajes ni estoy envuelto en deseo por tu presencia. Estoy dominando mi amor por ti y tornándolo hacia adentro en un elemento constitutivo de mi ser. Esto sucede mucho más seguido de lo que lo admito ante ti, pero rara vez  cuando te escribo. Intenta entenderme: te amo mientras pongo atención a las cosas externas… Hoy te amo en una tarde de verano. Te amo con la ventana abierta. Eres mía, y las cosas son mías, y mi amor cambia las cosas a mi alrededor y las cosas cambian mi amor.  

Cerrado el corchete.

 Vuelvo al tema que nos ocupa. En estos días “ando en baja”. Sí, por culpa de un desamor, de un amor que no se cocinó bien en el horno y cual soufflé se desinfló. Le tengo terror a estos días. Como decía aquel icónico anuncio del siglo pasado… “La soledad duele…”. Y es entonces cuando “esa baja” te nubla el entendimiento y aceptas la salida del hombre que se la pasa hablando de la mujer que lo dejó y enseñándote las fotos de ella, o del que no tiene ningunas atenciones contigo aún sea el día de tu cumpleaños, o del “Carlomagno” que solo habla de él y de sus conquistas…

 Sigo en baja pero esta vez no bailaré con el más feo ni me iré de cena con ningún pescuezo, esta vez me quedó en casa con la divina prosa de  Simone… Ciao!